Sabía yo que lo mío no era ni medio normal. Os conté hace ya unos mesecillos que justo el día de Nochevieja, cuando todos festejaban, tomaban las uvas de la buena suerte y brindaban metiendo incluso algunos un anillo de oro en la copa con el champán por aquello de tentar aún más la dicha, yo me andaba en las urgencias de un hospital retorciéndome de dolores. Pues bien, suerte o no suerte, resulta que los tiros iban (o al menos eso parece) en relación con mi vesícula, un aparatejo como una pera que tenemos todos hasta que la dejamos de tener, que anda la pobre mía plagadita de piedras y para más inri de barro. Me dijo el señor cirujano que mis cólicos no eran muy típicos ni normales. Debe ser que servidora es especial y las cosas le pasan al revés de como las sufren el resto de mortales; igual es porque como yo no tengo interés ninguno en morirme, las historietas que me pasan van por otro camino.
Dicho lo dicho y por mucho que yo quiera distinguirme del resto, mi vesícula va a durar en mi cuerpo serrano un telediario: la próxima semana me hacen el preoperatorio y, si las cuentas no le fallan al presidente de esta mi comunidad, la de Madrid, probablemente en junio, más bien de mediados a finales, me lleve yo para casa -porque la pienso pedir, jejeje- la dichosa pera cargadita de piedrecillas embarradas (vesícula para los más versados) y me la coloque de recuerdo sobre la estantería del salón.
¡Una vesícula menos! ¡Y unas cuantas piedras más para hacerme un collar!
Rrrrr, Rrrrrr, Rrrrrrr
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viernes, 19 de abril de 2013
martes, 1 de enero de 2013
Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario
Este final de año me harté de decirle a todo el mundo que por favor entraran en el 2013 con buen pie. Y yo me había planteado que también haría lo mismo, así que, aún teniendo que hacer de tripas corazón, y sabiendo que no me gustan nada las fiestas estas dichosas, me vestí ayer un rato antes de irnos a casa de los cuñaos a celebrar la noche vieja (sin suegra, todo hay que decirlo, que ella ya nos avanzó bastantes días antes que no salía de su casa esa noche, que está mayor y que no tiene ganas de jolgorios) y hasta me maquillé y me dí sombra de ojos después de vestirme de poca gala, pero mona.
Y llegamos, y había buen rollito y estábamos agusto. Hasta que, pasados los aperitivos, empecé a notar un fuerte dolor en la boca del estómago. Ahí estaba. Mi dolor bien conocido cuya causa era totalmente desconocida. Y a aquel dolor le siguió el otro, el también habitual ya para mí cuando me pasa ésto, el de un punto concretísimo de la columna vertebral. Se me jodió la cena y les dí la noche a todos los demás. De hecho, a eso de las doce menos diez, a base de insistirme todos, decidí ir a tomar las uvas con los trabajadores del hospital de Arganda. Pero ni eso. Llegamos cuando ya se habían tomado las doce uvas todos los que allí estaban (llevaba yo unas ganitas de comer uvas que ni os cuento). Y entregué mi tarjeta sanitaria y al rato me llamaron y me reconocieron; y decidieron que me sacaban sangre y que me hacían un electro, pues mi tensión andaba por las nubes que esa noche no paraban de sudar y mojar a todo bicho viviente que asomara la nariz por la calle.
Me colocaron una vía en la mano derecha tras bastante rato, pues una no es presa fácil de las agujas y sus venas se esconden como caracol bajo su casa, con lo que sé con seguridad que si un vampiro viniese a por mí, igual moría de inanición. Y me llenaron de pegatinas por el cuerpo para hacerme el electro. Y de esa facha, con la vía colocada y las pegatinas bien pegadas en la piel (aunque ya vestida), me hicieron salir a la sala de espera (valga la redundancia) en la que esperaba mi marido, el que más me ha querido y que me plancha las camisas.
Por fin, casi dos horas después, me llamaron por megafonía y me hicieron pasar a la consulta del médico, que me diagnosticó gastritis y que me entregó un informe, junto con el resultado del electro, para dárselo a mi doctora de cabecera, diciéndome que debía tomar un omeprazol diario, media hora antes de desayunar, y que hiciera dieta blanda unos días.
Así que volvimos a casa de los cuñaos, con el dolor bastante mitigado ya después de unas horas, como me pasa siempre que me da, me quité todas las pegatinas del mundo que me tenían aburridita e incomodísima y nos fuimos a casa, sin tomar uvas, sin brindar, sin meter el anillo de oro en la copa, sin darnos los besos correspondientes justo cuando terminan las campanadas. Seguro que si me hubiese calzado unas bragas rojas no habría tenido tan mala suerte.
Así que no sé qué tal me irá el 2013. Sólo sé que terminé de pena el 2012 y que entré en el año nuevo de pena, como un mihura, triste y dolorida y que lo recibí llena de pegatinas y con un buen moratón en la mano por la vía. ¡Pero seguro que es cojonudo!
Espero que vuestro fin de año e inicio del nuevo haya sido un poco mejor que el mío. Brindo por ello.
Y llegamos, y había buen rollito y estábamos agusto. Hasta que, pasados los aperitivos, empecé a notar un fuerte dolor en la boca del estómago. Ahí estaba. Mi dolor bien conocido cuya causa era totalmente desconocida. Y a aquel dolor le siguió el otro, el también habitual ya para mí cuando me pasa ésto, el de un punto concretísimo de la columna vertebral. Se me jodió la cena y les dí la noche a todos los demás. De hecho, a eso de las doce menos diez, a base de insistirme todos, decidí ir a tomar las uvas con los trabajadores del hospital de Arganda. Pero ni eso. Llegamos cuando ya se habían tomado las doce uvas todos los que allí estaban (llevaba yo unas ganitas de comer uvas que ni os cuento). Y entregué mi tarjeta sanitaria y al rato me llamaron y me reconocieron; y decidieron que me sacaban sangre y que me hacían un electro, pues mi tensión andaba por las nubes que esa noche no paraban de sudar y mojar a todo bicho viviente que asomara la nariz por la calle.
Me colocaron una vía en la mano derecha tras bastante rato, pues una no es presa fácil de las agujas y sus venas se esconden como caracol bajo su casa, con lo que sé con seguridad que si un vampiro viniese a por mí, igual moría de inanición. Y me llenaron de pegatinas por el cuerpo para hacerme el electro. Y de esa facha, con la vía colocada y las pegatinas bien pegadas en la piel (aunque ya vestida), me hicieron salir a la sala de espera (valga la redundancia) en la que esperaba mi marido, el que más me ha querido y que me plancha las camisas.
Por fin, casi dos horas después, me llamaron por megafonía y me hicieron pasar a la consulta del médico, que me diagnosticó gastritis y que me entregó un informe, junto con el resultado del electro, para dárselo a mi doctora de cabecera, diciéndome que debía tomar un omeprazol diario, media hora antes de desayunar, y que hiciera dieta blanda unos días.
Así que volvimos a casa de los cuñaos, con el dolor bastante mitigado ya después de unas horas, como me pasa siempre que me da, me quité todas las pegatinas del mundo que me tenían aburridita e incomodísima y nos fuimos a casa, sin tomar uvas, sin brindar, sin meter el anillo de oro en la copa, sin darnos los besos correspondientes justo cuando terminan las campanadas. Seguro que si me hubiese calzado unas bragas rojas no habría tenido tan mala suerte.
Así que no sé qué tal me irá el 2013. Sólo sé que terminé de pena el 2012 y que entré en el año nuevo de pena, como un mihura, triste y dolorida y que lo recibí llena de pegatinas y con un buen moratón en la mano por la vía. ¡Pero seguro que es cojonudo!
Espero que vuestro fin de año e inicio del nuevo haya sido un poco mejor que el mío. Brindo por ello.
viernes, 7 de diciembre de 2012
Patéticas navidades
No me hallo. No hay manera. Entre pitos y flautas, crisis, malos momentos para tantísima gente, el miedo a qué podrá pasar mañana y las dichosas fechas en que estamos y las que nos vendrán en breve, es que no consigo estar animadilla. Oigo cosas feas por aquí y también por allá, me pongo triste por nada a pesar de que, por fortuna y de momento, a nadie de mi familia le ha tocado aún nada malo, todo me afecta y estoy de un sensiblón que pa qué las prisas.
Y para colmo, lo que digo, las puñeteras navidades que no me gustaron nunca. Si anteayer estábamos tomando las doce uvas, por favor, ¿otra vez tocan doce? ¿Otra vez hay que juntarse para que parezca que todo va bien?. ¿Otra vez hay que gastar dinero porque no se puede cenar cualquier cosa?. ¿Otra vez hay que ser cínicos queriéndonos mucho cuando el resto del año no nos miramos a la cara apenas?
Nunca compro lotería. Lo típico del décimo del trabajo, pero este año ni eso: voy que me mato con 10 euros, compartiendo un décimo con otra compañera también asqueadita. Y, como todos los 22 de diciembre, no tocará ni la pedrea.
