Rrrrr, Rrrrrr, Rrrrrrr

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martes, 26 de agosto de 2014

A ver cómo me lo calzo



Cierto es que algunos de los movimientos ridículos de la chica del vídeo los hemos hecho alguna vez para intentar calzarnos unos pantalones que no nos entran por muy estupendas que creamos estar, pero con esta muchacha es que me meaba. Supongo que está dando la vuelta por el mundo. Y no es para menos

miércoles, 23 de julio de 2014

Cuando las barbas del vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar

Un refrán estupendo que he querido utilizar aquí para que no os pase lo que a mí.

Por mi cumpleaños me regalaron un móvil nuevo, de estos ya supersónicos, con una pantalla bien grande, con una definición en las fotos muy maja, con cantidad de cositas que el viejo no tenía, que no es que yo las vaya a utilizar mucho, pero sí que vienen bien.

Yo no lo pedí, de hecho no pedí nada, como casi siempre, porque nunca creo que me haga falta nada. Y por no pedir decidieron comprármelo porque el otro, que fue regalo de la compañía en la que llevamos unos dos años, fallaba más que una escopeta de feria (por algo era regalado).

Llevaba yo con mi flamante móvil unas cinco horas cuando se me cayó. Torpe que es una, que a veces le podía comer las manitas un cochino. Y fue al suelo. Y se rompió la pantalla táctil por una esquina y le llegan las rajitas hasta el centro más o menos.

Afortunadamente no me corto al deslizar los dedos, pero hay que ir con cuidado porque el cristal tiene su peligro.

¿Y dónde está la madre del cordero? -diréis.

Pues en que no lo cogieron con seguro, así que ahora si lo quiero apañar me lo pago. Y la broma no es pequeña. Sale por unos 90 euros. Esto lo sé a base de hacer mis investigaciones de Sherlock Holmes y de dar no pocos tumbos por la red internáutica, por la red telefónica y por la red viaria, que también he ido a dos sitios por aquello de intentarlo "in situ".

Y es que donde en algunos aparatos la pantalla táctil está separada de la real, de la pantalla que hay debajo, en el mío no es así y es una sola pieza. Y si en los primeros el arreglo son unos 35 ó 40 euros, en el mío concreto se pone en 90. Y por ahí no paso.

Tiraré millas mientras él quiera y no se averíe más con el famoso plástico protector de pantalla y por lo menos mis dedos no sufrirán si el cristal se sigue astillando o si casca más porque sí.

No se os ocurra comprar un móvil sin cogeros el seguro, más cuando los teléfonos de ahora los van sacando cada vez con lo táctil más delicadito para que, a la mínima, casque, tengamos que llevarlo a arreglar y nos dejemos allí los cuartos, que si te descuidas, casi te sale lo mismo apañarlo que comprarte uno nuevo (si con suerte no lo rompes el mismo día y se termina produciendo un bucle, jejeje. Aunque probablemente si no eres yo no te pase).

 *Aún echo en falta al cochino que no me comió las manos





viernes, 18 de julio de 2014

Zapatero, a tus zapatos



Desde que estamos inmersos en esta crisis siempre pensé que el oficio del zapatero estaba en declive. De hecho, lo sigo pensando, aunque ya después de lo que me ha pasado con uno del pueblo donde resido, no sé muy bien qué pensar. Bueno, creo que sí lo sé. Sacad vuestras conclusiones, que probablemente serán idénticas a las mías. Os cuento:

Semana pasada, martes 15 de julio, 18.30 horas

Todavía estoy de vacaciones y tengo un par de sandalias buenas que me han empezado a hacer daño en la planta porque se les ha despegado algo del interior. ¿Qué hago? ¿Espero al lunes que ya trabajo y las llevo al zapatero que conozco o las llevo al de aquí? Bueno, mejor al de aquí y así estarán antes. Cojo caminito del zapatero en cuestión y le doy mis sandalias. El hombre las mira, las remira, me  empieza a contar su vida en fascículos coleccionables (no estoy exagerando ni un poquito), me dice que tiene mucho trabajo, que es que además las tiene que descoser, pero que bueno, que aunque va a tardar un poco, pues tiene trabajo para dar y tomar, que hay días que le da la una de la madrugada y que hay clientes esperando tres meses, que me las apaña, pero que tardará unos días, que me llama en cuanto las tenga.

