Rrrrr, Rrrrrr, Rrrrrrr

martes, 15 de septiembre de 2015

Cambio de rumbo

La vida da vueltas. Un montón de vueltas. Y nosotros giramos alrededor de ella como si estuviéramos metidos en una lavadora a la hora del centrifugado. Y cuando el aparato llega al final de su trabajo, salimos de la lavadora un poco contrariados, como perdidos, mareados por tanto meneo y tanto vaivén.



Yo ahora estoy en medio de un centrifugado. Mi cabeza gira y gira, no para de dar vueltas y no sabe muy bien cuál será el momento en que ésto pare, pero mientras sí y mientras no, pienso que cuando la cosa llegue al stop, esta cabecita mía irá empezando a sentirse mejor, se irá despejando hasta quedar definitivamente reposada y tranquila.

Porque cuando vamos viviendo nuestras vidas, mal que bien las vamos llevando; algún que otro imprevisto o sobresalto nos atiza de vez en cuando, pero es algo a lo que nos hemos ido acostumbrando. Un capotazo y listo. Pero si de repente todo cambia, si el vuelco es de 360º, ahí, por mucho capote que queramos sacar, por muy fuertes que creamos ser, la cosa se nos puede ir de las manos si nos dejamos llevar. Y no.  No es eso lo que quiero para mí. Quiero mirar hacia adelante, pues volver la cabeza no me entusiasma lo más mínimo, no me lo puedo permitir si quiero avanzar. Sé que no estoy sola en ésto, sé que recibiré ayuda de la gente que me quiere. En definitiva, sé que podré y sé que cuando pase el tiempo todo será más liviano y sentiré esta etapa como una pequeña herida que se me abrió y que con tesón fui cerrando. Espero que esta lavadora en la que estoy inmersa sea de centrifugado corto. La lástima es que no supe programarla. Debí perder las instrucciones hace ya mucho tiempo y por más que busco por las redes, al ser un modelo antiguo y estar descatalogada, no las encuentro.

Se aceptan instrucciones de modelos similares. Prometo leerlas muy detenidamente y aprenderlas al dedillo.





martes, 25 de agosto de 2015

Uno de los mejores clásicos de la historia del rock

Allá por el año 1975 veía la luz el disco A night at the Ópera, del grupo Queen, siendo su tema emblemático Bohemian Rhapsody.

La canción no posee estribillo y consiste en seis secciones: una introducción a capela, una balada, un solo de guitarra, un segmento operístico, una sección de rock y una coda que retoma el tempo y la tonalidad de la balada introductoria. El solo de guitarra de esta canción ha sido considerado el vigésimo mejor de todos los tiempos.

En la gira de "A Night At The Opera" el grupo desaparecía del escenario cuando venía el interludio de la canción, una cinta se ponía en marcha y sonaba la ópera acompañada con efectos de luces, luego el grupo entero volvía a entrar para terminar de tocar la parte más rockera del tema hasta el final. 

Cuando se puso a la venta como sencillo, "Bohemian Rhapsody" se volvió un éxito comercial, permaneciendo en la cima de las listas británicas durante nueve semanas. Alcanzó allí el puesto número uno otra vez en 1991, tras la muerte de Freddie Mercury, permaneciendo a la cabeza durante cinco semanas y batiendo un record sin precedentes.

Disfrutadla:



jueves, 20 de agosto de 2015

¿Y por qué no?

Eso es justo lo que me he preguntado hace un momento... ¿Por qué no volver a retomar este blog al que le tengo tanto cariñito? Diréis... Claro, cómo no le vas a tener cariño si es tuyo, lista. Pues sí, debe ser eso, o debe ser más bien porque aquí he dejado siempre cosas, recuerdos, vivencias divertidas e incluso a veces tristonas, hechos que me han llegado hondo o simplemente unas palabras escritas para los pocos y las pocas que por aquí habéis ido pasando de vez en cuando. Y creo que eso no puedo dejarlo pasar ni aparcarlo en el olvido.

Así que, armada de valor y ocho meses después de mi última entrada, lo retomo y hasta me estoy sintiendo bien por hacerlo. Y cuando uno se siente bien lo celebra, así que... ahí va mi brindis porque este humilde blog siga su camino. Todo debe seguir su camino, hasta él. Y ya no os digo nada si el camino me lleva a Roma, como dicen. Entonces ya.....