Lo sé. Sé que es el peor momento por el que paso al año, pero es que es año tras año aunque a mí me parezca que han pasado muy poquitos meses. Y no me apetece lo más mínimo; no quiero volver a hacer ningún paripé, no quiero volver a estar asqueada y tener que poner cara de "¡ay, qué bien me lo estoy pasando!". No quiero más navidades, aunque sé que por muy chula que me ponga, seguirán viniendo a tocarme los perendengues y yo seguiré despotricando de ellas año sí año también.
Y para colmo, lo que digo, las puñeteras navidades que no me gustaron nunca. Si anteayer estábamos tomando las doce uvas, por favor, ¿otra vez tocan doce? ¿Otra vez hay que juntarse para que parezca que todo va bien?. ¿Otra vez hay que gastar dinero porque no se puede cenar cualquier cosa?. ¿Otra vez hay que ser cínicos queriéndonos mucho cuando el resto del año no nos miramos a la cara apenas?
Nunca compro lotería. Lo típico del décimo del trabajo, pero este año ni eso: voy que me mato con 10 euros, compartiendo un décimo con otra compañera también asqueadita. Y, como todos los 22 de diciembre, no tocará ni la pedrea.
Lo sé. Sé que es el peor momento por el que paso al año, pero es que es año tras año aunque a mí me parezca que han pasado muy poquitos meses. Y no me apetece lo más mínimo; no quiero volver a hacer ningún paripé, no quiero volver a estar asqueada y tener que poner cara de "¡ay, qué bien me lo estoy pasando!". No quiero más navidades, aunque sé que por muy chula que me ponga, seguirán viniendo a tocarme los perendengues y yo seguiré despotricando de ellas año sí año también.
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reflexiones
sábado, 14 de abril de 2012
Prueba que te prueba
Sí, soy como un culete de mal asiento. Llevo no sé ya los días cambiando y volviendo a cambiar la cabecera de mi blog. Y no termino de verlo claro: pongo una foto, la quito, busco otra que me guste, tampoco, que si de fantasía... no, que si una mujer soñando... no, que si un árbol precioso... demasiado ancha la imagen, que si el dibujo de unas flores malvas... demasiado corta.... Y al final, aunque seguro que tampoco terminará siendo la definitiva, voy a probar mi paciencia a ver cuánto tardo en quitar la que he puesto hoy a la tarde, que se ajusta en tamaño a la plantilla más o menos, aunque de paso ha costado también un cambio de plantilla. Así soy, en definitiva: muy tranquila y paciente, pero a veces me pegan los arrebatos y no puedo estarme quieta.
Hay un argentino que me llama cariñosamente "terremoto". Y hasta va a tener razón. Espero no ser una incomprendida.
Hay un argentino que me llama cariñosamente "terremoto". Y hasta va a tener razón. Espero no ser una incomprendida.
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lunes, 14 de noviembre de 2011
Qué cruz, Mª de los Dolores
Una es joven. Por supuesto. Se siente joven. Más que por supuesto.
Pero hete aquí que la máquina empieza a fallar y una pensaba que eso sólo le pasaba a los demás. Sí, como con la lotería, que siempre se piensa que a uno no le va a tocar nunca un mísero premio (de hecho ahí no me confundo, pues no hay manera de que me toque ni un céntimo). ´
Y sí, mi máquina, con sus más y sus menos, pero llevadera por fuera, debe ser que por dentro necesita algún que otro engranaje o alguna biela o parte de la tornillería ha cascado.
No penseis que hablo así porque esté hecha unos zorretes, sino porque ya me voy viendo, cada vez más, como la viejita que tiene que usar pastilleros para no volverse tarumba con tanta medicación.
Hace ya un tiempo que va para largo, empezó la cosa con los ojos. Venga, un colirio porque tu tensión ocular está altita. Luego fue el cambio a otro colirio porque con el primero la cosa no iba del todo bien. Y del segundo pasé al tercero que parece que, tocaré madera, funciona. Bien, pues para no tener que andar yendo al médico a que me lo recete mes sí mes también, ahora mi cosa es como con los abueletes: pido cita en el centro de salud y tengo un sobre reprecioso donde pongo (a lápiz) el número de cajas que necesito. No es ni necesario que yo vea a mi doctora y mucho menos que ella me tenga que ver a mí, que total no se pierde nada la mujer. Dejo el sobre el día de mi cita y paso al día siguiente a por mis consabidas recetas de las gotitas de mis benditos ojos, todo ésto en el mostrador del centro de salud. No tengo ni que subir a consulta.
A la par que lo de la tensión ocular fue lo de los miomas, que por supuesto, también tiene una. Dos. Dos miomas, digo. Monísimos ellos, chiquitillos y a veces algo traviesetes, supongo que porque son pequeñines. Son como mis dos niños de p´adentro mío. Todos los añitos toca revisión de mis dos niños, que ahí siguen, aunque no piden de comer, por lo menos y eso que les agradezco.
Luego empecé con problemillas de estómago. ¿Será una hernia de hiato, doctora? Pues igual sí que lo mismo no, pero yo te doy estas estupendas pastillitas (Omeprazol dichoso) y te tomas la cajita entera (menos mal que sólo me quedan pastillas para dos días), porque sea hernia de hiato, sea gastritis, sea dispepsia o sea su santísima madre, ésto te lo cura. Y sí, parece que el estómago ya está en perfectas condiciones, con lo que pronto perderé de vista esa medicación.
Y hoy me tocó visita hospitalaria por tema ginecológico, porque amén de mis dos miomas, esos queridos niños míos, en el ovario se había instalado un vecinito llamado "quiste". Bonito nombre para un niño no es que sea, pero yo no le elegí el nombre, sino que lo llevaba ya puesto, así que con él se quedó. Bien, el niño este que se me instaló para el verano, se me ha marchado ya y ni se me ha despedido, aunque supongo que sí lo habrá hecho de sus dos amiguitos. A mí nada, que fui su madre. Malcriado el puñetero.
Quiero decir, que me voy por las ramas, que a diario, todas las tardes, así como si de una rutina en mi vida se tratara, coloco concienzudamente, unas al lado de las otras para no olvidarlas en el desayuno del día siguiente, las gotas de mis ojitos, el Omeprazol y desde hoy las hormonas que también me harán buena compañía, pues ando de sofoquín en sofoquín minuto sí, minuto siguiente también. Que sí, que soy joven, jovencísima, estoy estupenda, estupendísima, pero les voy a pedir a los reyes una bolsita aparente, grandecita y mona como yo a poder ser, para meter tanto medicamento como parece que tengo que tener conmigo sin más remedio. Le haré en ella hueco a las siguientes, que serán las pastillitas del colesterol o las de la tensión, que esas me tocarán para la siguiente revisión, que estoy cogiendo yo a ésto hasta afición, oye...
Y todo esto porque vamos cumpliendo añitos. Menos mal, es un alivio.
Pero hete aquí que la máquina empieza a fallar y una pensaba que eso sólo le pasaba a los demás. Sí, como con la lotería, que siempre se piensa que a uno no le va a tocar nunca un mísero premio (de hecho ahí no me confundo, pues no hay manera de que me toque ni un céntimo). ´
Y sí, mi máquina, con sus más y sus menos, pero llevadera por fuera, debe ser que por dentro necesita algún que otro engranaje o alguna biela o parte de la tornillería ha cascado.
No penseis que hablo así porque esté hecha unos zorretes, sino porque ya me voy viendo, cada vez más, como la viejita que tiene que usar pastilleros para no volverse tarumba con tanta medicación.
Hace ya un tiempo que va para largo, empezó la cosa con los ojos. Venga, un colirio porque tu tensión ocular está altita. Luego fue el cambio a otro colirio porque con el primero la cosa no iba del todo bien. Y del segundo pasé al tercero que parece que, tocaré madera, funciona. Bien, pues para no tener que andar yendo al médico a que me lo recete mes sí mes también, ahora mi cosa es como con los abueletes: pido cita en el centro de salud y tengo un sobre reprecioso donde pongo (a lápiz) el número de cajas que necesito. No es ni necesario que yo vea a mi doctora y mucho menos que ella me tenga que ver a mí, que total no se pierde nada la mujer. Dejo el sobre el día de mi cita y paso al día siguiente a por mis consabidas recetas de las gotitas de mis benditos ojos, todo ésto en el mostrador del centro de salud. No tengo ni que subir a consulta.
A la par que lo de la tensión ocular fue lo de los miomas, que por supuesto, también tiene una. Dos. Dos miomas, digo. Monísimos ellos, chiquitillos y a veces algo traviesetes, supongo que porque son pequeñines. Son como mis dos niños de p´adentro mío. Todos los añitos toca revisión de mis dos niños, que ahí siguen, aunque no piden de comer, por lo menos y eso que les agradezco.
Luego empecé con problemillas de estómago. ¿Será una hernia de hiato, doctora? Pues igual sí que lo mismo no, pero yo te doy estas estupendas pastillitas (Omeprazol dichoso) y te tomas la cajita entera (menos mal que sólo me quedan pastillas para dos días), porque sea hernia de hiato, sea gastritis, sea dispepsia o sea su santísima madre, ésto te lo cura. Y sí, parece que el estómago ya está en perfectas condiciones, con lo que pronto perderé de vista esa medicación.