Semana pasada, viernes 18 de julio, 10.30 horas

Como sigo de vacaciones y me gusta darme un paseo con la fresca, decido que a la que subo hacia el pueblo, paso por el zapatero y le pregunto para cuándo, más o menos, cree que tendrá arregladas mis sandalias.

Mi gozo en un pozo: cerrado.

Presente semana, martes 22 de julio, 11.30 horas

Mi hija tiene que ir a la óptica a hacerse unas gafas nuevas, pues se le han partido las suyas. Como el camino es el mismo, le digo si no le importa pasar por el zapatero a preguntar.

Empieza el ir y venir de whatssap entre mi hija y yo:

Mamá, de qué color son. Rojas. Es que tiene una de zapatos amontonados que pa qué. Dile, por favor, que si va a tardar mucho más, que te las dé y las llevo al otro zapatero. A ver si me deja, porque lleva media hora con la señora que entró antes que yo, que la mujer le ha dicho que qué pasa con sus zapatos, que si aún no los tiene y le ha dicho que espere un poquito que se los hace en el momento. La madre que le trajo, a ver si hace lo mismo con mis sandalias. Este tío no deja de hablar y no termina con la mujer, aunque ya parece que van cortando el rollo. Por  fin, ya ha cogido tus sandalias. Dice que no te ha podido llamar porque no se ha podido poner aún con ellas con el lío que tiene. Bendito sea, hija, porque ahora tener trabajo es muy difícil. Que me dice que puedes venir hoy a por ellas, pero a las nueve de la noche, que las tiene seguro. A ver si voy a ir y no las va a tener, que yo creo que este hombre es un poco rarito. Nada, le he vuelto a decir lo de las nueve y dice que sí. Vale, pues dile que a la noche subo a por ellas.



Presente semana, martes 22 de julio, 21.00 horas

Antes de entrar en la tienda del zapatero, veo que hay cinco personas lo menos antes que yo. Hago mi correspondiente espera porque ese hombre no para de hablar y hablar con quien se le ponga por delante. Yo pienso que no le da tiempo ni a respirar por lo deprisa que habla y por la de cosas que dice.

Me toca, al fin. Vengo a por unas sandalias rojas. Esta mañana estuvo aquí mi hija y le dijo usted que viniera a las nueve. Y aquí estoy.
Sandalias rojas…. ¿Estas?
Sí, justo, esas son.
Pues…. Verás…. Es que la izquierda me ha quedado de maravilla, pero la derecha no tanto y claro, no te las vas a llevar mal, así que la he desarmado entera y ya tendrás que venir mañana a por ellas, aunque claro, te vas de vacaciones y te las querrás llevar. En cuanto estén TE LAS LLEVO YO A CASA.
No doy crédito y me quedo alucinada. Me hace venir a por ellas porque van a estar con seguridad y no están; y como ese hombre se ha sacado de la manga que me voy al día siguiente de vacaciones me las quiere llevar él a mi casa… Surrealista.
Deja, no te preocupes, mañana vengo a por ellas porque no me voy de vacaciones aunque quisiera tenerlas ya si fuera posible.
Claro, mujer, mañana ven por la mañana.
Por la mañana no puedo venir porque estoy trabajando, pero por la tarde sí. ¿A qué hora vengo?
A partir de las cinco que abro cuando quieras.
Estupendo, vengo por la tarde.

Presente semana, miércoles 23 de julio, 19.00 horas

Vuelvo al zapatero. ¿Qué me encuentro? Cerrado.

Menos mal que abría a las cinco.

CONCLUSIÓN: Ya me ha visto el pelo ese señor. Cojo mis sandalias (si es que consigo que algún día me las tenga arregladas o que tenga la tienda abierta) y corro.


lunes, 7 de julio de 2014

Tómate un respiro

Y vete de vacaciones, me dije. Y eso hice también, fiel a mis principios.
Y en eso sigo durante esta semanita; el lunes ya será otro cantar y a mí me cantará el gallo del despertador a las 6.30 avisándome de que ya está bien de cachondeo y que toca dar el mismo que canta, el gallo, claro, lo habéis adivinado.

