Rrrrr, Rrrrrr, Rrrrrrr

lunes, 10 de febrero de 2014

¿Volamos?



Decía yo esta mañana cuando me levanté si no se me habría volado algo. Me asomé por la ventana a oscuras y me pareció seguir viendo en pie la farolilla e incluso el pruno del jardín. Parece que todo está en orden, me he dicho, aunque puede que los desperfectos los vea cuando vuelva. Con lo que ha zumbado y sigue zumbando el viento por el centro de la península, probablemente algo encontraré que no esté en su sitio. Lo mismo hasta la casa ha empezado a subir con los gatos dentro cuando nos hemos ido y está allá por el Levante mismamente.

Da hoy la sensación de que si levantas los brazos te puedes poner a planear por encima de los edificios, cosa que por otro lado me gustaría, no por ser deporte de riesgo sino por ver todo desde allí arriba.

El día, antes de amanecer estaba totalmente despejado. Como para no estarlo, si las nubes no sé muy bien dónde habrían ido a parar… Aunque claro, con tantísimo viento, unas se fueron pero otras llegaron. El cielo está blanco ahora mismo y la sensación de rasca pelona es de bigotes.

Miedo me da salir a la calle, no ya por echar a volar, sino por si algo vuela y me cae encima. Hoy es día de no moverse, de coger una mantita y echártela por encima y sillón ball total.

Sabía que las casas las hacen como de papel, que las paredes escuchan y de paso te traen a ti lo que han oído por si quieras o no te apetece enterarte, pero es que igual de maravillosamente están puestas las ventanas. Lo que entra por la junta de las cuerdas de las persianas no tiene nombre tampoco. Colocas pegadito a ello un chorizo a orear y lo tienes para trincártelo en un santiamén.

Primero fue Dirk, luego Okka, después vino Petra, apareció después Qumaira; se fue ésta y llegó Ruth para a su ida dar paso a Stephanie, que manda huevos que hasta las borrascas tengan nombres. Sus partidas de bautismo se gestionan desde la Universidad Libre de Berlín. Pero es que resulta que hasta se las puede apadrinar, que ya son ganas de pagar entre 199 y 299 euros por ser el padrino o la madrina de algo con tan mala leche como las borrascas. Lo mismo queda estupendo apadrinar algo así y que te den un certificado con la fecha de nacimiento de tu fenómeno atmosférico apadrinado y la historia de su vida. Y luego vas y le pones un marquito y lo cuelgas junto al cuadro de la foto de tu boda o de los niños en el parque de atracciones y te cagas lo rebién que queda.


2 comentarios:

María dijo...

Yo me puse de muy mala leche cuando le pusieron mi nombre a una borrasca, manda narices, oye... ¡¡jajaja!!

marisa moreno dijo...

Jajajajaja!!!! Eso es que eres como un terremotoooooo.
Guapaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

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