Y hoy me tocó visita hospitalaria por tema ginecológico, porque amén de mis dos miomas, esos queridos niños míos, en el ovario se había instalado un vecinito llamado "quiste". Bonito nombre para un niño no es que sea, pero yo no le elegí el nombre, sino que lo llevaba ya puesto, así que con él se quedó. Bien, el niño este que se me instaló para el verano, se me ha marchado ya y ni se me ha despedido, aunque supongo que sí lo habrá hecho de sus dos amiguitos. A mí nada, que fui su madre. Malcriado el puñetero.
Quiero decir, que me voy por las ramas, que a diario, todas las tardes, así como si de una rutina en mi vida se tratara, coloco concienzudamente, unas al lado de las otras para no olvidarlas en el desayuno del día siguiente, las gotas de mis ojitos, el Omeprazol y desde hoy las hormonas que también me harán buena compañía, pues ando de sofoquín en sofoquín minuto sí, minuto siguiente también. Que sí, que soy joven, jovencísima, estoy estupenda, estupendísima, pero les voy a pedir a los reyes una bolsita aparente, grandecita y mona como yo a poder ser, para meter tanto medicamento como parece que tengo que tener conmigo sin más remedio. Le haré en ella hueco a las siguientes, que serán las pastillitas del colesterol o las de la tensión, que esas me tocarán para la siguiente revisión, que estoy cogiendo yo a ésto hasta afición, oye...Pues anda que mandaba yo rapidito a la mierda tanto cumpleaños, leñes
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miércoles, 5 de octubre de 2011
¡Jodó con la vecina!
Una madruga. El despertador suena en su mesilla (pocas veces) a las 7 de la mañana. Puntualizo lo de que lo hace pocas veces, porque por regla general, servidora a las siete está ya en danza y duchadita, pues es de dormir ligero y cualquier cosita la hace abrir los ojos como platos.
Pero es que para colmo de males por aquello de que bastante tiene una con dormir pocas horas, pues los despertares nocturnos son unos pocos diariamente, su vecina de pared debe tener, una de dos, o un despertador con alarma telefónica o un teléfono con alarma despertadora. Todos los santos días, sin que falte uno de lunes a viernes, ese timbre terrorífico suena cinco o seis veces (tengo que pararme tranquilamente a contar las veces que la chicharra de la vecina suena) a eso de las seis y cuarto de la mañana.
Y claro, una indaga porque le toca las narices tener que despertarse tres cuartos de hora antes porque la vecina de al lado me joroba el sueño, que no sé por qué, pero a esas horas es el que mejor sabe. Y mira tú por dónde, me lo he encontrado, porque otra cosa no será, pero en Internet uno se empapa hasta de lo más inverosímil. Os voy a poner cómo es la cuestión por si queréis tocarle los cataplines al vecino de al lado:
“Con Movistar puedes programar que te suene el teléfono a cierta hora. De esta manera podrás contar con un Despertador Telefónico.
CÓMO FUNCIONA:
Fácil: debes seguir los siguientes pasos.
*55*0630#
*55* Para activar el Servicio
0630 Poner la hora sin puntos en formato 24hs.
# Para Finalizar la operación
Una vez realizado el último paso, se escucha la voz de una locutora de Movistar notificando que el servicio fue activado.
Por último, cuando suena el teléfono a la hora programada, y tú atiendes el teléfono, la voz de la locutora agradece el uso del servicio”.
¡¡¡¡Mira qué maja la mujer!!!!
Y mi vecina… ¡¡¡Mucho más maja!!!
Pero es que para colmo de males por aquello de que bastante tiene una con dormir pocas horas, pues los despertares nocturnos son unos pocos diariamente, su vecina de pared debe tener, una de dos, o un despertador con alarma telefónica o un teléfono con alarma despertadora. Todos los santos días, sin que falte uno de lunes a viernes, ese timbre terrorífico suena cinco o seis veces (tengo que pararme tranquilamente a contar las veces que la chicharra de la vecina suena) a eso de las seis y cuarto de la mañana.
Y claro, una indaga porque le toca las narices tener que despertarse tres cuartos de hora antes porque la vecina de al lado me joroba el sueño, que no sé por qué, pero a esas horas es el que mejor sabe. Y mira tú por dónde, me lo he encontrado, porque otra cosa no será, pero en Internet uno se empapa hasta de lo más inverosímil. Os voy a poner cómo es la cuestión por si queréis tocarle los cataplines al vecino de al lado:
“Con Movistar puedes programar que te suene el teléfono a cierta hora. De esta manera podrás contar con un Despertador Telefónico.
CÓMO FUNCIONA:
Fácil: debes seguir los siguientes pasos.
*55*0630#
*55* Para activar el Servicio
0630 Poner la hora sin puntos en formato 24hs.
# Para Finalizar la operación
Una vez realizado el último paso, se escucha la voz de una locutora de Movistar notificando que el servicio fue activado.
Por último, cuando suena el teléfono a la hora programada, y tú atiendes el teléfono, la voz de la locutora agradece el uso del servicio”.
¡¡¡¡Mira qué maja la mujer!!!!
Y mi vecina… ¡¡¡Mucho más maja!!!
martes, 4 de octubre de 2011
Ciento y la madre
A veces hacemos cosas de las que luego nos arrepentimos. A mí me gusta más arrepentirme de lo que no hago que de lo que hago, pero en este caso, en qué hora...
Habíamos decidido invitar a los compis del grupo rockero del contrario el domingo pasado a comer de barbacoa. Unos tienen hijos, otros no... en fin, que en principio íbamos a ser unos 14, contando ya con nosotros mismos, la familia Telerín, gatos aparte.
Y empezaron a llegar. ¡Oh, sorpresa! Una de las parejas se acabó trayendo a sus hijos (dos). Y otra, pues que también. En total éramos 18. Mete a 18 personas en un patio con dos mesas y sus sillas. Claro, hay que echar mano de la mesa de la cocina también o no nos sentamos ni de coña. Saca por la ventana del patio la mesa o no sale ni a empujones. Venga, ya estamos todos reunidos fuera. Algunos de pie, pues los niños para qué iban a sentarse a la mesa de la terraza pudiendo estar todos arrechuchaos en las otras. Madre del cordero, dichosas criaturitas...
Y empezamos a comer y nos empezamos a multiplicar, pues aún no habiéndolas invitado, allí se nos acoplaron decenas de moscas que también tenían hambre las pobreticas mías. Pasamos la tarde pegaditos unos a otros gracias a la cabezonería de los chiquillos de no irse a otra mesa, sudando como pollitos entre el calorcito que hacía y el pegamiento de cuerpos, haciendo aspavientos para quitarnos de encima las puñeteras moscas... Los que más agustito estuvieron fueron mis gatos, cada uno en una cama echando sus siestorros correspondientes. ¡Esos sí que saben!
Por fin se fueron. Los humanos a su casa afortunadamente. Las moscas a mi cocina para desgracia nuestra. no sé yo si en mi vida he visto más moscas juntas. Yo creo que se reproducían por momentos. Matabas dos y al rato tenías siete. Creo que hoy terminé con la última. Hoy es martes, por si no os habíais dado cuenta. Me han durado las moscas de domingo a martes. Y lo más probable, como son tan majetas, es que hoy me reciban haciéndome la ola cuando entre a la cocina a la vuelta del trabajo las que hayan salido de debajo de las piedras. Lo mismo hasta, si son muchas, me colocan una alfombra roja. O me han calentado la comida.
¡Qué arrepentida estoy, leches! ¡Más que arrepentida, harta, sobre todo de moscas! Eso sí os digo: a matamoscas ya no hay quien me gane.
Habíamos decidido invitar a los compis del grupo rockero del contrario el domingo pasado a comer de barbacoa. Unos tienen hijos, otros no... en fin, que en principio íbamos a ser unos 14, contando ya con nosotros mismos, la familia Telerín, gatos aparte.
Y empezaron a llegar. ¡Oh, sorpresa! Una de las parejas se acabó trayendo a sus hijos (dos). Y otra, pues que también. En total éramos 18. Mete a 18 personas en un patio con dos mesas y sus sillas. Claro, hay que echar mano de la mesa de la cocina también o no nos sentamos ni de coña. Saca por la ventana del patio la mesa o no sale ni a empujones. Venga, ya estamos todos reunidos fuera. Algunos de pie, pues los niños para qué iban a sentarse a la mesa de la terraza pudiendo estar todos arrechuchaos en las otras. Madre del cordero, dichosas criaturitas...
Y empezamos a comer y nos empezamos a multiplicar, pues aún no habiéndolas invitado, allí se nos acoplaron decenas de moscas que también tenían hambre las pobreticas mías. Pasamos la tarde pegaditos unos a otros gracias a la cabezonería de los chiquillos de no irse a otra mesa, sudando como pollitos entre el calorcito que hacía y el pegamiento de cuerpos, haciendo aspavientos para quitarnos de encima las puñeteras moscas... Los que más agustito estuvieron fueron mis gatos, cada uno en una cama echando sus siestorros correspondientes. ¡Esos sí que saben!