Primero estuve cinco días con una buena amiga y compañera con la que comparto, desde hace tres años, apartamento en verano, aunque es suyo y no mío. Y estamos de lo más relajaditas haciendo lo que nos viene en gana, levantándonos bien prontito para que el día tenga todo el provecho que tiene que tener un día si no quieres que te pase inadvertido: comiendo sano, paseando por la playa y sobre todo, echando buenas partidas de cartas mientras escuchamos música.

Y luego, ya de vuelta, con mi señor marido, que es el que más me ha querido, otros cuatro días fuera del infernal Madrid. Fuimos a una bella ciudad y todo fue sobre ruedas, aunque debo decir que precisamente el día antes de volver, cuando íbamos a coger el coche para acercarnos a la playa, no vimos las ruedas. No vimos las ruedas ni la chapa ni el capó ni la matrícula ni el color gris del coche, porque el coche había desaparecido por arte de magia. Pero es que hasta la calle había cambiado: donde durante tres días las líneas de aparcamiento fueron blancas aquel día se habían tornado amarillas y donde no había nada de nada, surgieron del suelo dos placas verticales bien gordas con un prohibido aparcar por carga y descargas. Y entonces vas y te cagas en todo lo que se mueve y te piras al hotel con una mala baba que ni el caracol más cabreao tiene por aquello de que nos faciliten el teléfono y la dirección de la policía local. Y sí, llamamos a los municipales y nos confirmaron lo que creíamos: no fue fruto de la naturaleza y una de sus ocurrencias; fue todo debido a órdenes de algún  que otro subnormal que con tal de recaudar te planta un pintadito, te coloca dos placas como dos soles espléndidos y te jode lo poco que te queda de vacaciones allí donde estés.

Hechas las comprobaciones de que el coche con sus ruedas, su chapa, su capó, su matrícula y su color gris estaba en el depósito municipal, dirigimos nuestros pasos (más bien fueron los de un taxista y su vehículo con la correspondiente factura) hacia la sede de los municipales; allí, después de una hora y pico, y habiendo comprobado ellos que, efectivamente, nuestro coche estaba en depósito junto con otros dos desgraciados también por la misma y descarada ocurrencia sin haberlo comido ni bebido, pudimos rescatarle e irnos a la playa, aunque ya las ganas no eran las mismas.

Todo ésto lo cuento para que, si váis a alguna ciudad que no sea la vuestra, si aparcáis en zona libre donde no hay problema alguno, no dejéis de echar un vistazo a diario, no sea que los fenómenos poltergeist vuelvan a surgir y la caguemos.

¡¡¡Que os vaya bonito!!!


martes, 22 de abril de 2014

El voluntariado



Nos hemos vuelto Hostess. Muy anglosajona la palabra, pensaréis. Y lo es, of course. Significa “anfitrión”. Y os voy a contar de qué va esto:

El verano pasado mis hijas se fueron de voluntarias a Irlanda a dos granjas a ayudar con los trabajos de ambas. A cambio les daban sustento alimentario y camas para poder dormir y de paso chapurreaban algo más el inglés, que era lo principal. Y este año la cosa es justo al contrario. En lugar de marcharse ellas, vendrá, precisamente hoy, una chica australiana por aquello de enseñarles algo más del idioma y tendremos que acogerla nosotros de gratis durante cerca de dos semanas. Y el 30 de mayo nos llegará otra muchacha, en este caso, inglesa, con la que haremos lo mismo.

Me resulta curioso el tema este de los voluntariados, pues aparte de ser beneficioso por aquello de vivir una nueva experiencia, le sirve a uno para hacer turismo y conocer países y gentes totalmente distintas a las que estamos acostumbrados.

No sé cómo nos saldrá la cosa, pero yo estoy temblando, pues el inglés lo tengo, más que olvidado, escondido en un baúl. Y que yo sepa, la australiana -la que hoy hará su aparición por Barajas, o mejor dicho y por la nada menospreciable cantidad de medio milloncete de euros, aeropuerto Adolfo Suárez- sabe ná y menos de español y nosotros ná y menos de inglés, así que me veo jugando al pictionary  para entendernos con ella.

