Sí, sí. Muy valiente te creías, pensabas que lo tenías todo más que controlado. Pues mira tú por dónde, guapa, que va a ser que no, que vuelves a caer, que no eres especial ni tienes el don de superar lo malo antes que nadie. Eres tan humana como el resto. Y las cosas llevan su tiempo y las heridas cierran cuando tienen que cerrar. Así que, o te haces a la idea y eres consciente de que tienes que sufrir el duelo o caes más abajo. Mucho has aguantado sin angustiarte; eso que te has llevado. Pero ten claro, a partir de ahora, que la situación anímica es la normal, la que todos pasan en el momento en que se sufre una pérdida importante, cuando miras atrás y recuerdas tanto, prácticamente toda una vida junto a esa persona a la que tanto has querido, cuando sabes que todo ha dado un giro absoluto y tienes que tirar con todo cuando antes tirabais entre dos y era mucho más llevadero, o eso crees ahora que te ves sola.
¿Y tus hijas? Deberían ser lo más importante para ti, necesitan verte bien, necesitan que cuentes con ellas cuando te vienes abajo porque saben que no te será fácil si quieres hacerlo sola, si piensas que eres auto-suficiente. Pero no, te has puesto una venda en la que enjuagas esas lágrimas que te caen sin ton ni son cada vez que tu cabeza quiere.
Todo esto me repito una vez y otra, pero mi cabeza va por libre. Sería mucho más fácil si pudiéramos controlar nuestros pensamientos, pero son tercos como ellos solos y nos machacan. Pero, por muchos obstáculos que encuentres en el camino, tienes que aprender a sortearlos, no a la primera caída, ni a la segunda seguro que tampoco; probablemente ni a la tercera, pero SIGUE Y LEVÁNTATE. De ti depende seguir cayendo o no. Pueden ayudarte, pero en el fondo eres tú la que tiene que esforzarse por levantar.
Rrrrr, Rrrrrr, Rrrrrrr
Mostrando entradas con la etiqueta cosas mías y solo mías. Mostrar todas las entradas
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lunes, 26 de octubre de 2015
jueves, 20 de agosto de 2015
¿Y por qué no?
Eso es justo lo que me he preguntado hace un momento... ¿Por qué no volver a retomar este blog al que le tengo tanto cariñito? Diréis... Claro, cómo no le vas a tener cariño si es tuyo, lista. Pues sí, debe ser eso, o debe ser más bien porque aquí he dejado siempre cosas, recuerdos, vivencias divertidas e incluso a veces tristonas, hechos que me han llegado hondo o simplemente unas palabras escritas para los pocos y las pocas que por aquí habéis ido pasando de vez en cuando. Y creo que eso no puedo dejarlo pasar ni aparcarlo en el olvido.
Así que, armada de valor y ocho meses después de mi última entrada, lo retomo y hasta me estoy sintiendo bien por hacerlo. Y cuando uno se siente bien lo celebra, así que... ahí va mi brindis porque este humilde blog siga su camino. Todo debe seguir su camino, hasta él. Y ya no os digo nada si el camino me lleva a Roma, como dicen. Entonces ya.....
Así que, armada de valor y ocho meses después de mi última entrada, lo retomo y hasta me estoy sintiendo bien por hacerlo. Y cuando uno se siente bien lo celebra, así que... ahí va mi brindis porque este humilde blog siga su camino. Todo debe seguir su camino, hasta él. Y ya no os digo nada si el camino me lleva a Roma, como dicen. Entonces ya.....
Gracias por estar
lunes, 15 de diciembre de 2014
Allá va la despedida
Y no es el título de ninguna jota aragonesa, que es justo el tonillo que me ha salido al poner el título a esta última entrada. No, es justamente eso, una despedida en toda regla.
No puedo pretender mantener abierto el chiringuito si no entro ni a quitarle las telarañas de las esquinas, si apenas tengo ganas de escribir nada. Pero no os preocupeis, no me pasa nada en absoluto, es simplemente dejadez y que prefiero dedicarme a otras cosas.
Todo tiene sus épocas con sus altos y sus bajos, y a este blog le ha tocado ya el momento bajo. No quiero irme sin antes daros las gracias a los que habeis ido pasando por aquí a comentar alguna vez. He intentado hacer yo lo propio en vuestros blogs, en señal de agradecimiento. Espero no olvidarme de vez en cuando de seguir pasando por vuestros hogares para ir dejando mi pequeñito rastro.