Por fin se fueron. Los humanos a su casa afortunadamente. Las moscas a mi cocina para desgracia nuestra. no sé yo si en mi vida he visto más moscas juntas. Yo creo que se reproducían por momentos. Matabas dos y al rato tenías siete. Creo que hoy terminé con la última. Hoy es martes, por si no os habíais dado cuenta. Me han durado las moscas de domingo a martes. Y lo más probable, como son tan majetas, es que hoy me reciban haciéndome la ola cuando entre a la cocina a la vuelta del trabajo las que hayan salido de debajo de las piedras. Lo mismo hasta, si son muchas, me colocan una alfombra roja. O me han calentado la comida.
¡Qué arrepentida estoy, leches! ¡Más que arrepentida, harta, sobre todo de moscas! Eso sí os digo: a matamoscas ya no hay quien me gane.
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verídico
martes, 19 de julio de 2011
Mrs. Magoo
Esa soy yo desde hace casi 24 horas. No sé si os acordáis de este muñeco de dibujo animado que estaba más cegato que un gato de escayola . Os lo pongo por si no sabéis de quién os hablo:
Bien, pues todo esto lo digo porque ayer me tocaba revisión de estos ojazos míos en el hospital. Por supuesto, como ya era consulta, ni llevaba las gafas de lejos porque las uso en momentos concretos, ni llevaba las de sol, que salvo para casos muy específicos, suelen quedarse muertas de asco en el bolso. Pues ayer... ni eso.
¿Y qué pasó? Pues que por causas desconocidas hasta para la médica, me habían pedido una prueba previa que yo desconocía, y que consistía en dilatarme otra vez las pupilas y en endiñarme cada diez minutitos un colirio diferente. Resultado.... todo estaba como debía estar, pero yo terminé ciega perdida y más cuanta más luz había en mi entorno. La doctora me dijo que no sabía porqué me habían pedido esa prueba tan jorobada y que estaría todo el día de ayer malamente. Pero ayer terminaba a las doce de la noche. O eso pensaba yo.
Hoy me levanto y digo... pero si ves y todo ya.... Y un ñordo, porque fue encender la luz del baño para lavarme la cara y quitarme las legañas de esta noche y decirme para mí misma... ¡¡¡leñes, cuánta luz hayyyyyy!!!
Y mirarme los ojillos y verme las pupilas aún bien grandes. Así que, mejor que ayer por fortuna, pero muy malamente con el más minúsculo rayo de luz que se le crucen a las susodichas. ¿Normal? Supongo que muy normal no será que a estas alturas de la película mis ojitos sigan como están, pero igual si aprovecho el tirón me hago tan famosa como aquel dibujo animado del que os hablaba al inicio de esta entrada y saco provecho.
Saludos desde Cegatonn City
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jodiendas varias
martes, 10 de mayo de 2011
A la sombra de una sombrilla
Venga, voy a contaros, que no os había contado nada de mi vida. ¿O sí?
Bueno, ya sabéis que el verano pasado hicimos obra en el patio y lo solamos y está hecho un primor. Pues sepáis que por fin fui al vivero en dos semanitas distintas y cargué como una mala bestia con tierra para rellenar las jardineras, que bien pueden ser dos bañeras por la profundidad que tienen y una en especial por la largura que se lleva. Las llenamos bien de piedras antes y de todo lo que pillamos que le viniera bien a la tierra y ya tengo no sé cuántas plantitas, unas de flor y otras arbustitos por aquello de no cansar y no exagerar.
Comenzamos también el montaje de la barbacoa de piedra antojo del contrario. Sí, esa que pesa unos 500 kilitos cuando está a dieta, que si la llenas de chuletas o choricitos ya ni te cuento lo que puede pesar el bicho. Andamos allá como a la mitad de montaje porque vamos poquito a poco, que todo de golpe es un abuso.
Y claro, allí a eso de mediodía atiza lorenzo que es un gusto y no hay quien pare, así que el marío, habiendo visto varios "cenadores" o como se llame eso que tiene cortinitas para que te plantes tú dentro, tenía antojito de uno en concreto. Y yo erre que erre que para qué queríamos ese pedazo trasto si lo único que íbamos a conseguir era recocernos metididos dentro, que el sol no nos daría, pero el calor que eso alcanzaría sería casi peor que estar en plena solana. Y le convencí, porque entre otras cosas, aparte de la anterior, diré que si ahora el patio parece más grande, si le metemos el "coso" ese va a parecer que en lugar de jardín tenemos un gua.
Ayer nos fuimos, después de medir el coche por dentro, a ver "cenadores" o como se llamen y vimos una sombrilla tamaño familiar, que puede dar sombra a los cuñaos, los sobrinos, las sobrinas, el marido, las hijas e incluso a la suegra si se pone pesadita (de ahí lo de familiar): 3x3 mide el muerto, más sus consabidos sujetasombrillas de catorce kilos cada uno que van al suelo para que no se nos vuele con una ventolera de esas que a veces atizan por Madrid.

Y lo más gracioso fue cuando le preguntamos al tío de jardinería por las medidas del aparato en su caja. Nada, un metro sesenta y dos. Anda, pues muy bien, porque el coche, si no hemos medido mal tiene uno ochenta casi. ¿Mi Megane ridículo? No sé yo... Oiga, y si no nos cabe, ¿podemos volver en el momento y cambiarla o pedir que nos hagan un porte con ella y nos la traigan ustedes?. Claro, las devoluciones, con el ticket de caja y apañao, pero seguro que tienen suerte y les entra en el vehículo.
Coge el paquete sin matar a nadie tanto por delante como por detrás en un carro normal de supermercado, cada uno por un lado para tener mucho cuidadito y tira para el coche. Quita la bandeja trasera, baja los asientos y empieza el lío. Aquello no entraba ni de coña mañanera. Nos veíamos como con la mesa de piedra de metro y medio que no hubo forma humana de meter en el coche. Copón... sí que es grande el chisme este sombrillero...
Menos mal que tengo un marido que piensa (a veces) y le dió por abrir la caja y sacar los paquetes que contenía. Aquello ya era otra cosa. Mal que bien, entró el aparato que nos cubrirá del sol, las cajitas que le acompañaban (tornillería varia). La caja principal, la grande, hecha un higo y redoblada, pero así llegamos a casita: con los deberes muy bien hechos.
Ahora sólo falta terminar por montar la barbacoa. , que vamos a necesitar tres tíos o cuatro lo menos para poner, cuando toque, el sombrerito o chimenea, montar la sombrilla esta estupenda, con deseo de que no sea, como la otra rota que tenemos aún dando tumbos por el patio, hogar, dulce hogar de avispas varias y que no casque a la primera de cambio, que eso también nos pasó con la que da tumbos, que hubo que terminar haciéndole un apañejo para poderla utilizar, siempre y cuando las avispas nos dieran su permiso.
Bueno, ya sabéis que el verano pasado hicimos obra en el patio y lo solamos y está hecho un primor. Pues sepáis que por fin fui al vivero en dos semanitas distintas y cargué como una mala bestia con tierra para rellenar las jardineras, que bien pueden ser dos bañeras por la profundidad que tienen y una en especial por la largura que se lleva. Las llenamos bien de piedras antes y de todo lo que pillamos que le viniera bien a la tierra y ya tengo no sé cuántas plantitas, unas de flor y otras arbustitos por aquello de no cansar y no exagerar.
Comenzamos también el montaje de la barbacoa de piedra antojo del contrario. Sí, esa que pesa unos 500 kilitos cuando está a dieta, que si la llenas de chuletas o choricitos ya ni te cuento lo que puede pesar el bicho. Andamos allá como a la mitad de montaje porque vamos poquito a poco, que todo de golpe es un abuso.
Y claro, allí a eso de mediodía atiza lorenzo que es un gusto y no hay quien pare, así que el marío, habiendo visto varios "cenadores" o como se llame eso que tiene cortinitas para que te plantes tú dentro, tenía antojito de uno en concreto. Y yo erre que erre que para qué queríamos ese pedazo trasto si lo único que íbamos a conseguir era recocernos metididos dentro, que el sol no nos daría, pero el calor que eso alcanzaría sería casi peor que estar en plena solana. Y le convencí, porque entre otras cosas, aparte de la anterior, diré que si ahora el patio parece más grande, si le metemos el "coso" ese va a parecer que en lugar de jardín tenemos un gua.
Ayer nos fuimos, después de medir el coche por dentro, a ver "cenadores" o como se llamen y vimos una sombrilla tamaño familiar, que puede dar sombra a los cuñaos, los sobrinos, las sobrinas, el marido, las hijas e incluso a la suegra si se pone pesadita (de ahí lo de familiar): 3x3 mide el muerto, más sus consabidos sujetasombrillas de catorce kilos cada uno que van al suelo para que no se nos vuele con una ventolera de esas que a veces atizan por Madrid.

Y lo más gracioso fue cuando le preguntamos al tío de jardinería por las medidas del aparato en su caja. Nada, un metro sesenta y dos. Anda, pues muy bien, porque el coche, si no hemos medido mal tiene uno ochenta casi. ¿Mi Megane ridículo? No sé yo... Oiga, y si no nos cabe, ¿podemos volver en el momento y cambiarla o pedir que nos hagan un porte con ella y nos la traigan ustedes?. Claro, las devoluciones, con el ticket de caja y apañao, pero seguro que tienen suerte y les entra en el vehículo.