Y claro, hay que sorprender a la muchacha haciéndole platos gastronómicos españoles y olé, con lo cual, planning (de nuevo muy anglosajón) de comidas al canto para las casi dos semanitas que andará por aquí. Y habrá que llevarla a que conozca algo de los Madriles, que en el pueblo donde vivimos no hay más que cuestas arriba y cuestas abajo amén de alguna iglesia más fea que “el copón”. Días enfollonaos, me temo. Pero… ¿Y lo bien que vamos a aprender a dibujar?


lunes, 21 de abril de 2014

Raro se me hacía

Pues eso. Que ya decía yo que era un poquitico raro que las cosas mías fueran bien.

Ya ni me acuerdo de si por aquí os puse en algún momento que servidora tenía el dedo pulgar de la mano derecha un poco "escacharrao" de unos meses a esta parte.

Fui al traumatólogo y me pusieron una infiltración que me dolió horrores y que durante los primeros diez días poco hacía por mejorar a mi pobre dedo. Mi doctora de familia me dijo para calmarme que es que ahora las infiltraciones son "en depósito". Y debió de  ser así, pues pasados esos diez días aproximadamente ya podía doblar el dedo y dejaba de hacerme el resorte (parecía que tenía dentro un muelle por los saltitos que pegaba el pobretín) y de dolerme.

La traumatóloga me dijo que tenía que verme en mes y medio o dos meses como mucho. Y estas cosas que pasan... justo dos días antes de la cita traumatológica mi dedo empezó de nuevo a hacer el resorte al doblarlo. Así que ¿Qué me dijeron? Que había que operarlo. Y allá que voy nuevamente al quirófano, aunque esta vez es con anestesia local y la cosa será ná y menos. Que le estoy cogiendo yo gustillo a las operaciones, pues en un año ya van a ser dos las intervenciones.

¿Y para qué os cuento yo todo ésto? Pues para que sepáis que no estaré por aquí en un tiempito (corto, espero) pues mi dedo tiene que estar estupendísimo para volver a darle a la santa tecla, aunque más que nada es porque no puedo estarme callada. Pero prometo volver en cuantitico pueda.

Por si alguno tenéis interés por la enfermedad de mi dedo, aquí os dejo una pequeña explicación. Parece ser que es bastante común:

La tenosinovitis estenosante, comúnmente conocida como “dedo en resorte o en gatillo”, afecta las poleas y tendones de la mano que flexionan los dedos. Los tendones trabajan como largas cuerdas que conectan los músculos del antebrazo con los huesos de los dedos y del pulgar. En los dedos, las poleas son una serie de anillos que forman un túnel a través del cual se desliza el tendón, en forma similar a las guías de una caña de pescar, a través de las cuales debe pasar la línea (o el tendón). Estas poleas mantienen el tendón bien cerca del hueso. Tanto los tendones como el túnel tienen un revestimiento que permite el fácil deslizamiento del tendón a través de las poleas.
 El dedo/pulgar en resorte se presenta cuando la polea en la base del dedo se hincha demasiado y constriñe el tendón, que por ello no puede moverse libremente dentro de la polea. A veces en el tendón se forma un nódulo (nudo), o una hinchazón de su recubrimiento. Debido al aumento de la resistencia al deslizamiento del tendón a través de la polea, se puede sentir dolor, un chasquido o un atascamiento del dedo o el pulgar. Cuando el tendón se atasca, se produce mayor inflamación e hinchazón. Esto origina un círculo vicioso de atascamiento, inflamación e hinchazón. En ocasiones el dedo queda trabado, y es difícil enderezarlo o flexionarlo.

¡Que os vaya bonito!


viernes, 7 de marzo de 2014

Los "crujíos"

Este vídeo es el del gato que pulula por todos los móviles y no iba a ser menos el mío. Pero para entender lo que dice necesito pegármelo a la oreja, no porque sea sorda, sino porque mirándole no suelo pillar bien lo que dice. Este mensaje que pongo me gustó especialmente porque, a pesar de la realidad con lo que a cierta edad nos va pasando, tiene un fin gracioso.