Y por supuesto, no quiero irme sin desearos a todos y todas unas felices fiestas (sí, otra vez toca) y deciros que seáis todo lo felices que podáis y la vida os lo permita.
¡¡¡¡Un beso grande!!!!
No puedo pretender mantener abierto el chiringuito si no entro ni a quitarle las telarañas de las esquinas, si apenas tengo ganas de escribir nada. Pero no os preocupeis, no me pasa nada en absoluto, es simplemente dejadez y que prefiero dedicarme a otras cosas.
Todo tiene sus épocas con sus altos y sus bajos, y a este blog le ha tocado ya el momento bajo. No quiero irme sin antes daros las gracias a los que habeis ido pasando por aquí a comentar alguna vez. He intentado hacer yo lo propio en vuestros blogs, en señal de agradecimiento. Espero no olvidarme de vez en cuando de seguir pasando por vuestros hogares para ir dejando mi pequeñito rastro.
Y por supuesto, no quiero irme sin desearos a todos y todas unas felices fiestas (sí, otra vez toca) y deciros que seáis todo lo felices que podáis y la vida os lo permita.
¡¡¡¡Un beso grande!!!!
lunes, 21 de julio de 2014
Zapatero a tus zapatos (Parte II)
Volví. No me quedaba otra que volver porque mis sandalias seguían en el zapatero y no quería yo que se las pusiera nadie más, así que el sábado me presenté allí y sólo tenía a una mujer delante. Tardé lo mío porque hay un servicio de arreglo de calzado al instante y aquella buena señora llevó tres pares.
Yo observaba a aquel zapatero y no daba crédito: no abría la boca y estaba embebido en su tarea. Estaba serio, demasiado serio. Y sólo habló para decirle a la mujer que ya estaban sus zapatos arreglados y el coste de los mismos. La mujer pagó y se fue feliz con sus tres pares de zapatos apañaditos del todo.
Y llegó mi turno:
Buenos días, vengo a por esass sandalias rojas que están en aquel mueblecito de enfrente.
Ay, lo que me he acordado de tí, que te ibas a ir el miércoles pasado de vacaciones... De tí y de dos personas más que os íbais y yo sin poderos arreglar el calzado. Perdona, que ya me está dando (tocándose la zona lumbar).
¿Qué le está dando, por dios? ¿Un lumbago?
No es lumbado, es la espalda, estoy muy mal de la espalda. Si hasta tuve que cerrar hace quince días.
Y menos, hace menos también cerró. Que yo sepa dos días: un viernes y el miércoles pasado. Pero no se preocupe, lo primero es la salud.
No puedo más, es que me va a matar el dolor.
Y debía ser cierto; aquel hombre tenía la cara descompuesta. Por el dolor era por lo que apenas hablaba. Entonces, más que rabia por lo que me había parecido a mí un cachondeo con las sandalias, que iba yo dispuesta a montarle el pollo, me dio penita.
Así que cogí mis sandalias, le pagué lo que me pidió (que fue bien poco, la verdad) y salí de allí diciéndole que esperaba que mejorara, pensando que no volvería, pero sintiéndome mal por haber pensado lo que no era. Yo también me equivoco y juzgo a veces prematuramente.
Hoy llevo las sandalias rojas puestas. No han quedado perfectas, pero sí están mejor que cuando las llevé a arreglar. Y tienen su historia, su larga historia.
Yo observaba a aquel zapatero y no daba crédito: no abría la boca y estaba embebido en su tarea. Estaba serio, demasiado serio. Y sólo habló para decirle a la mujer que ya estaban sus zapatos arreglados y el coste de los mismos. La mujer pagó y se fue feliz con sus tres pares de zapatos apañaditos del todo.
Y llegó mi turno:
Buenos días, vengo a por esass sandalias rojas que están en aquel mueblecito de enfrente.
Ay, lo que me he acordado de tí, que te ibas a ir el miércoles pasado de vacaciones... De tí y de dos personas más que os íbais y yo sin poderos arreglar el calzado. Perdona, que ya me está dando (tocándose la zona lumbar).
¿Qué le está dando, por dios? ¿Un lumbago?
No es lumbado, es la espalda, estoy muy mal de la espalda. Si hasta tuve que cerrar hace quince días.