Coge el paquete sin matar a nadie tanto por delante como por detrás en un carro normal de supermercado, cada uno por un lado para tener mucho cuidadito y tira para el coche. Quita la bandeja trasera, baja los asientos y empieza el lío. Aquello no entraba ni de coña mañanera. Nos veíamos como con la mesa de piedra de metro y medio que no hubo forma humana de meter en el coche. Copón... sí que es grande el chisme este sombrillero...
Menos mal que tengo un marido que piensa (a veces) y le dió por abrir la caja y sacar los paquetes que contenía. Aquello ya era otra cosa. Mal que bien, entró el aparato que nos cubrirá del sol, las cajitas que le acompañaban (tornillería varia). La caja principal, la grande, hecha un higo y redoblada, pero así llegamos a casita: con los deberes muy bien hechos.
Ahora sólo falta terminar por montar la barbacoa. , que vamos a necesitar tres tíos o cuatro lo menos para poner, cuando toque, el sombrerito o chimenea, montar la sombrilla esta estupenda, con deseo de que no sea, como la otra rota que tenemos aún dando tumbos por el patio, hogar, dulce hogar de avispas varias y que no casque a la primera de cambio, que eso también nos pasó con la que da tumbos, que hubo que terminar haciéndole un apañejo para poderla utilizar, siempre y cuando las avispas nos dieran su permiso.
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viernes, 25 de marzo de 2011
Chiquilla con zapatos nuevos.
Así es como estoy yo hoy, porque me han premiado dos fotos que envié a un concurso de fotografía de una asociación vecinal del pueblo en el que trabajo. Y he quedado segunda y tercera (para no tener que pelearme con nadie y menos conmigo misma, jejeje).
Así que como ando medio loca de contento, no podía dejar pasar la ocasión para daros el tostón y mostraros mis dos foticos, que tan remonas me parecen a mí y que supongo no serán tan malísimas cuando me las han votado de entre 75 que participaban (fotos, no personas)
Estas son:
La segunda, que no puedo poner más grande porque se sale del blog:
Así que como ando medio loca de contento, no podía dejar pasar la ocasión para daros el tostón y mostraros mis dos foticos, que tan remonas me parecen a mí y que supongo no serán tan malísimas cuando me las han votado de entre 75 que participaban (fotos, no personas)
Estas son:
La segunda, que no puedo poner más grande porque se sale del blog:
Y la tercera en discordia
Estoy encantada porque era mi primera vez en cuanto a participar en un concurso fotográfico. Mis premios serán un diploma por cada una de las fotos, pero para mí es más que suficiente. La ilusión que me ha hecho vale más que el poco dinero que me hubieran podido dar (aunque me habría venido de maravilla, jejeje)
miércoles, 2 de febrero de 2011
A por ellos
Está claro que no te puedes desmandar ni una pizca. Dejas de fumar y dices eso de “a mí no me va a pasar que por dejar este vicio me dé por andar tras el otro”. No el que pensáis, no, sino el de comer como una descosida por calmar la ansiedad. “Si yo no tengo ansiedad ninguna no me puede dar por tener la boca abierta por si le cae algo a todas horas”. ¡Vaya que no! Ansiedad no tendré, pero ganas de meterle al cuerpo, no lo que pensáis, sino comida, a todas horas.
Y, por lógica, si le metes, recibe. Y si recibe, por algún lado lo notas. Pues oye, que yo justo por la cintura, que ya a cintura exactamente no es que se parezca mucho. En todo caso se intuye y te tienes que fijar mucho y echarle mucha imaginación para que eso tuyo se parezca a una cintura como dios manda.
Y piensas, por aquello de subir tu autoestima: “pero lo estás haciendo muy bien porque has dejado de fumar. Llevas ya un mesecito sin catarlo. ¿Qué pasa porque hayas cogido algún kilillo?” Alguno, dices, por no deprimirte, pero eres consciente de que no ha sido uno solo. Y entonces vuelves a plantearte lo de la dieta dichosa, esa que no debiste dejar nunca, y menos sabiendo como sabías que en cuanto empezara el 2011 ibas a dejar de fumar. Tú decías, con dos ovarios, que tú no ibas a dejar que pasara esto y que si empezaba a pasar, que seguro que no, harías las dos cosas a la vez: no fumar y no comer. Coño, la primera bien, pero no comer a mí me cuesta un triunfo, aparte de la muerte si me lo tomo muy a pecho, así que a vueltas otra vez con lo verde (no lo que pensáis, sino lo que sale del suelo) y la plancha (no la del pelo ni la de la ropa). ¡Venga, otra vez a hacerle la vida imposible al colesterol, que tú puedes, campeona!
Todo sea por esa cintura de abeja (que yo ya de avispa va a ser que tengo poco ;-))
Y, por lógica, si le metes, recibe. Y si recibe, por algún lado lo notas. Pues oye, que yo justo por la cintura, que ya a cintura exactamente no es que se parezca mucho. En todo caso se intuye y te tienes que fijar mucho y echarle mucha imaginación para que eso tuyo se parezca a una cintura como dios manda.
Y piensas, por aquello de subir tu autoestima: “pero lo estás haciendo muy bien porque has dejado de fumar. Llevas ya un mesecito sin catarlo. ¿Qué pasa porque hayas cogido algún kilillo?” Alguno, dices, por no deprimirte, pero eres consciente de que no ha sido uno solo. Y entonces vuelves a plantearte lo de la dieta dichosa, esa que no debiste dejar nunca, y menos sabiendo como sabías que en cuanto empezara el 2011 ibas a dejar de fumar. Tú decías, con dos ovarios, que tú no ibas a dejar que pasara esto y que si empezaba a pasar, que seguro que no, harías las dos cosas a la vez: no fumar y no comer. Coño, la primera bien, pero no comer a mí me cuesta un triunfo, aparte de la muerte si me lo tomo muy a pecho, así que a vueltas otra vez con lo verde (no lo que pensáis, sino lo que sale del suelo) y la plancha (no la del pelo ni la de la ropa). ¡Venga, otra vez a hacerle la vida imposible al colesterol, que tú puedes, campeona!
Todo sea por esa cintura de abeja (que yo ya de avispa va a ser que tengo poco ;-))
martes, 7 de diciembre de 2010
Vive Madrid
Como colofón a tres días de fiesta o más bien sin ir a currar, aquí una, precavida o previsora, como se quiera, sacó dos entraditas para una obra de teatro en Madrid por aquello de echarse unas buenas risas acompañada del marido.
La obra empezaba a las 19 horas, así que con salir con algo de tiempo íbamos la mar de bien. Cogimos el coche a las 17.30 horas. En una hora y media, ya puede estar Madrid fatal, que vamos estupendamente. No nos acercamos demasiado a Gran Vía y dejamos el coche cerca de El Retiro y caminamos, que parece que no va a seguir lloviendo. Pero… oh, ilusos!!! Cómo pretendéis aparcar en el centro un día cercano a las navidades y encima con mucho personal de puente? Pues siendo chulos, que es lo que somos.
Pero no, ni mucho menos. Por la zona del El Retiro, ni de coña mañanera se podía aparcar. Por Atocha, pa qué contarte. La policía desviando el tráfico. Medio mundo metido en sus vehículos y toditos como locos. Finalmente, ya llegando a Cascorro y siendo alrededor de las 18.20 minutos, decidimos que lo mejor es meter el coche a un parking y llegar andando o en metro a Callao, porque la cosa pinta en bastos más que en oros.
Las 18.40 y sin visos de encontrar un puñetero parking público libre. Todos cuelgan su flamante cartel de COMPLETO. Así que el marido se queda con una entrada, yo pillo la otra y me dice el pobre: al menos entra tú que no perdamos todo el dinero que nos ha costado, que yo sigo intentando aparcar.
Me meto en el metro con un mosqueo del quince: el metro se me acababa de ir: cuatro minutos para el siguiente. Y yo comiéndome los muñones. Llega, me subo y bajo en Callao. Me empiezo a poner nerviosa porque ni siquiera tengo claro dónde leñes está el teatro. Pregunto y nadie me sabe decir, sigo preguntando y la respuesta sigue siendo la misma: me suena mucho, pero no sé bien. Por fin me tiro a la carretera y le pregunto a un policía casi con riesgo de atropello. Me explica. Llego finalmente cuando son las 19.10 horas. Ahora no me dejarán entrar. Llamo antes al contrario y el pobre mío sigue buscando sitio cagándose en tó lo cagable porque no había nada más a mano donde poderse cagar.