Y claro está, a vueltas con lo que dice el gato y lo que todos, en mayor o menor medida, vamos a terminar sufriendo por los añitos que nos siguen cayendo, sepáis que fui a la farmacia otra vez, pues mi tensión decide por libre que está mejor cuanto más arriba ande, y aún cuando hoy la cosa ya se había quedado como debía, he terminado comprando un tensiómetro. Y ya que me ponía, uno de brazo, blanquito y azul, mono de la muerte, que me va a ir contando sus cuitas cada vez que nos pongamos de acuerdo. Y espero que me las cuente bonitas, jejeje.

Porque sí, porque ya me crujen algunos huesecicos, porque mi estado hormonal ya no es el que era y el colesterol también empieza a apretar un poquejo, porque a veces para dar un paso una pierna tiene que pedir permiso a la otra, porque un dedo de la mano también decidió sin encomendarse a nadie que quería quedarse tieso, aunque no es el dedo corazón ni le sale tan bien como a él, pero le reconcome la envidia, porque las lumbares tienen vida propia y a veces deciden estirarse con el consabido meneo en mi espalda, porque la tensión de mis ojazos, por fortuna (o más bien por las gotas que les planto toditas las noches) está ya controladita, porque amén de la tensión ocular parece ser que el vítreo se empieza a desprender y en ocasiones no veo muertos pero sí mosquitas que no sé si son insectos  o motas negras porque zumbar no me zumban... y porque, porque, porque y porque.

¿Pero y lo buena que estoy qué?

lunes, 10 de febrero de 2014

¿Volamos?



Decía yo esta mañana cuando me levanté si no se me habría volado algo. Me asomé por la ventana a oscuras y me pareció seguir viendo en pie la farolilla e incluso el pruno del jardín. Parece que todo está en orden, me he dicho, aunque puede que los desperfectos los vea cuando vuelva. Con lo que ha zumbado y sigue zumbando el viento por el centro de la península, probablemente algo encontraré que no esté en su sitio. Lo mismo hasta la casa ha empezado a subir con los gatos dentro cuando nos hemos ido y está allá por el Levante mismamente.

Da hoy la sensación de que si levantas los brazos te puedes poner a planear por encima de los edificios, cosa que por otro lado me gustaría, no por ser deporte de riesgo sino por ver todo desde allí arriba.

El día, antes de amanecer estaba totalmente despejado. Como para no estarlo, si las nubes no sé muy bien dónde habrían ido a parar… Aunque claro, con tantísimo viento, unas se fueron pero otras llegaron. El cielo está blanco ahora mismo y la sensación de rasca pelona es de bigotes.

Miedo me da salir a la calle, no ya por echar a volar, sino por si algo vuela y me cae encima. Hoy es día de no moverse, de coger una mantita y echártela por encima y sillón ball total.

Sabía que las casas las hacen como de papel, que las paredes escuchan y de paso te traen a ti lo que han oído por si quieras o no te apetece enterarte, pero es que igual de maravillosamente están puestas las ventanas. Lo que entra por la junta de las cuerdas de las persianas no tiene nombre tampoco. Colocas pegadito a ello un chorizo a orear y lo tienes para trincártelo en un santiamén.

Primero fue Dirk, luego Okka, después vino Petra, apareció después Qumaira; se fue ésta y llegó Ruth para a su ida dar paso a Stephanie, que manda huevos que hasta las borrascas tengan nombres. Sus partidas de bautismo se gestionan desde la Universidad Libre de Berlín. Pero es que resulta que hasta se las puede apadrinar, que ya son ganas de pagar entre 199 y 299 euros por ser el padrino o la madrina de algo con tan mala leche como las borrascas. Lo mismo queda estupendo apadrinar algo así y que te den un certificado con la fecha de nacimiento de tu fenómeno atmosférico apadrinado y la historia de su vida. Y luego vas y le pones un marquito y lo cuelgas junto al cuadro de la foto de tu boda o de los niños en el parque de atracciones y te cagas lo rebién que queda.


miércoles, 29 de mayo de 2013

Y el sol salió

No sé bien si por Antequera, pero salió y todo fue a las mil maravillas. Mi gato está robusto, excesivamente gordo, pero sano, así que lo único que hemos sacado en claro es que hay que darle un pienso especial y ver si pierde peso con él.

El bulto de la pata trasera parece que disminuye sin hacerle mucho caso ni echarle cuentas, así que todos tan contentos.

