Rrrrr, Rrrrrr, Rrrrrrr

lunes, 3 de junio de 2013

Cuestión de acostumbrarme

A veces la vida se quiere despedir de nosotros y no nos damos ninguna cuenta. Sabemos que no estamos bien pero ni por un momento se nos pasa por la cabeza que lo mismo es que vamos llegando a nuestro fin. Incluso, cuando por un familiar viejito me está tocando ver esto que os cuento, yo, que soy consciente de lo que está pasándole, sé que él ni lo barrunta.

Las enfermedades avanzan, llegando a corroer nuestros cuerpos por dentro; sé que él sabe que lo que tiene no es bueno, pero pregunta cuándo saldrá del hospital, si estará todavía allí por largo tiempo. No sabe, pues a él nadie se lo ha dicho, que probablemente no vuelva ya a casa; tiene menos dolores y con eso se conforma. Sufre menos, claro, por lo que se le puede hacer raro pensar que la cosa irá para largo. Y yo no puedo decirle lo que sé; se me hace durísimo y no lo voy a hacer. Una cosa es que uno sepa que la vida se va yendo poco a poco y otra es que alguien te lo suelte como un jarro de agua y eso incluso influya más en tu estado de salud.

El tema de la muerte es algo que siempre suelo rehuir. Le temo más que a un “nublao”, aunque supongo que tendré que ir haciéndome a la idea de que no hay más vuelta, de que es lo que hay por mucho miedo que yo le tenga. Ya, por lógica, me ha tocado vivirla (qué raro suena lo de vivir la muerte) con gente muy cercana, pero sigo sin aceptar la idea. No sé si soy un bicho raro o si lo que me pasa a mí les sucede a más personas. Espero que sí y que no sea yo la única a la que le aterroriza pensar en ella.

Y en esas estamos, a la espera de que quiera venir vestida, ya no con su guadaña, que da pavor, sino guapa, elegante y amable, a buscar a mi tío y llevárselo con ella. Mientras tanto, mientras viene o no, espero ir acostumbrándome a que, sobre todas las cosas, existe y de momento parece ser que es de lo poco que nos va a durar.



6 comentarios:

manulondra dijo...

Al leer tu historia -y espero que tu viejito haga una transición dulce y en paz- se me vienen esos pasajes del Don Juan de Castaneda que viene a decir que la muerte nos acompaña desde que nacemos, está ahí siempre a un palmo de nosotros acechándonos y aguardando darnos su "toque" final. En términos absolutos diría que morimos "cuando queremos" o damos por terminada nuestra "misión" aquí. Entonces, la última prueba del poder que hemos adquirido en la lucha por la vida es enfrentarnos a la muerte y decirle: "ya puedes tocarme".

Un abrazo.

marisa moreno dijo...

Me está costando un triunfo saber que pasará lo que tiene que pasar. No me he visto nunca en la tesitura de hacerme yo sola cargo de algo así, pues no tiene a nadie más que a mí. Y se me hace de un cuesta arriba que no te haces idea, más cuando él no piensa que esté como para irse en no mucho tiempo.
Ays, qué difícil se nos ponen las cosas a veces.
Recibe un beso de mi parte. Espero estar en mejores condiciones en no mucho tiempo, aunque me va a costar.

Carmen dijo...

La muerte es esa inseparable eterna en nuestras vidas; como el miedo y la duda...Solo decirte que cuando alguien querido se va, nos queda por siempre el recuerdo de lo que fuimos a su lado y ellos con nosotros.

Ánimo, porque lo bueno que sientes por él nunca morirá.

Un abrazo enorme.

marisa moreno dijo...

Hola, Carmen. Lo sé, pero esa sensación de saber que no puedo hacer nada me corroe. Me pasó con mi padre hace ya muchos años y sigo sintiéndome fatal. El título de la entrada creo que no es cierto. No me voy a acostumbrar por mucho que me encabezone.
Un beso muy grande y gracias

Silvia dijo...

Mujer bella y magnífica :)
Cuando no se puede hacer más llega la dulce rendición.
Las "cosas de la personalidad" van por un lado, el ser que sabe emana de lo profundo... Y lo que se agradece es un acompañamiento amoroso, que es lo que das tú. La apariencia puede guardar diversas formas, con aparente lucha, palabras, necesidad de aferrarse... no importa... entender en la medida que se puede el proceso, el tránsito, y lo que viví es que lo que cuenta es el tacto amoroso.
Tuve la suerte de vivirlo con una mujer tan consciente, tan preparada... sin lucha interna o externa, con la aceptación más grande que he visto (mi única experiencia cercana, no he oído de otra en estas condiciones que se hiciera en tal estado... emanaba paz)... Aún así es difícil y hay mil sentimientos encontrados... y esa pena de... ¿pero es que lo que se ha intentado no ha valido de nada? ¿Esto no sirve para nada?
Algo más grande llega y todo es parte del proceso, preparación para la despedida... insisto, acompañamiento amoroso. De palabra me resultó dificilísimo, así que de tacto... el amor va en ese contacto.
Mil bendiciones y mucha fuerza.

marisa moreno dijo...

En ello estamos, guapísima. En sacar fuerzas de donde se vaya pudiendo.
Se niega a ir a otro sitio que no sea su casa, así que la cosa va a estar más fea, pues estaremos yendo y viniendo del hospital cada vez que el tema empeore. Y así hasta que su cuerpo aguante, que según el médico no será mucho.
Intentando hacernos a la idea estamos.
Sé lo que pasaste con ese familiar, aunque mucho mejor lo sabes tú.
Lo único que espero es que él no sufra demasiado, que los dolores sean llevaderos y que pueda irse tranquilo.
Irás sabiendo de mí y mis circunstancias.
Un beso grandísimo y mil gracias por tus palabras siempre reconfortantes.

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