En la taquilla del teatro me dicen, porque debía llevar cara de lástima o de querer matar a alguien y la taquillera no quería ser la primera víctima, que me las pueden cambiar para otro día (coño, que había cogido dos de las caras en la tercera fila de butacas, que tan cerca no había estado yo en mi vida de los actores), pero que claro, que necesitaban las dos entradas. Cojonudo! A la busca y captura de mi señor marido, que debía estar en algún punto del puñetero Madrid. Le llamo, quedo con él como en los mejores tiempos, en la boca del metro. Yo toda mona de la muerte, que eso sí que hay que hacerlo siempre aunque vayas a tirar la basura. Le veo llegar, me vuelvo a tirar a la carretera y él me tira la entrada por la ventana. Voy a toda mecha al teatro. Me las cambian por otra tercera fila para el día 16, jueves. Uf! Al menos no hemos tirado la tarde completa. El dinero no lo hemos perdido. La paciencia y la alegría sí, pero cosas peores han pasado en este mundo. Llamo al contrario cuando vuelvo a salir a Gran Vía. Corre hacia abajo a ver si me pillas en el semáforo. Corre me dice. Sí. Con la marabunta de gente que no deja de pasear arriba y abajo, que parece que voy en una manifestación sumamente acompañada y encima se ha puesto a llover, todos con sus paraguas menos yo, con lo cual más complicado se hace el poder dar un paso por la Gran Vía, con los pies ya como higos de tanto ir y venir… Yo corro, pero no sé si te cogeré. Sigue corriendo que no me puedo parar en ningún sitio. Y sí. Por fin, después de yo qué sé cuántos metros lisos, diviso mi querido coche y mi querido marido dentro. Me vuelvo a tirar a la carretera saltándome el carril bus, que menos mal que no venía ninguno en ese momento, que si no me estampana. Entro en mi coche. Tiro el bolso, la bufanda, las gafas empañadas, sudando como un pollito y echando pestes. Hasta los mismísimos huevos de Madrid. Odio Madrid. Qué bonito Madrid! Qué asco de Madrid! Madrid me mata! De Madrid al cielo! Pongamos que hablo de Madrid! Es una mierda este Madrid, que ni las ratas pueden vivir! Qué razón tenía Leño con aquella canción.
El día 16 iremos al teatro. Jueves. 20.30 horas. Pero desde luego… en transporte público. Y espero que a reirnos!
La obra empezaba a las 19 horas, así que con salir con algo de tiempo íbamos la mar de bien. Cogimos el coche a las 17.30 horas. En una hora y media, ya puede estar Madrid fatal, que vamos estupendamente. No nos acercamos demasiado a Gran Vía y dejamos el coche cerca de El Retiro y caminamos, que parece que no va a seguir lloviendo. Pero… oh, ilusos!!! Cómo pretendéis aparcar en el centro un día cercano a las navidades y encima con mucho personal de puente? Pues siendo chulos, que es lo que somos.
Pero no, ni mucho menos. Por la zona del El Retiro, ni de coña mañanera se podía aparcar. Por Atocha, pa qué contarte. La policía desviando el tráfico. Medio mundo metido en sus vehículos y toditos como locos. Finalmente, ya llegando a Cascorro y siendo alrededor de las 18.20 minutos, decidimos que lo mejor es meter el coche a un parking y llegar andando o en metro a Callao, porque la cosa pinta en bastos más que en oros.
Las 18.40 y sin visos de encontrar un puñetero parking público libre. Todos cuelgan su flamante cartel de COMPLETO. Así que el marido se queda con una entrada, yo pillo la otra y me dice el pobre: al menos entra tú que no perdamos todo el dinero que nos ha costado, que yo sigo intentando aparcar.
Me meto en el metro con un mosqueo del quince: el metro se me acababa de ir: cuatro minutos para el siguiente. Y yo comiéndome los muñones. Llega, me subo y bajo en Callao. Me empiezo a poner nerviosa porque ni siquiera tengo claro dónde leñes está el teatro. Pregunto y nadie me sabe decir, sigo preguntando y la respuesta sigue siendo la misma: me suena mucho, pero no sé bien. Por fin me tiro a la carretera y le pregunto a un policía casi con riesgo de atropello. Me explica. Llego finalmente cuando son las 19.10 horas. Ahora no me dejarán entrar. Llamo antes al contrario y el pobre mío sigue buscando sitio cagándose en tó lo cagable porque no había nada más a mano donde poderse cagar.
En la taquilla del teatro me dicen, porque debía llevar cara de lástima o de querer matar a alguien y la taquillera no quería ser la primera víctima, que me las pueden cambiar para otro día (coño, que había cogido dos de las caras en la tercera fila de butacas, que tan cerca no había estado yo en mi vida de los actores), pero que claro, que necesitaban las dos entradas. Cojonudo! A la busca y captura de mi señor marido, que debía estar en algún punto del puñetero Madrid. Le llamo, quedo con él como en los mejores tiempos, en la boca del metro. Yo toda mona de la muerte, que eso sí que hay que hacerlo siempre aunque vayas a tirar la basura. Le veo llegar, me vuelvo a tirar a la carretera y él me tira la entrada por la ventana. Voy a toda mecha al teatro. Me las cambian por otra tercera fila para el día 16, jueves. Uf! Al menos no hemos tirado la tarde completa. El dinero no lo hemos perdido. La paciencia y la alegría sí, pero cosas peores han pasado en este mundo. Llamo al contrario cuando vuelvo a salir a Gran Vía. Corre hacia abajo a ver si me pillas en el semáforo. Corre me dice. Sí. Con la marabunta de gente que no deja de pasear arriba y abajo, que parece que voy en una manifestación sumamente acompañada y encima se ha puesto a llover, todos con sus paraguas menos yo, con lo cual más complicado se hace el poder dar un paso por la Gran Vía, con los pies ya como higos de tanto ir y venir… Yo corro, pero no sé si te cogeré. Sigue corriendo que no me puedo parar en ningún sitio. Y sí. Por fin, después de yo qué sé cuántos metros lisos, diviso mi querido coche y mi querido marido dentro. Me vuelvo a tirar a la carretera saltándome el carril bus, que menos mal que no venía ninguno en ese momento, que si no me estampana. Entro en mi coche. Tiro el bolso, la bufanda, las gafas empañadas, sudando como un pollito y echando pestes. Hasta los mismísimos huevos de Madrid. Odio Madrid. Qué bonito Madrid! Qué asco de Madrid! Madrid me mata! De Madrid al cielo! Pongamos que hablo de Madrid! Es una mierda este Madrid, que ni las ratas pueden vivir! Qué razón tenía Leño con aquella canción.
El día 16 iremos al teatro. Jueves. 20.30 horas. Pero desde luego… en transporte público. Y espero que a reirnos!
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miércoles, 1 de diciembre de 2010
No dejes de dormir conmigo
Me acosté tranquila. Él no me acompañó esta vez, aunque casi siempre prefiere venirse a la cama conmigo. No así anoche. Y realmente me extrañó.
Cuando apenas estaba conciliando el sueño le sentí despacito, sigiloso: primero fue su aliento en mi oído para después comenzar a acariciar mi pelo. Lógicamente le sentí, le noté en cuanto empezó a decirme cosas como susurrando a la oreja. Sabe que eso me gusta. Sabe que me encanta que se venga conmigo cuando me acuesto. Sabe que yo le doy calor y que me entusiasma tenerle cerca sintiendo su cuerpo tan cerca…
Hasta que se acostó el contrario y mi gato decidió abandonar mi almohada, dejar de ronronearme en el oído y no volver a tocar mi pelo, para marcharse con la música a otra parte. Se acurrucó en mis pies, pero ya no fue lo mismo.
:-P
Cuando apenas estaba conciliando el sueño le sentí despacito, sigiloso: primero fue su aliento en mi oído para después comenzar a acariciar mi pelo. Lógicamente le sentí, le noté en cuanto empezó a decirme cosas como susurrando a la oreja. Sabe que eso me gusta. Sabe que me encanta que se venga conmigo cuando me acuesto. Sabe que yo le doy calor y que me entusiasma tenerle cerca sintiendo su cuerpo tan cerca…
Hasta que se acostó el contrario y mi gato decidió abandonar mi almohada, dejar de ronronearme en el oído y no volver a tocar mi pelo, para marcharse con la música a otra parte. Se acurrucó en mis pies, pero ya no fue lo mismo.
:-P
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jueves, 4 de noviembre de 2010
Hablando de nuevas tecnologías
Hoy fue un día movidito. Empezó como cualquier otro porque no tenía mucho más trabajo que de costumbre, pero mira tú por dónde, vinieron los de timofónica a colocarnos las… nuevas operadoras les llaman (que para mí son centralitas, aunque igual es que yo soy muy antigua) porque las únicas operadoras que hay en la oficina somos otra compañera que sólo viene tres días y yo, que sepamos. Aunque los nombres técnicos son lo de menos.
Y ahí empezó el lío. Qué guay, sin teléfono que estamos hasta que estos dos chiquitos nos los coloquen. Venga, tiramos la casa por la ventana y dos “operadoras” y un terminal telefónico nuevo por despacho (diez aparatos incluyendo las dos fabulosas operadoras en total).
Cada aparatejo con su manual escrito y extendido por demás en un cd por cada personaje con nuevo teléfono. Pero va a ser que no. Que para qué vamos a leernos nada ni a escachuflar un cd en el ordenata si es mucho más simple que la operadora sub1 (servidora la super-operadora) nos dé un cursillo intensivo si tiene a bien para contarnos lo fácil que es utilizar estos bichos, que luego queda magnificamente decir lo espabiladitos que somos aprendiendo el funcionamiento y a la vuelta están otra vez preguntándome a mí cómo era aquello de contestar una llamada: pero se descuelga y ya? Y para colgar? Cuelgo y ya?.
