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martes, 15 de febrero de 2011

El viaje de la vida

La vida no es más que un viaje por tren: repleto de embarques y desembarques, salpicado de accidentes, sorpresas agradables en algunos embarques, y profundas tristezas en otros.
Al nacer, nos subimos al tren y nos encontramos con algunas personas que creemos que siempre estarán con nosotros en este viaje. Lamentablemente la verdad es otra. Se bajarán en alguna estación dejándonos huérfanos de su cariño, amistad y su compañía irreemplazable. No obstante, esto no impide que se suban otras personas que nos serán muy especiales.
Llegan nuestros hermanos, nuestros amigos y nuestros maravillosos amores. De las personas que toman este tren, habrá los que lo hagan como un simple paseo, otros que encontrarán solamente tristeza en el viaje, y habrá otros que circulando por el tren, estarán siempre listos para ayudar a quien lo necesite.

Muchos, al bajar, dejan una añoranza permanente; otros pasan tan desapercibidos que ni siquiera nos damos cuenta que se levantaron de su asiento.

Es curioso constatar que algunos pasajeros, los que nos son tan queridos, se acomodan en vagones distintos al nuestro. Por lo tanto, se nos obliga a hacer el trayecto separados de ellos. Desde luego, no se nos impide que durante el viaje, recorramos con dificultad nuestro vagón y lleguemos a ellos, pero lamentablemente, ya no podremos sentarnos a su lado pues habrá otra persona ocupando el asiento. No importa, el viaje se hace de este modo: lleno de desafíos, sueños, fantasías, esperas y despedidas... pero jamás regresos.

Entonces, hagamos este viaje de la mejor manera posible. Tratemos de relacionarnos bien con todos los pasajeros, buscando en cada uno lo que tengan de mejor.

El gran misterio es que no sabremos jamás en qué estación bajaremos, y mucho menos donde bajarán nuestros compañeros, ni tan siquiera el que tenemos sentado al lado nuestro.

Cuando baje del tren, sentiré nostalgia. Separarme de algunos compañeros de viaje será doloroso. Dejar a que mis hijas sigan solas será muy triste. Pero me aferro a la esperanza de que, en algún momento, llegaré a la estación principal y tendré la gran emoción de verlas llegar con un equipaje que no tenían cuando embarcaron. Lo que me hará feliz será pensar que colaboré para que su equipaje creciera y se hiciera más valioso.

Hagamos que nuestra estancia en este tren sea tranquila, que haya valido la pena. Hagamos lo necesario para que cuando llegue el momento de desembarcar, nuestro asiento vacío, deje un buen recuerdo a los que en el viaje permanezcan.

5 comentarios:

uxue dijo...

Muy buen escrito este tren de la vida.
Es un reflejo de la realidad misma.
Cuesta desprenderse de aquello que tanto ha significado para nosotros durante tanto tiempo, de la gente que nos deja, porque esa gente tiene que seguir su camino sola, deben realizar su propio viaje con nuevos pasajeros y nuevas ilusiones.

Es ley de vida y como bien pusiste:

"Lo que me hará feliz será pensar que colaboré para que su equipaje creciera y se hiciera más valioso."

Un besote guapa...agur

Marmopi dijo...

Así es, Uxue. Estamos aquí de paso, vagando cada uno en lo que le toca en suerte y con los acompañantes de viaje propios de cada cual. Y lo importante es eso, saber quién nos acompañó en nuestro viaje y a quién les tocó llevarnos de acompañantes. E intentar hacerles felices dentro de nuestras posibilidades.
Un abrazo, compañera de viaje :-)

eduardo dijo...

Corazón, a mi me paso algo parecido en un tren, mi enano de 1,86 y yo estábamos de viaje y muy serio me dice padre tenemos que hablar...yo que soy un poco aprensivo enseguida me dije, la jodimos a ver que ha hecho la criatura...Despues de un rato de charla y unas pocas lágrimas, me dije, esta es tu parada este ya viaja solo...
Aún asi el tren sigue pasando por nuestra estación cada poco y me subo para conversar con el enano que dejó de ser enano..

Un beso, leer esto y recordar algunas cosas me han sacado las lagrimillas..Joder que numerazo estoy dando en el curro..

Marmopi dijo...

No me llores tú, Eduardo, y menos en el currelo, que das la nota a la mínima.

Vuelve a quedarte poco para sentarte al lado de tu hijo en vuestro viajito juntos. Disfrútalo muy mucho, que los viajes cada vez se nos hacen más cortos y más difíciles, entre mareos y caminos que a veces son tortuosos y llenos de curvas. Con el cinturón puesto todo se hará mucho más leve y placentero. Y si encima el viaje lo haces con tu pequeño de 1,86, mejor que mejor. Buen viaje!!!!
Y un besote!!!!

Lara dijo...

Bonito viaje. Real y soñado. Todos,en mayor o menor medida, vamos haciendo y deshaciendo viajes y equipajes. Cuando creemos haber llegado, siempre hay otra estación esperándonos. Otros viajeros que conocer, algunos de los que despedirnos...

Lo importante es subirse al tren, vaya donde vaya, porque en definitiva, lo que importa, es llegar.

Besos guapa.

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