Rrrrr, Rrrrrr, Rrrrrrr

lunes, 7 de julio de 2014

Tómate un respiro

Y vete de vacaciones, me dije. Y eso hice también, fiel a mis principios.
Y en eso sigo durante esta semanita; el lunes ya será otro cantar y a mí me cantará el gallo del despertador a las 6.30 avisándome de que ya está bien de cachondeo y que toca dar el mismo que canta, el gallo, claro, lo habéis adivinado.

Primero estuve cinco días con una buena amiga y compañera con la que comparto, desde hace tres años, apartamento en verano, aunque es suyo y no mío. Y estamos de lo más relajaditas haciendo lo que nos viene en gana, levantándonos bien prontito para que el día tenga todo el provecho que tiene que tener un día si no quieres que te pase inadvertido: comiendo sano, paseando por la playa y sobre todo, echando buenas partidas de cartas mientras escuchamos música.

Y luego, ya de vuelta, con mi señor marido, que es el que más me ha querido, otros cuatro días fuera del infernal Madrid. Fuimos a una bella ciudad y todo fue sobre ruedas, aunque debo decir que precisamente el día antes de volver, cuando íbamos a coger el coche para acercarnos a la playa, no vimos las ruedas. No vimos las ruedas ni la chapa ni el capó ni la matrícula ni el color gris del coche, porque el coche había desaparecido por arte de magia. Pero es que hasta la calle había cambiado: donde durante tres días las líneas de aparcamiento fueron blancas aquel día se habían tornado amarillas y donde no había nada de nada, surgieron del suelo dos placas verticales bien gordas con un prohibido aparcar por carga y descargas. Y entonces vas y te cagas en todo lo que se mueve y te piras al hotel con una mala baba que ni el caracol más cabreao tiene por aquello de que nos faciliten el teléfono y la dirección de la policía local. Y sí, llamamos a los municipales y nos confirmaron lo que creíamos: no fue fruto de la naturaleza y una de sus ocurrencias; fue todo debido a órdenes de algún  que otro subnormal que con tal de recaudar te planta un pintadito, te coloca dos placas como dos soles espléndidos y te jode lo poco que te queda de vacaciones allí donde estés.

Hechas las comprobaciones de que el coche con sus ruedas, su chapa, su capó, su matrícula y su color gris estaba en el depósito municipal, dirigimos nuestros pasos (más bien fueron los de un taxista y su vehículo con la correspondiente factura) hacia la sede de los municipales; allí, después de una hora y pico, y habiendo comprobado ellos que, efectivamente, nuestro coche estaba en depósito junto con otros dos desgraciados también por la misma y descarada ocurrencia sin haberlo comido ni bebido, pudimos rescatarle e irnos a la playa, aunque ya las ganas no eran las mismas.

Todo ésto lo cuento para que, si váis a alguna ciudad que no sea la vuestra, si aparcáis en zona libre donde no hay problema alguno, no dejéis de echar un vistazo a diario, no sea que los fenómenos poltergeist vuelvan a surgir y la caguemos.

¡¡¡Que os vaya bonito!!!


2 comentarios:

Emilio Manuel dijo...

Hay que sacar, por aquellos que se lo han llevado a Suiza o paraisos fiscales.

Saludos

marisa moreno dijo...

Pues mientras intenten sacar del turismo lo van a llevar mal aparte de no favorecerse en nada a ellos mismos.
Saludos

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