Mientras tanto, super-operadora atenta a las instrucciones que uno de los muchachos de la famosa timofónica le iba dando, a la par que pidiendo atenciones en cuanto a números de extensiones de cada uno de los despachitos para él dejar bien configurados los bichos estos. Y cómo se puede desviar mi cosa esta? Y si me entran dos o tres llamadas a la vez, cómo narices las mantengo en espera? Y si yo paso una llamada a un despacho y no está el personaje en cuestión porque está en el baño por un suponer, me va a volver la llamada? Cómo sé yo por qué línea me están entrando las llamadas? Y si llaman al sindicato que tenemos en un despacho, las llamadas suyas también van a entrar por mi teléfono? Y lo de las extensiones cómo va? Quedamos esta noche y nos vamos conociendo? Ay, no, que esta pregunta no es de aquí. Perdonadme, que se me fue el santo al cielo. No sé en qué estaría yo pensando… :-D
Vamos, que me he tirado de nueve a dos volviéndome mico y mira tú por dónde, yo que siempre me quejo de no tener trabajo, hoy tenía un poco de tajo, jefe incluido. Igual que el camarote de los hermanos Marx! O parecido a los bares El Brillante, esos de los bocatas de calamares, que siempre dicen cuando llegas… Al fondo que hay sitioooooooo!!!
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jueves, 14 de octubre de 2010
Alegría para empezar la morning
De hoy en adelante seré millonaria. Y no porque lo haya decidido yo, que yo tomo decisiones que por mucho que vayan dirigidas a ese objetivo, jamás se me cumplen. Pero es que hoy, tal y como he abierto la puerta del garito este donde trabajo, lo primerito que me he encontrado (encontrar no es la palabra apropiada) ha sido con una mierda tamaño caballo que, por supuesto, me he llevado por delante. De refilón, afortunadamente.
Y como dicen que a quien pisa una le va a tocar la lotería (no compro nunca), pues de ahí mi cavilación que hago extensiva para que sepáis que ya mismito tendréis una amiga rica donde las haya. Y sin buscarlo, que es lo más gracioso. Oloroso de narices sí es, pero gracioso no.
La de veces que yo habré dicho que aquí tendríamos que tener un plus de peligrosidad. Y no se me ha hecho caso en ninguna de las ocasiones. Pues si pisar una mierda a las ocho menos algo de la mañana, cuando aún no se ve un pijo, no tiene peligro, que venga dios y lo vea. O que la pise él…
Le he puesto a esta entrada la etiqueta de "en mis propias carnes", aunque más bien tenía que haberle creado otra: "en mis propias botas". Qué ascooooooo
jueves, 19 de agosto de 2010
Cuando el gallo canta...
Dicen, o yo al menos así lo tengo entendido, que cuando el gallo canta es para demostrar su fuerza, su poderío ante el resto. Y no sólo canta una vez, al amanecer, que es lo que siempre todos habremos pensado, sino que lo hace bastante a menudo para que se note que es el machote del gallinero. Y otro le contesta porque él también es más chulo que un ocho y el primero le rebate con otro cantar, y así sucesivamente, salvo que haya gallinas suficientes como para no andarse con tonterías entre ellos.
Pues bien. Diréis que a son de qué viene ahora que una loca como yo hable de gallos, cuando ni soy gallina ni estoy empollando, ni me he dejado crecer cresta ni tengo pluma. Y lo hago porque vivo en un pueblo, por muy de capital que sea. Y tengo yo unos vecinos (de los pisos de protección oficial que nos colocaron al lado) que se han dedicado a poner un gallinero según parece y estoy de gallos hasta el mismísimo chisme porque, sea la hora que sea, allá empiezan ellos con sus kikirikís como posesos a ver cuál canta más fuerte o cuál molesta más a los vecinos. Y no es cuestión de mandar a un matón a sueldo para que les rebane el pescuezo, pero ganas no faltan.
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viernes, 30 de julio de 2010
Que no pare la música
Una es una auténtica profana en cuanto a jerga taurina. Supongo que porque para mí la fiesta nacional, tan seguida en mi casa sobre todo por mi madre, fue siempre una aberración que no conseguí entender nunca. Sigo sin entenderla, igual que todo su palabrerío.
Ayer fui por primera vez a la plaza de las Ventas, y no a ver ningún evento taurino, sino un concierto. Mark Knopfler nos venía a emocionar un poco a los madrileños y a enseñarnos ese arte suyo con la guitarra. Conseguimos las entradas justo la noche antes del concierto, no sin algunas dificultades a la hora de hacerlo vía internáutica. Pero las conseguimos, y de las más baratas si hablamos de casi cuarenta euros del ala por cabeza.
Y allá que fuimos al coso taurino (eso lo conozco gracias a la manía de hacer crucigramas como una cosaca en mis tiempos mozos) y nos dispusimos a averiguar dónde estaban nuestras localidades. Andanada del tendido dos, fila siete, asientos 17 y 18. Previamente me avisó una compañera de que cogiéramos dos almohadillas porque allí la piedra guarda muchísimo el calor. Así que antes de comenzar nuestro periplo por la plaza de toros, pillamos dos chismes donde colocar nuestros culos (a 1,20 cada bicho de estos en los que a buen seguro habían puesto sus culos miles de personas antes que nosotros). Y preguntando dicen que se va a Roma y nosotros elegimos, en lugar de la ciudad italiana, aquella nuestra fila siete en la andanada del tendido 2. Andanada ya sé porqué se llama: andar… andas lo que no está en los escritos y siempre cuesta arriba. Tendido dos… en lo más alto del gallinero. Y lo de tendido creo que ya lo he entendido (si puedes, mejor ver los espectáculos tumbado, porque sentado es, más que incómodo, mortal de necesidad. Fila 7… la de arriba del todo, con el único acompañamiento por la espalda que el de la pared (ahí por lo menos, tuvimos suerte, que vecinos traseros no llevábamos). Sube, sube, si es que puedes, a tu fila. Por supuesto, para ello, levanta a yo qué sé cuánta gente que seguro que cuando supo cuál era su sitio, pensó lo que yo… podíamos haber pillado las entradas algo más caras, porque esto no tiene nombre. Y no lo tenía, pues llegados al señor de cuadros, que era la referencia del acomodador, siéntate y coloca a la chica de delante tal que apoyada en tus piernas que han quedado embutidas porque en el tendido no te puedes tender salvo que estés tú solo, que no era el caso. Y tus pies se empiezan a dormir, no por aburrimiento, sino por falta de circulación de la sangre. El culo, bien. Al menos mullidito, aunque tan cuadrado como la almohadilla por la que pasaron miles de culos antes que el tuyo. Ay, que vienen más, que me toca ponerme el bolso sujeto en el cuello, la botella creo que mejor me la dejo ya en la boca y eso que me ahorro de movimientos bruscos porque aquí no hay hueco ni para rascarse la nariz. Y menos mal que ya has meado antes, que como tuvieras que levantarte... Ah, pues mira, de momento sigo sin gente a mi izquierda. El acomodador. No!… otra pareja que se acerca con él. Y la referencia dejó de ser el señor de cuadros para ser la chica de la camiseta con cosas raras verdes. Yo. Y vinieron a mi lado justo. Y yo con el bolso medio al cuello, el abanico en la mano derecha porque me daban yuyus premenopáusicos y no podía dejar de darme aire, la botella dentro del bolso, las piernas diciéndome SOS que nos morimos, el culo hecho un cuadro, una columna que partía en dos el escenario, más gente que en los toros, algún que otro panoli diciendo que quería un hijo de Mark Knopfler y Mark Knopfler ahí, sentadito en una silla tan agustirrinín y tocando como los ángeles.
El concierto… bien. Gracias!
Ayer fui por primera vez a la plaza de las Ventas, y no a ver ningún evento taurino, sino un concierto. Mark Knopfler nos venía a emocionar un poco a los madrileños y a enseñarnos ese arte suyo con la guitarra. Conseguimos las entradas justo la noche antes del concierto, no sin algunas dificultades a la hora de hacerlo vía internáutica. Pero las conseguimos, y de las más baratas si hablamos de casi cuarenta euros del ala por cabeza.