Gracias por estar 


lunes, 15 de diciembre de 2014

Allá va la despedida

Y no es el título de ninguna jota aragonesa, que es justo el tonillo que me ha salido al poner el título a esta última entrada. No, es justamente eso, una despedida en toda regla.

No puedo pretender mantener abierto el chiringuito si no entro ni a quitarle las telarañas de las esquinas, si apenas tengo ganas de escribir nada. Pero no os preocupeis, no me pasa nada en absoluto, es simplemente dejadez y que prefiero dedicarme a otras cosas.

Todo tiene sus épocas con sus altos y sus bajos, y a este blog le ha tocado ya el momento bajo. No quiero irme sin antes daros las gracias a los que habeis ido pasando por aquí a comentar alguna vez. He intentado hacer yo lo propio en vuestros blogs, en señal de agradecimiento. Espero no olvidarme de vez en cuando de seguir pasando por vuestros hogares para ir dejando mi pequeñito rastro.

Y por supuesto, no quiero irme sin desearos a todos y todas unas felices fiestas (sí, otra vez toca) y deciros que seáis todo lo felices que podáis y la vida os lo permita.

¡¡¡¡Un beso grande!!!!


martes, 26 de agosto de 2014

A ver cómo me lo calzo



Cierto es que algunos de los movimientos ridículos de la chica del vídeo los hemos hecho alguna vez para intentar calzarnos unos pantalones que no nos entran por muy estupendas que creamos estar, pero con esta muchacha es que me meaba. Supongo que está dando la vuelta por el mundo. Y no es para menos

martes, 19 de agosto de 2014

¡¡VIVE!!

La vida sigue. Y los vivos con ella, capeándola,  viendo sus cosas buenas y también las que tiene malas, que generalmente se nos hacen más numerosas que las primeras.

Y los que se nos van ya no sabrán nada de ella. Vivieron su parte, la que les tocaba, para ir dando paso a los que nacen y se van a ver obligados a conocer sus dos caras. A ellos tampoco les va a ser indiferente.

La vida nos da y nos quita, nos pone la miel en los labios y en cuanto nos descuidamos un poco nos abandona a nuestra suerte. La amamos y la tememos, le damos gracias y la odiamos al poco. Es nuestra dueña y a ella nos debemos. Y ella hace y deshace a su antojo, llevándonos y trayéndonos por donde quiere. Y es tan buena y tan ingrata a la vez...

 









miércoles, 23 de julio de 2014

Cuando las barbas del vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar

Un refrán estupendo que he querido utilizar aquí para que no os pase lo que a mí.

Por mi cumpleaños me regalaron un móvil nuevo, de estos ya supersónicos, con una pantalla bien grande, con una definición en las fotos muy maja, con cantidad de cositas que el viejo no tenía, que no es que yo las vaya a utilizar mucho, pero sí que vienen bien.

Yo no lo pedí, de hecho no pedí nada, como casi siempre, porque nunca creo que me haga falta nada. Y por no pedir decidieron comprármelo porque el otro, que fue regalo de la compañía en la que llevamos unos dos años, fallaba más que una escopeta de feria (por algo era regalado).

Llevaba yo con mi flamante móvil unas cinco horas cuando se me cayó. Torpe que es una, que a veces le podía comer las manitas un cochino. Y fue al suelo. Y se rompió la pantalla táctil por una esquina y le llegan las rajitas hasta el centro más o menos.

Afortunadamente no me corto al deslizar los dedos, pero hay que ir con cuidado porque el cristal tiene su peligro.

¿Y dónde está la madre del cordero? -diréis.

Pues en que no lo cogieron con seguro, así que ahora si lo quiero apañar me lo pago. Y la broma no es pequeña. Sale por unos 90 euros. Esto lo sé a base de hacer mis investigaciones de Sherlock Holmes y de dar no pocos tumbos por la red internáutica, por la red telefónica y por la red viaria, que también he ido a dos sitios por aquello de intentarlo "in situ".

Y es que donde en algunos aparatos la pantalla táctil está separada de la real, de la pantalla que hay debajo, en el mío no es así y es una sola pieza. Y si en los primeros el arreglo son unos 35 ó 40 euros, en el mío concreto se pone en 90. Y por ahí no paso.

Tiraré millas mientras él quiera y no se averíe más con el famoso plástico protector de pantalla y por lo menos mis dedos no sufrirán si el cristal se sigue astillando o si casca más porque sí.