Y menos, hace menos también cerró. Que yo sepa dos días: un viernes y el miércoles pasado. Pero no se preocupe, lo primero es la salud.
No puedo más, es que me va a matar el dolor.
Y debía ser cierto; aquel hombre tenía la cara descompuesta. Por el dolor era por lo que apenas hablaba. Entonces, más que rabia por lo que me había parecido a mí un cachondeo con las sandalias, que iba yo dispuesta a montarle el pollo, me dio penita.
Así que cogí mis sandalias, le pagué lo que me pidió (que fue bien poco, la verdad) y salí de allí diciéndole que esperaba que mejorara, pensando que no volvería, pero sintiéndome mal por haber pensado lo que no era. Yo también me equivoco y juzgo a veces prematuramente.
Hoy llevo las sandalias rojas puestas. No han quedado perfectas, pero sí están mejor que cuando las llevé a arreglar. Y tienen su historia, su larga historia.
viernes, 18 de julio de 2014
Zapatero, a tus zapatos
Desde que estamos inmersos en esta crisis siempre pensé que
el oficio del zapatero estaba en declive. De hecho, lo sigo pensando, aunque ya
después de lo que me ha pasado con uno del pueblo donde resido, no sé muy bien
qué pensar. Bueno, creo que sí lo sé. Sacad vuestras conclusiones, que
probablemente serán idénticas a las mías. Os cuento:
Semana pasada,
martes 15 de julio, 18.30 horas
Todavía estoy de vacaciones y tengo un par de sandalias
buenas que me han empezado a hacer daño en la planta porque se les ha despegado
algo del interior. ¿Qué hago? ¿Espero al lunes que ya trabajo y las llevo al
zapatero que conozco o las llevo al de aquí? Bueno, mejor al de aquí y así
estarán antes. Cojo caminito del zapatero en cuestión y le doy mis sandalias. El
hombre las mira, las remira, me empieza
a contar su vida en fascículos coleccionables (no estoy exagerando ni un
poquito), me dice que tiene mucho trabajo, que es que además las tiene que
descoser, pero que bueno, que aunque va a tardar un poco, pues tiene trabajo
para dar y tomar, que hay días que le da la una de la madrugada y que hay
clientes esperando tres meses, que me las apaña, pero que tardará unos días,
que me llama en cuanto las tenga.
Semana pasada, viernes
18 de julio, 10.30 horas
Como sigo de vacaciones y me gusta darme un paseo con la
fresca, decido que a la que subo hacia el pueblo, paso por el zapatero y le
pregunto para cuándo, más o menos, cree que tendrá arregladas mis sandalias.
Mi gozo en un pozo: cerrado.
Presente semana, martes
22 de julio, 11.30 horas
Mi hija tiene que ir a la óptica a hacerse unas gafas
nuevas, pues se le han partido las suyas. Como el camino es el mismo, le digo
si no le importa pasar por el zapatero a preguntar.
Empieza el ir y venir de whatssap entre mi hija y yo:
Mamá, de qué color son. Rojas. Es que tiene una de zapatos
amontonados que pa qué. Dile, por favor, que si va a tardar mucho más, que te
las dé y las llevo al otro zapatero. A ver si me deja, porque lleva media hora
con la señora que entró antes que yo, que la mujer le ha dicho que qué pasa con
sus zapatos, que si aún no los tiene y le ha dicho que espere un poquito que se
los hace en el momento. La madre que le trajo, a ver si hace lo mismo con mis
sandalias. Este tío no deja de hablar y no termina con la mujer, aunque ya
parece que van cortando el rollo. Por
fin, ya ha cogido tus sandalias. Dice que no te ha podido llamar porque
no se ha podido poner aún con ellas con el lío que tiene. Bendito sea, hija,
porque ahora tener trabajo es muy difícil. Que me dice que puedes venir hoy a
por ellas, pero a las nueve de la noche, que las tiene seguro. A ver si voy a
ir y no las va a tener, que yo creo que este hombre es un poco rarito. Nada, le
he vuelto a decir lo de las nueve y dice que sí. Vale, pues dile que a la noche
subo a por ellas.
Presente semana, martes
22 de julio, 21.00 horas
Antes de entrar en la tienda del zapatero, veo que hay cinco
personas lo menos antes que yo. Hago mi correspondiente espera porque ese
hombre no para de hablar y hablar con quien se le ponga por delante. Yo pienso
que no le da tiempo ni a respirar por lo deprisa que habla y por la de cosas
que dice.
