Rrrrr, Rrrrrr, Rrrrrrr

miércoles, 4 de mayo de 2011

Porque merecen dignidad

Feas, sin gracia ninguna. Casi siempre negras, aunque parece que de un tiempo a esta parte las fabrican también en un gris marengo horrible y un azul “aturquesado” que las hace más llevaderas. Son las bolsas de basura.

Hoy mis pensamientos son en su honor. He de decir que se lo debo a mi amigo Rafael, con el que hablando por teléfono hace un rato y echando unas buenas risas, todo hay que decirlo, porque está casi tan zumbado como yo (y digo casi porque él sólo tiene una neurona), me ha mencionado los monólogos de la tele. Y hete aquí que me he puesto yo a darle vueltas al coco a la par que iba guardando la ropa recién planchada que estaba toda ella cubriendo mis ya famosos sofases floridos (no sé si lo hago por comodidad o por no ver las puñeteras flores…) y he decidido que esas que utilizamos día tras día para echar los desperdicios merecen una mención especial.

Como antes he dicho, son feas y casi siempre negras. Ahora, al menos, llevan unas tiras blancas que las hacen algo más puras (por el blanco más que nada) a la par que prácticas porque las haces hasta un lacito cuando vas a tirarlas. Que esa es otra: terminan en la basura. Y no sólo terminan en ella, sino que están llenas de ella. Huelen fatal y a veces se cabrean y sudan por debajo para que nos jorobemos y tengamos que echar mano de fregona si no queremos que la casa nos huela tan sumamente mal como ellas mismas.

Si no es ese su desgraciado uso, son las malas de la película, porque algunos las utilizan para esconder el cuerpo del delito y ahí han cogido un poquito de fama, no muy buena, pero fama al fin y al cabo. Incluso en momentos de necesidad y severa pobreza, alguno que otro se las ha puesto en la cabeza, no por tapar su fealdad ni por vergüenza, sino para atracar bancos, que es una de las formas de hacerse con algo de cuartos. Entonces sí que han tomado protagonismo, porque terminan, como el que atracó el banco, en comisaría.


Pero por lo general se llevan todo lo malo nuestro: huesos de pollo, restos de mondas de fruta, de patatas, raspas de sardinas, cogiendo las pobres mías un tufo pestilente que no hay quien las aguante. Y por si eso fuera poco, las atizamos con el recogedor para cargarlas de pelusones y otros menesteres que barremos. Y ya ni te cuento si terminan en ella los moscones que nos cargamos con un trapo de un buen lechuguinazo -yo termino así con ellos-. Es más, hace un rato lo he hecho con la hija de un moscón; o la esposa, aunque no le he visto en ninguna pata el anillo de casada (más bodorrios, Rafa ;-)). Incluso yo, que me considero buena persona, me porto con las bolsas de basura como una condenada, porque a veces, supongo que como venganza a cuando me sudan por debajo, voy y les echo algún excremento de mi Frodo o de mi Piri (que si es de este último, pobre bolsa basuril; espero que me perdone…) más secos que el palo de un churrero y me quedo tan pancha.

En fin, bolsas de basura, yo que vosotras me ponía en huelga, más ahora que con aquello del reciclado tenemos que darles un buen fin al resto de bolsas, todas ellas mucho más monas que vosotras, de colorines, con publicidad, con un marketing que pa qué…no como vosotras, sosas y feas y para colmo mal olientes. O, como poco, reivindicaría colores y alegría como estas.


Desde aquí quiero pediros perdón por todo el daño que os he podido causar. No estáis solas.

Aquí lo podéis ver

7 comentarios:

Lara dijo...

No todas las bolsas de basura se llenan de idem. Acuérdate de aquella que decía que su marido entraba millones por la puerta en bolsas de basura, que luego metían debajo de la cama, que más tarde fue motivo de desbarajuste de la susodicha cama, porque el de las bolsas de basura, se iba de parranda con otra en un rompe y rasga...de las bolsas...y, en resumidas cuentas, que según algunas boquitas pintadas, sirven para llevarse el parné en ellas.

No solo de desperdicios viven las bolsas...

Como siempre ocurrente.
Besicos.

Marmopi dijo...

Mira, en eso no había caído yo, Lara. Cierto lo que dices, que más de uno y de no pocos las han hecho felices y a ellos más aún.

Menos dignidad va a ser :-)
Gracias por venir, niña.

uxue dijo...

Ya dan tema las bolsitas, y mira que tienes razón en lo que escribes.

Son tan útiles en cualquier sitio y al final acaban en el vertedero como la cosa más inútil. Paradojas de la vida.

Y qué me dices de aquellas bolsas de basura que apenas aguantan el peso y cuando estás casi llegando al contenedor se rompen y todo se desparrama... pufff madre mía qué lío se arma entonces!! Hay que tener cuidado con lo que se echa en la basura, no vaya a ser que nos pillen "infraganti" si esto sucede.

Has estado iluminada marmopi, muy bueno esto que has puesto.
Un beso grandote

Carlos dijo...

Oye niña, que peligro tienes…si estas hecha toda una filosofa.

Oye…sabias que a una bolsa de basura la puedes transformar en una prenda de vestir para días de lluvia?...solo tienes que tomar las tijeras y hacerles en el extremo cerrado un agujero para el coco y en los costados uno para cada brazo y….listooo una perfecta protección contra el agua, te la colocas como un jersey y sales de lo mas coqueta a la calle.

Cuídate "terremoto", deja la neurona tranquila…un abrazo…agur

Marmopi dijo...

No, si al final las bolsas van a traer cola, jejeje.

Qué razón lleváis ambos, Uxue y Carlos. Nos sirven para casi todo.
Besos a los dos :-)

Atlántida dijo...

Acabas de recordarme que tengo que comprar bolsas de basura...,¡ni una me queda en casa!. Como no haga como mi vecina, que baja al container, vacía la basura sola y se vuelve a casa con la bolsa, para "reciclar",jajaja.

Muy bueno, guapa. Besos.

Marmopi dijo...

Qué vecina tienes más rara, nena! Aunque, bien pensao... pero mejor no, que el olorcillo se lo lleva puesto pa casa otra vez :-)

Un besote gordo, Atlan. Seguimos en contacto

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