Aunque ahora tenemos un problemilla añadido, y es que como mis dos gatos son los más guapos y apuestos ronroneadores del mundo gatuno, hay una gata que les ronda. O más bien nos ronda a toda la familia. Se nos mete al jardín por las noches y nos lanza unos cantes jondos que pa qué las prisas. Ellos, mis dos machotes, se ponen nerviositos perdidos cuando la escuchan, se baja el telón (la persiana) y se acaba la función, jejeje. Y hasta el día siguiente en que la obra vuelve a empezar dirigida e interpretada por los mismos personajes.

Eso sí, no hay aplausos por no interrumpir el dulce sueño de los vecinos.

Y ya os avanzo que la función no termina en boda. Por ahí no paso



lunes, 4 de febrero de 2013

jueves, 10 de enero de 2013

Así nos brilla el pelo


-¿Qué vas a tomar?

-Una Alhambra especial

-Por favor, dos Alhambras especiales

-Oye, ¡cuánto tiempo sin vernos!

-Sí, ya era hora que echáramos unas cervezas y charláramos.

-¿Cómo te va?

-No me puedo quejar. Sigo aún con el taller en el pueblo. ¿Y tú?

-Bueno, pasé por el tribunal médico y me dieron la invalidez gracias a Juan Sola, el abogado del pueblo, pero sigo atendiendo el negocio con mi mujer aquí en la capital.

-Has hecho bien porque está muy jodida la situación. Yo tenía a tres trabajadores contratados en el taller, pero hablé con ellos y llegamos a un acuerdo de despido, pero siguen trabajando.

 -¿Están despedidos y siguen trabajando?

-Sí. Nos viene bien a todos: yo me ahorro los seguros sociales, que son altísimos y ellos cobran el paro y el sueldo, pero claro les pago menos que cuando tenían contrato. Todos contentos: Ellos ganan más y yo también.

-¿Y si te enganchan?

-¿Quién va a pasar por el pueblo? Además, los tres talleres del pueblo hacemos lo mismo y no nos vamos a denunciar unos a otros porque nos perjudicaríamos.
-!Ah¡ vale. A nosotros, en el negocio, un día nos visitó un inspector de trabajo y, por suerte, yo me encontraba en la puerta del local, fumando un cigarrillo.

-¿Pero estaría tu mujer?

-No, que va, el negocio en realidad lo llevo yo, pero les dije que lo regentaba mi mujer, que es la que aparece en los papeles, y que yo estaba allí ocasionalmente porque ella había salido un minuto a un asunto urgente. Suerte que al 'panchito' que tengo allí sin contrato estaba ese día en el médico..

-¿Y se lo tragó?

 -Al parecer sí. De hecho se fue y no ha vuelto más. Pero sí, me acojoné un poco ya que si el inspector no se traga aquello nos multa y a lo mejor hubiera perdido yo la paga. Al menos eso me dijo Juan Sola.

-La verdad, es que estos inspectores son unos crédulos o a lo mejor es que están desmotivados porque ganan mucho. Total, para lo que hacen, mucho ganan aún. Hablando de inspecciones, mi hija pequeña estuvo a punto de perder la beca porque alguien fue por ahí contando que el taller no estaba declarado y nos daba muchos ingresos y tal. Desde ese día le he prohibido que vaya con su BMV A3 y su iPhone 5 a clase.

-¿Y qué pasó?

-No nada, no se pudo demostrar lo que decía el cabrón anónimo ya que lo tengo bien atado. La niña sigue cobrando todos los años la beca máxima, unos 5000 euros, que son para ella solita.

(Irrumpe un tono de teléfono móvil: ¡¡Yo por mi hija maaaaato!!)

 -Tío, que me he llevado un susto con ese tono de la tipa esa de la tele ¿cómo se llama...?

-Sí, la Esteban, esa sí que es lista, jeje, perdona, que es un proveedor. Oye, ¿qué significa esa factura con IVA del otro día? ¿Cómo? Nada de eso. Me la emites de nuevo sin IVA o no cobras...sí, hasta las seis estoy allí. Hasta luego.

 -¿Te quieren meter el IVA?

-Sí, se lo he dicho al tío de las pizzas mil veces y sigue dale que te pego con el IVA de los....,y para colmo ahora que lo han subido los chorizos estos del Gobierno.