Me toca, al fin. Vengo a por unas sandalias rojas. Esta
mañana estuvo aquí mi hija y le dijo usted que viniera a las nueve. Y aquí
estoy.
Sandalias rojas…. ¿Estas?
Sí, justo, esas son.
Pues…. Verás…. Es que la izquierda me ha quedado de
maravilla, pero la derecha no tanto y claro, no te las vas a llevar mal, así
que la he desarmado entera y ya tendrás que venir mañana a por ellas, aunque
claro, te vas de vacaciones y te las querrás llevar. En cuanto estén TE LAS LLEVO YO
A CASA.
No doy crédito y me quedo alucinada. Me hace venir a por
ellas porque van a estar con seguridad y no están; y como ese hombre se ha
sacado de la manga que me voy al día siguiente de vacaciones me las quiere
llevar él a mi casa… Surrealista.
Deja, no te preocupes, mañana vengo a por ellas porque no me
voy de vacaciones aunque quisiera tenerlas ya si fuera posible.
Claro, mujer, mañana ven por la mañana.
Por la mañana no puedo venir porque estoy trabajando, pero
por la tarde sí. ¿A qué hora vengo?
A partir de las cinco que abro cuando quieras.
Estupendo, vengo por la tarde.
Presente semana, miércoles
23 de julio, 19.00 horas
Vuelvo al zapatero. ¿Qué me encuentro? Cerrado.
Menos mal que abría a las cinco.
CONCLUSIÓN: Ya me ha visto el pelo ese señor. Cojo mis
sandalias (si es que consigo que algún día me las tenga arregladas o que tenga
la tienda abierta) y corro.
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martes, 22 de abril de 2014
El voluntariado
Nos hemos vuelto Hostess. Muy anglosajona la palabra, pensaréis.
Y lo es, of course. Significa “anfitrión”. Y os voy a contar de qué va esto:
El verano pasado mis hijas se fueron de voluntarias a
Irlanda a dos granjas a ayudar con los trabajos de ambas. A cambio les daban
sustento alimentario y camas para poder dormir y de paso chapurreaban algo más el inglés, que era lo principal. Y este año la cosa es justo al contrario.
En lugar de marcharse ellas, vendrá, precisamente hoy, una chica australiana
por aquello de enseñarles algo más del idioma y tendremos que acogerla nosotros de gratis
durante cerca de dos semanas. Y el 30 de mayo nos llegará otra muchacha, en
este caso, inglesa, con la que haremos lo mismo.
Me resulta curioso el tema este de los voluntariados, pues
aparte de ser beneficioso por aquello de vivir una nueva experiencia, le sirve
a uno para hacer turismo y conocer países y gentes totalmente distintas a las
que estamos acostumbrados.
No sé cómo nos saldrá la cosa, pero yo estoy temblando, pues
el inglés lo tengo, más que olvidado, escondido en un baúl. Y que yo sepa, la
australiana -la que hoy hará su aparición por Barajas, o mejor dicho y por la nada menospreciable
cantidad de medio milloncete de euros, aeropuerto Adolfo Suárez- sabe ná y
menos de español y nosotros ná y menos de inglés, así que me veo jugando al
pictionary para entendernos con ella.
Y claro, hay que sorprender a la muchacha haciéndole platos
gastronómicos españoles y olé, con lo cual, planning (de nuevo muy anglosajón)
de comidas al canto para las casi dos semanitas que andará por aquí. Y habrá
que llevarla a que conozca algo de los Madriles, que en el pueblo donde vivimos
no hay más que cuestas arriba y cuestas abajo amén de alguna iglesia más fea
que “el copón”. Días enfollonaos, me temo. Pero… ¿Y lo bien que vamos a
aprender a dibujar?
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lunes, 17 de marzo de 2014
Organización, please
Lunes. Soy la única persona que está en casa. Me acompañan mis dos gatos: uno duerme plácidamente en el sillón mientras que el otro acaba de hacer su aparición desde el jardín y está bebiendo agua. Yo mientras tanto escribo, sin despistarme mucho por si le da por ir a comerse al que está dormido del todo.