Y allá que fuimos al coso taurino (eso lo conozco gracias a la manía de hacer crucigramas como una cosaca en mis tiempos mozos) y nos dispusimos a averiguar dónde estaban nuestras localidades. Andanada del tendido dos, fila siete, asientos 17 y 18. Previamente me avisó una compañera de que cogiéramos dos almohadillas porque allí la piedra guarda muchísimo el calor. Así que antes de comenzar nuestro periplo por la plaza de toros, pillamos dos chismes donde colocar nuestros culos (a 1,20 cada bicho de estos en los que a buen seguro habían puesto sus culos miles de personas antes que nosotros). Y preguntando dicen que se va a Roma y nosotros elegimos, en lugar de la ciudad italiana, aquella nuestra fila siete en la andanada del tendido 2. Andanada ya sé porqué se llama: andar… andas lo que no está en los escritos y siempre cuesta arriba. Tendido dos… en lo más alto del gallinero. Y lo de tendido creo que ya lo he entendido (si puedes, mejor ver los espectáculos tumbado, porque sentado es, más que incómodo, mortal de necesidad. Fila 7… la de arriba del todo, con el único acompañamiento por la espalda que el de la pared (ahí por lo menos, tuvimos suerte, que vecinos traseros no llevábamos). Sube, sube, si es que puedes, a tu fila. Por supuesto, para ello, levanta a yo qué sé cuánta gente que seguro que cuando supo cuál era su sitio, pensó lo que yo… podíamos haber pillado las entradas algo más caras, porque esto no tiene nombre. Y no lo tenía, pues llegados al señor de cuadros, que era la referencia del acomodador, siéntate y coloca a la chica de delante tal que apoyada en tus piernas que han quedado embutidas porque en el tendido no te puedes tender salvo que estés tú solo, que no era el caso. Y tus pies se empiezan a dormir, no por aburrimiento, sino por falta de circulación de la sangre. El culo, bien. Al menos mullidito, aunque tan cuadrado como la almohadilla por la que pasaron miles de culos antes que el tuyo. Ay, que vienen más, que me toca ponerme el bolso sujeto en el cuello, la botella creo que mejor me la dejo ya en la boca y eso que me ahorro de movimientos bruscos porque aquí no hay hueco ni para rascarse la nariz. Y menos mal que ya has meado antes, que como tuvieras que levantarte... Ah, pues mira, de momento sigo sin gente a mi izquierda. El acomodador. No!… otra pareja que se acerca con él. Y la referencia dejó de ser el señor de cuadros para ser la chica de la camiseta con cosas raras verdes. Yo. Y vinieron a mi lado justo. Y yo con el bolso medio al cuello, el abanico en la mano derecha porque me daban yuyus premenopáusicos y no podía dejar de darme aire, la botella dentro del bolso, las piernas diciéndome SOS que nos morimos, el culo hecho un cuadro, una columna que partía en dos el escenario, más gente que en los toros, algún que otro panoli diciendo que quería un hijo de Mark Knopfler y Mark Knopfler ahí, sentadito en una silla tan agustirrinín y tocando como los ángeles.
El concierto… bien. Gracias!
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martes, 15 de junio de 2010
Seguimos con la película
Estoy segura que me ven cara de idiota. Y si me la ven será por algo. Porque nuevamente tengo nido en el jardín. Y lo más gracioso… de los mismos pajarillos. Esta vez toca por el frente. Y los niños, que deben pasar sus necesidades, criaturitas mías, pían y pían y me tienen la cabeza como un bombo. Una idiota con cabeza de bombo. Casi prefiero no imaginarme las pintas.
Se dan en adopción a una familia que realmente los quiera acoger con el máximo cariño, porque yo, visto lo visto, paso.
¿Se habrán pensado las aves de mi entorno que yo quiero ser abuela a todas horas? ¿Que me toca cuidar nietos en primavera y verano? Y son capaces de dejármelos sin escolarizar para que yo los cuide con esta cara de idiota que tengo. Pues va a ser que no, que seré una abuelita sin escrúpulos. Con cara de idiota, pero sin escrúpulo ninguno. Que no los escolarizan… que los multen. Que no tienen para comer… que roben del jardín vecino. Pero yo ya ni me inmuto.
Hala, voy a ver cómo va el nido!!! ;-)
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viernes, 12 de marzo de 2010
La nevera y los post-it
Son buenos colegas. En mi caso la una no funciona sin los otros y sus amiguetes los imanes, y a la par me adornan el frigo que es un primor. Os cuento el por qué de esta amistad, aunque me consta que no sólo con amiguetes los de mi casa, sino que debe ser algo innato en ellos y en mucha gente que observa lo bien que se llevan y la poquita guerra que dan: nuevamente ando a vueltas con los médicos. La semana que viene tengo dos citas y de placer precisamente no son. La una porque allá por noviembre, en el reconocimiento médico de este mi currelo, me han dado altos…. todos los niveles posibles: que si el colesterol general, que si el colesterol malo, que si los triglicéridos… Menos mal que una, previsora que es, lleva dos mesecitos haciendo la jodida dieta y lo más probable es que si me repiten la analítica voy a estar de lo más buena.
Y luego tengo otro día consulta con el oftalmólogo porque ya llegó el momento de volver a mirar la tensión ocular y el campo visual. Así que ya tengo en mi nevera, en un post-it bien grande y de colorinos chillones sujeto por un ramo de cebolletas, todas las citas para el hospital por el tema de mis lindos ojos.
Endispués, por si esto fuera poco, en mayo toca la revisión con el señor u señora ginecóloga porque allí hay chiquicientos mil. Ya mismo estoy colocándome otro post-it amarillo lima (este irá sujeto con una de las dos viejitas de la fabada Asturiana, que además es muy simpática con esa pintilla de paleta que calza) en cuantito termine las pruebas oftalmológicas, no sea que se me vaya la olla (que de momento funciona, aunque no como yo quisiera) y se me olvide que tengo que ir a que me revisen los bajos y las altas.
Pero que bien, que como una rosa me encuentro :-P
Y mis post-it... encantaos!!!
Y luego tengo otro día consulta con el oftalmólogo porque ya llegó el momento de volver a mirar la tensión ocular y el campo visual. Así que ya tengo en mi nevera, en un post-it bien grande y de colorinos chillones sujeto por un ramo de cebolletas, todas las citas para el hospital por el tema de mis lindos ojos.
Endispués, por si esto fuera poco, en mayo toca la revisión con el señor u señora ginecóloga porque allí hay chiquicientos mil. Ya mismo estoy colocándome otro post-it amarillo lima (este irá sujeto con una de las dos viejitas de la fabada Asturiana, que además es muy simpática con esa pintilla de paleta que calza) en cuantito termine las pruebas oftalmológicas, no sea que se me vaya la olla (que de momento funciona, aunque no como yo quisiera) y se me olvide que tengo que ir a que me revisen los bajos y las altas.
Pero que bien, que como una rosa me encuentro :-P
Y mis post-it... encantaos!!!
viernes, 5 de marzo de 2010
Aislada
Y vuelta la burra al trigo! Los del tiempo se han empeñado en que aquí no dejemos de pasar frío y lo están consiguiendo. Estás esperando el fin de semana como si fuera lo último que vas a tener y van y te lo joden amenazando con nieve. A estas alturas de la película… Pero si todos los años en estas fechas estamos ya diciendo: me parece que empiezo a guardar las botas, aunque para sandalias aún no están mis pinrelillos preparados, pero un zapatito así mono, cerradito por delante y medio abierto por detrás, me va a ir tal que niquelao. Y estábamos con la chaqueta que me la pongo, que me la quito, pero habíamos colgado ya bufandas y abrigotes. Pues este año va a ser que nones. Que a ver quién es el guapo que se quita ná!
Espérate que no venga yo mañana a currar y me quede aislada en este pueblo porque llegue la nieve a las rodillas. Sí, hijos míos. Encima me toca venir con la que dicen que se puede liar el sábado y el domingo (oye, y que últimamente aciertan). Menos mal que, al menos, aquí tengo compañeras y de lo malo, algún chusco pan me podré echar a la boca.
Y tampoco me quejaré mucho, porque calefacción sí hay e incluso calefactores por si falla el gasóleo. Y tengo cafetera y frigorífico y un súper aquí pegadito. No, si no sé para qué hablo, si voy a estar como en casa. Mira, estoy yo pensando que también tengo radio, llevo el cargador del móvil en el bolso por si lo que viene me dejara sin teléfono, internés por si las horas se me hicieran eternas hasta que me vinieran a rescatar... Ya te digo, si voy a estar la mar de bien. Lo malo es que camas aquí no hay, ni sofases de ningún tipo (lo mismo hasta si tengo que pasar aquí el fin de semana echo de menos los de flores tan monos que tengo en casa). Tendré que apañarme dos días y dormir sentada. Supongo que a unas malas tampoco será tan terrible.
Después de todo, siempre nos quedará París!!!
Espérate que no venga yo mañana a currar y me quede aislada en este pueblo porque llegue la nieve a las rodillas. Sí, hijos míos. Encima me toca venir con la que dicen que se puede liar el sábado y el domingo (oye, y que últimamente aciertan). Menos mal que, al menos, aquí tengo compañeras y de lo malo, algún chusco pan me podré echar a la boca.
Y tampoco me quejaré mucho, porque calefacción sí hay e incluso calefactores por si falla el gasóleo. Y tengo cafetera y frigorífico y un súper aquí pegadito. No, si no sé para qué hablo, si voy a estar como en casa. Mira, estoy yo pensando que también tengo radio, llevo el cargador del móvil en el bolso por si lo que viene me dejara sin teléfono, internés por si las horas se me hicieran eternas hasta que me vinieran a rescatar... Ya te digo, si voy a estar la mar de bien. Lo malo es que camas aquí no hay, ni sofases de ningún tipo (lo mismo hasta si tengo que pasar aquí el fin de semana echo de menos los de flores tan monos que tengo en casa). Tendré que apañarme dos días y dormir sentada. Supongo que a unas malas tampoco será tan terrible.
Después de todo, siempre nos quedará París!!!
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