 -Sí, vaya mierda de país, con tantos impuestos.

 -Por cierto, ¿sabes que me he comprado un Audi?.

-¿Sí?. ¿Cuál?

 -El Q7

-Joder ¡el que llevan los futbolistas!, qué pedazo máquina...te habrá costado un pastón.

-Sí, es caro, pero me he ahorrado una pasta. Si quieres te digo cómo.

-Dime, dime...

 -¿Tienes a algún minusválido en tu familia o a alguien de confianza que lo sea?

 -Pues no sé, tendría que verlo...

-Yo lo he puesto a nombre de mi padre que, como sabes, tiene una gran minusvalía. Me he ahorrado el Impuesto de Matriculación, me han hecho una rebaja en el concesionario, no pagaré jamás el Impuesto de Vehículos al Ayuntamiento y, para colmo, aparcaré donde me salga de los güevos, en cualquier plaza de aparcamiento reservada para minusválidos ¿Por qué te crees que hay tanto coche de gran cilindrada con el cartel de minusválido en las calles?

 -Estás en todo, macho, pero ¿se tragarán que tu padre conducirá eso con 80 años siendo minusválido?

 -Éstos del Ayuntamiento se lo tragan todo. Por cierto, hablando del Ayuntamiento ¿te has enterado de lo del alcalde del pueblo? ¡Qué cabrón! ¡Que bien amañado lo tenía todo! ¡Qué poca ética! A mí me extrañaba que la recogida de basura siempre la ganara la misma empresa.

 -Sí, ¡qué cantidad de corruptos nos gobiernan! Y para colmo hay que sostenerlos a todos. ¿Y el asunto de ese que era presidente de la Junta, dándole un pastón a la empresa de la hija?, por no hablar de las comisiones del niño...que maná de corruptos, ¡vaya mierda de país!

-Ni que lo digas, vaya país de sinvergüenzas nos gobiernan. No hay que votar a ninguno, que son todos iguales. Van a lo que van.

-Oye, ¿quieres otra cerveza?.

-Sí, si, vale. Pero disculpa un segundo, que voy a asomarme a ver el coche, que está en segunda fila.

(¿Es probable que, en términos generales, merezcamos los políticos que nos gobiernan? La pregunta queda hecha.)





miércoles, 2 de enero de 2013

A todo ritmo. Yeahhh

Pues eso. Que se quiten los Fred Astaires y las Ginger Rogers y dejen paso a este hito de la naturaleza rítmica que soy yo. Hoy empiezo mis clases de bailes de salón; de aquí a un ratejo estoy moviendo el esqueleto como nadie (como nadie porque más torpe que yo en cuestión de bailes dudo que haya alguien).

Que mira, que hay que echarle chispa a la vida. Chispa y risas. Sobre todo muchas risas, así que hoy voy  a dar el cante bien dado aún sin cantar. Se van a reír todos bien de mí, pero yo tampoco me quedaré manca riéndome. Después de todo es bien sano reirse de uno mismo. A mí se me da muy bien y creo que hoy se me va a dar mejor que nunca.

¿Alguien se atreve a echarse un baile conmigo? Algún pisotón también se lleva fijo quien se atreva.


viernes, 28 de diciembre de 2012

Nada es lo que parece

¿No os ha pasado alguna vez que miras a otra persona de tu misma edad y piensas que seguramente yo no puedo parecer tan viejo?

Bueno, leed esta historia :

Mi nombre es Alicia y estaba sentada en la sala de espera del dentista , era mi primera consulta con él. En la pared estaba colgado su diploma, con su nombre completo.


De repente, recordé a un muchacho alto, buen mozo, pelo negro, que tenía el mismo nombre, y que estaba en mi clase de Santa Mª del Bosque, como 30 años atrás. ¿Podría ser el mismo chico del cual yo estaba secretamente enamorada?

Después de verlo en el consultorio, rápidamente deseché esos pensamientos. Era un hombre calvo, su poco pelo estaba canoso, y su cara estaba llena de arrugas, y parecía muy viejo como para haber sido mi compañero de clase.

Despúes de examinarme mis dientes, le pregunté si se había graduado en Santa Mª del Bosque.

Sí, Sí, sonrió con orgullo.