Acabo de estar haciendo fotos a las nuevas creaciones de fimo que estoy haciendo. He pensado que si las cosas van mal dadas puedo ir vendiendo a ná y menos mis trabajos de manualidades o éstos últimos que os comento y que son de arcilla polimérica, fimo más comúnmente en España, una especie de plastilina que se moldea y luego se cuece en el horno de casa, con la que se pueden hacer cosas muy hermosas si se sabe (yo estoy en fase de aprendizaje).
Como soy muy presumida (eso me dice siempre mi señor marido) y todos los días tengo que llevar mis pendientes en las orejas, empecé con este material hace ya casi un añito y tengo muchos que me he ido fabricando yo a base de imaginación y sobre todo tutoriales que abundan por la red. Y pulseras, y colgantes, imanes para la nevera, broches... un sin fin de cosas, la verdad.
Y ahora me ha dado por hacer broches de búhos que son saladísimos. Y es lo que he pensado, que si los dineros empiezan a faltar, me voy a poner a vender esas cositas que hago. No me van a sacar de ningún apuro porque no soy una profesional ni me dedico horas y horas a aprender técnicas, pero oye, el otro día saqué ocho eurillos a lo tonto con los búhos. Sí, no es ná, pero por algo se empieza.
En mi blog de manualidades (http://mismanitasyyo.blogspot.com.es/) imagino que empezaré cuando ya lo tenga más claro a ir subiendo fotos e incluso precios, aunque para eso necesito organizar bien mi tiempo, pues trabajar fuera, dentro, hacer fimo, seguir con mis manualidades de vez en cuando y perfeccionar el blog son muchas cosas si además las juntamos a las clases de pilates y de baile. Aparté las clases de manualidades de momento; no está la cosa para derroches y creo que, aunque no será lo mismo, podré ir haciendo cositas yo sola sin ayuda de nadie. El material lo tengo. Y las ganas tampoco me faltan.
En fin, que quisiera tener muchas más horas de las que tengo, pero sé que no va a poder ser, así que sólo es cuestión de organización y planificación. Y en ello estamos.
Así que ya sabeis, teneis que darme publicidad por si se ponen más feas las cosas
Acabo de estar haciendo fotos a las nuevas creaciones de fimo que estoy haciendo. He pensado que si las cosas van mal dadas puedo ir vendiendo a ná y menos mis trabajos de manualidades o éstos últimos que os comento y que son de arcilla polimérica, fimo más comúnmente en España, una especie de plastilina que se moldea y luego se cuece en el horno de casa, con la que se pueden hacer cosas muy hermosas si se sabe (yo estoy en fase de aprendizaje).
Como soy muy presumida (eso me dice siempre mi señor marido) y todos los días tengo que llevar mis pendientes en las orejas, empecé con este material hace ya casi un añito y tengo muchos que me he ido fabricando yo a base de imaginación y sobre todo tutoriales que abundan por la red. Y pulseras, y colgantes, imanes para la nevera, broches... un sin fin de cosas, la verdad.
Y ahora me ha dado por hacer broches de búhos que son saladísimos. Y es lo que he pensado, que si los dineros empiezan a faltar, me voy a poner a vender esas cositas que hago. No me van a sacar de ningún apuro porque no soy una profesional ni me dedico horas y horas a aprender técnicas, pero oye, el otro día saqué ocho eurillos a lo tonto con los búhos. Sí, no es ná, pero por algo se empieza.
En mi blog de manualidades (http://mismanitasyyo.blogspot.com.es/) imagino que empezaré cuando ya lo tenga más claro a ir subiendo fotos e incluso precios, aunque para eso necesito organizar bien mi tiempo, pues trabajar fuera, dentro, hacer fimo, seguir con mis manualidades de vez en cuando y perfeccionar el blog son muchas cosas si además las juntamos a las clases de pilates y de baile. Aparté las clases de manualidades de momento; no está la cosa para derroches y creo que, aunque no será lo mismo, podré ir haciendo cositas yo sola sin ayuda de nadie. El material lo tengo. Y las ganas tampoco me faltan.
En fin, que quisiera tener muchas más horas de las que tengo, pero sé que no va a poder ser, así que sólo es cuestión de organización y planificación. Y en ello estamos.