No se os ocurra comprar un móvil sin cogeros el seguro, más cuando los teléfonos de ahora los van sacando cada vez con lo táctil más delicadito para que, a la mínima, casque, tengamos que llevarlo a arreglar y nos dejemos allí los cuartos, que si te descuidas, casi te sale lo mismo apañarlo que comprarte uno nuevo (si con suerte no lo rompes el mismo día y se termina produciendo un bucle, jejeje. Aunque probablemente si no eres yo no te pase).

 *Aún echo en falta al cochino que no me comió las manos





martes, 22 de julio de 2014

SACOS LLENOS DE AGUJEROS PARA GUARDAR LA ALEGRÍA



LETRA DE "ABRAZADO A LA TRISTEZA"

He salido a la calle abrazado a la tristeza,
vi lo que no mira nadie
y me dio verguenza y pena;
los llantos desconsolados
que estrangulan las gargantas,
dos ancianos encorvados... parece que la tierra los llama

La justicia está arrestada por orden de la avaricia,
el dinero que te salva
es el mismo que asesina
.
No me des más esperanzas,
sé que todo son mentiras,
sacos llenos de agujeros para guardar la alegría.

Me da pena que se admire
el valor en la batalla,
menos mal que con los rifles
no se matan las palabras;
menos mal que con los rifles no se matan las palabras.

Creo que así estamos todos, abrazados a la tristeza. Vivimos momentos de rabia, de dolor, de desencanto, la gente pasa angustia, está desmotivada, desconsolada, tiene hambre, nos matamos unos a otros por diferencias de religión, de color, de pensamiento, estamos matando el mundo, las diferencias entre ricos y pobres se atenúan más, las injusticias están del todo instauradas y en muchos casos permitidas. Pero no pasa nada. Nunca pasará nada.



 

lunes, 21 de julio de 2014

Zapatero a tus zapatos (Parte II)

Volví. No me quedaba otra que volver porque mis sandalias seguían en el zapatero y no quería yo que se las pusiera nadie más, así que el sábado me presenté allí y sólo tenía a una mujer delante. Tardé lo mío porque hay un servicio de arreglo de calzado al instante y aquella buena señora llevó tres pares.

Yo observaba a aquel zapatero y no daba crédito: no abría la boca y estaba embebido en su tarea. Estaba serio, demasiado serio. Y sólo habló para decirle a la mujer que ya estaban sus zapatos arreglados y el coste de los mismos. La mujer pagó y se fue feliz con sus tres pares de zapatos apañaditos del todo.

Y llegó mi turno:

Buenos días, vengo a por esass sandalias rojas que están en aquel mueblecito de enfrente.

Ay, lo que me he acordado de tí, que te ibas a ir el miércoles pasado de vacaciones... De tí y de dos personas más que os íbais y yo sin poderos arreglar el calzado. Perdona, que ya me está dando (tocándose la zona lumbar).

¿Qué le está dando, por dios? ¿Un lumbago?

No es lumbado, es la espalda, estoy muy mal de la espalda. Si hasta tuve que cerrar hace quince días.

Y menos, hace menos también cerró. Que yo sepa dos días: un viernes y el miércoles pasado. Pero no se preocupe, lo primero es la salud.

No puedo más, es que me  va a matar el dolor.

Y debía ser cierto; aquel hombre tenía la cara descompuesta. Por el dolor era por lo que apenas hablaba. Entonces, más que rabia por lo que me había parecido a mí un cachondeo con las sandalias, que iba yo dispuesta a montarle el pollo, me dio penita.

Así que cogí mis sandalias, le pagué lo que me pidió (que fue bien poco, la verdad) y salí de allí diciéndole que esperaba que mejorara, pensando que no volvería, pero sintiéndome mal por haber pensado lo que no era. Yo también me equivoco y juzgo a veces prematuramente.

Hoy llevo las sandalias rojas puestas. No han quedado perfectas, pero sí están mejor que cuando las llevé a arreglar. Y tienen su historia, su larga historia.


viernes, 18 de julio de 2014

Zapatero, a tus zapatos



Desde que estamos inmersos en esta crisis siempre pensé que el oficio del zapatero estaba en declive. De hecho, lo sigo pensando, aunque ya después de lo que me ha pasado con uno del pueblo donde resido, no sé muy bien qué pensar. Bueno, creo que sí lo sé. Sacad vuestras conclusiones, que probablemente serán idénticas a las mías. Os cuento:

Semana pasada, martes 15 de julio, 18.30 horas

Todavía estoy de vacaciones y tengo un par de sandalias buenas que me han empezado a hacer daño en la planta porque se les ha despegado algo del interior. ¿Qué hago? ¿Espero al lunes que ya trabajo y las llevo al zapatero que conozco o las llevo al de aquí? Bueno, mejor al de aquí y así estarán antes. Cojo caminito del zapatero en cuestión y le doy mis sandalias. El hombre las mira, las remira, me  empieza a contar su vida en fascículos coleccionables (no estoy exagerando ni un poquito), me dice que tiene mucho trabajo, que es que además las tiene que descoser, pero que bueno, que aunque va a tardar un poco, pues tiene trabajo para dar y tomar, que hay días que le da la una de la madrugada y que hay clientes esperando tres meses, que me las apaña, pero que tardará unos días, que me llama en cuanto las tenga.

Semana pasada, viernes 18 de julio, 10.30 horas

Como sigo de vacaciones y me gusta darme un paseo con la fresca, decido que a la que subo hacia el pueblo, paso por el zapatero y le pregunto para cuándo, más o menos, cree que tendrá arregladas mis sandalias.

Mi gozo en un pozo: cerrado.

Presente semana, martes 22 de julio, 11.30 horas

Mi hija tiene que ir a la óptica a hacerse unas gafas nuevas, pues se le han partido las suyas. Como el camino es el mismo, le digo si no le importa pasar por el zapatero a preguntar.

Empieza el ir y venir de whatssap entre mi hija y yo:

Mamá, de qué color son. Rojas. Es que tiene una de zapatos amontonados que pa qué. Dile, por favor, que si va a tardar mucho más, que te las dé y las llevo al otro zapatero. A ver si me deja, porque lleva media hora con la señora que entró antes que yo, que la mujer le ha dicho que qué pasa con sus zapatos, que si aún no los tiene y le ha dicho que espere un poquito que se los hace en el momento. La madre que le trajo, a ver si hace lo mismo con mis sandalias. Este tío no deja de hablar y no termina con la mujer, aunque ya parece que van cortando el rollo. Por  fin, ya ha cogido tus sandalias. Dice que no te ha podido llamar porque no se ha podido poner aún con ellas con el lío que tiene. Bendito sea, hija, porque ahora tener trabajo es muy difícil. Que me dice que puedes venir hoy a por ellas, pero a las nueve de la noche, que las tiene seguro. A ver si voy a ir y no las va a tener, que yo creo que este hombre es un poco rarito. Nada, le he vuelto a decir lo de las nueve y dice que sí. Vale, pues dile que a la noche subo a por ellas.



Presente semana, martes 22 de julio, 21.00 horas

Antes de entrar en la tienda del zapatero, veo que hay cinco personas lo menos antes que yo. Hago mi correspondiente espera porque ese hombre no para de hablar y hablar con quien se le ponga por delante. Yo pienso que no le da tiempo ni a respirar por lo deprisa que habla y por la de cosas que dice.

Me toca, al fin. Vengo a por unas sandalias rojas. Esta mañana estuvo aquí mi hija y le dijo usted que viniera a las nueve. Y aquí estoy.
Sandalias rojas…. ¿Estas?
Sí, justo, esas son.
Pues…. Verás…. Es que la izquierda me ha quedado de maravilla, pero la derecha no tanto y claro, no te las vas a llevar mal, así que la he desarmado entera y ya tendrás que venir mañana a por ellas, aunque claro, te vas de vacaciones y te las querrás llevar. En cuanto estén TE LAS LLEVO YO A CASA.
No doy crédito y me quedo alucinada. Me hace venir a por ellas porque van a estar con seguridad y no están; y como ese hombre se ha sacado de la manga que me voy al día siguiente de vacaciones me las quiere llevar él a mi casa… Surrealista.
Deja, no te preocupes, mañana vengo a por ellas porque no me voy de vacaciones aunque quisiera tenerlas ya si fuera posible.
Claro, mujer, mañana ven por la mañana.
Por la mañana no puedo venir porque estoy trabajando, pero por la tarde sí. ¿A qué hora vengo?
A partir de las cinco que abro cuando quieras.
Estupendo, vengo por la tarde.

Presente semana, miércoles 23 de julio, 19.00 horas

Vuelvo al zapatero. ¿Qué me encuentro? Cerrado.

Menos mal que abría a las cinco.

CONCLUSIÓN: Ya me ha visto el pelo ese señor. Cojo mis sandalias (si es que consigo que algún día me las tenga arregladas o que tenga la tienda abierta) y corro.


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