Le pregunté: ¿cuándo te graduaste?

Me contestó, en 1980. ¿Por qué me lo preguntas?

Y yo le dije: tú estabas en mi clase.

El me miró detenidamente ...

Y ENTONCES, ESE FEO, CALVO, ARRUGADO, GORDO, CANOSO Y DECRÉPITO, ME PREGUNTÓ:

¿ DE QUÉ ERAS PROFESORA?











martes, 11 de diciembre de 2012

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Ignacio González y la familia

Cuando aún quedamos algunos que queremos jubilarnos a los 65 a ser posible, si es que seguimos trabajando, que igual es un despropósito lo que digo, descubro pasmada que en nuestro gobierno, al menos en el mío, el de la Comunidad de Madrid, hay algún que otro caso flagrante, donde personas de 86 años se encuentran prestando sus servicios. Es el caso de nuestro Presidente autonómico; bueno, de él no, que para los 86 le quedan unos poquitos aún, pero sí es el de su "pobre" padre. A la vejez, viruelas, que diría mi madre. Os cuento lo que hoy he leído en el blog "Punto de Fisión", de David Torres, del Diario Público:

El presidente de la Comunidad de Madrid por la gracia de Aguirre, don Ignacio González, tiene a su anciano padre de 86 años trabajando para dar ejemplo, no como esos vagos que sólo piensan en jubilarse a los 65 y encima se quejan. El venerable señor ocupa el cargo de secretario general técnico del grupo popular en el Senado, un cargo de gran responsabilidad que consiste básicamente en llevar las cuentas, no necesariamente la cuenta la vieja, aunque suponemos que, visto su currículum, el hombre aprendió matemáticas antes de la invención de la calculadora, cuando en la escuela coreaban la lista de los reyes godos y la tabla de multiplicar y había que contar con los dedos o con habichuelas.


Hablando de multiplicar, la lista de los González con cargo en la administración pública es tan larga que su sola enumeración excedería los límites de este artículo. De momento baste decir que incluye al padre, la esposa, la hermana y la cuñada, de momento y que se sepa, eso sin contar compadres y amigotes, ni tampoco los vástagos y parientes de la anterior presidenta, Esperanza Aguirre, de quien González heredó el cargo según una vieja costumbre dinástica del imperio romano, de la época de Calígula.

Esto de no abandonar a la familia a la intemperie y repoblar los organigramas con apellidos propios no es una exclusiva del PP madrileño, ni mucho menos. La política por vía genética se lleva practicando en Andalucía desde la invención de la aceituna y en el resto de la península más o menos desde los tiempos del moro Muza, no por nada se dice que España es el país musulmán más adelantado del globo, que aquí lo que cuenta es la amistad y la familia. Pero en Madrid la proliferación de ciertos clanes deja en ridículo el milagro de los panes y los peces, habría que ir pensando en organizar un referendum para ver si los madrileños queremos independizarnos de los González y los Aguirre o ellos de nosotros, depende de si son más ellos o somos más nosotros. Yo creo que son más ellos y además más sabe el González por viejo que por González.

Se juntan las dinastías González y Aguirre favorecidas por la órbita gravitatoria de ambos apellidos y dan para llenar el Senado, el Congreso y varias cámaras más, las que les echen. Es como el chiste aquel del señorito que cuenta sus hazañas amatorias en el casino del pueblo: “Pues ayer me tiré a la hija del alcalde”. Y el tontico del pueblo lo oye y se echa a reír. Y al día siguiente: “Pues ayer me tiré a la hija del boticario”. Y el tontico que no para de reírse. Así hasta que al final el señorito, ya molesto, le pregunta al tontico de qué se ríe tanto y el hombre se quita la boina y dice: “Es que, macho, entre tú y tu mujer os vais a tirar a todo el pueblo”.



lunes, 26 de noviembre de 2012

lunes, 19 de noviembre de 2012

jueves, 15 de noviembre de 2012

Rabiosa actualidad















 Asi de “arrepentida” se mostró Andreita Fabra por su “que se jodan”



El único avión del Aeropuerto de Castellón….


 







 Os vamos a reducir las prestaciones por desempleo, aumentar el IVA del 18% al 21% y quitar la paga extra de Navidad, ¿queda claro?


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