Así que ya sabeis, teneis que darme publicidad por si se ponen más feas las cosas
viernes, 7 de marzo de 2014
Los "crujíos"
Este vídeo es el del gato que pulula por todos los móviles y no iba a ser menos el mío. Pero para entender lo que dice necesito pegármelo a la oreja, no porque sea sorda, sino porque mirándole no suelo pillar bien lo que dice. Este mensaje que pongo me gustó especialmente porque, a pesar de la realidad con lo que a cierta edad nos va pasando, tiene un fin gracioso.
Y claro está, a vueltas con lo que dice el gato y lo que todos, en mayor o menor medida, vamos a terminar sufriendo por los añitos que nos siguen cayendo, sepáis que fui a la farmacia otra vez, pues mi tensión decide por libre que está mejor cuanto más arriba ande, y aún cuando hoy la cosa ya se había quedado como debía, he terminado comprando un tensiómetro. Y ya que me ponía, uno de brazo, blanquito y azul, mono de la muerte, que me va a ir contando sus cuitas cada vez que nos pongamos de acuerdo. Y espero que me las cuente bonitas, jejeje.
Porque sí, porque ya me crujen algunos huesecicos, porque mi estado hormonal ya no es el que era y el colesterol también empieza a apretar un poquejo, porque a veces para dar un paso una pierna tiene que pedir permiso a la otra, porque un dedo de la mano también decidió sin encomendarse a nadie que quería quedarse tieso, aunque no es el dedo corazón ni le sale tan bien como a él, pero le reconcome la envidia, porque las lumbares tienen vida propia y a veces deciden estirarse con el consabido meneo en mi espalda, porque la tensión de mis ojazos, por fortuna (o más bien por las gotas que les planto toditas las noches) está ya controladita, porque amén de la tensión ocular parece ser que el vítreo se empieza a desprender y en ocasiones no veo muertos pero sí mosquitas que no sé si son insectos o motas negras porque zumbar no me zumban... y porque, porque, porque y porque.
¿Pero y lo buena que estoy qué?
Y claro está, a vueltas con lo que dice el gato y lo que todos, en mayor o menor medida, vamos a terminar sufriendo por los añitos que nos siguen cayendo, sepáis que fui a la farmacia otra vez, pues mi tensión decide por libre que está mejor cuanto más arriba ande, y aún cuando hoy la cosa ya se había quedado como debía, he terminado comprando un tensiómetro. Y ya que me ponía, uno de brazo, blanquito y azul, mono de la muerte, que me va a ir contando sus cuitas cada vez que nos pongamos de acuerdo. Y espero que me las cuente bonitas, jejeje.
Porque sí, porque ya me crujen algunos huesecicos, porque mi estado hormonal ya no es el que era y el colesterol también empieza a apretar un poquejo, porque a veces para dar un paso una pierna tiene que pedir permiso a la otra, porque un dedo de la mano también decidió sin encomendarse a nadie que quería quedarse tieso, aunque no es el dedo corazón ni le sale tan bien como a él, pero le reconcome la envidia, porque las lumbares tienen vida propia y a veces deciden estirarse con el consabido meneo en mi espalda, porque la tensión de mis ojazos, por fortuna (o más bien por las gotas que les planto toditas las noches) está ya controladita, porque amén de la tensión ocular parece ser que el vítreo se empieza a desprender y en ocasiones no veo muertos pero sí mosquitas que no sé si son insectos o motas negras porque zumbar no me zumban... y porque, porque, porque y porque.
¿Pero y lo buena que estoy qué?
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lunes, 24 de febrero de 2014
Entre chorro y chorro
Chorreando. Chorreandito terminamos. Porque a mi señor marido le regalaron sus compañeros de trabajo para que el pobre mío se relajara un poco una cajita de esas de smartbox en la que podíamos ir de gratis a hotel con noche, sesión de spá y desayuno incluidos. Eso sí, el circuito de spá era de una horita clavada, que ni una pizca más nos dejaron seguir allí como los garbancitos en agua antes de echarlos al cocido.
Aparte de este regalo debo decir que también cayeron tres muñequitos de goma (tortuga, pato y pez) y un gorro de baño de esos de señora mayor monísimo de la muerte. Y claro, entre otras cosas, había que retratar al beneficiario de los regalitos para mandar la foto a los "regaladores". No quiero deciros las pintitas que tenía mi chico dentro de la piscina jugando con sus juguetes. Es "pa" (que no spá, jejeje) verlo.
Primero nos contaron el recorrido de aquella maravilla, del que ya no recuerdo el orden, pero era algo así como chorros fríos y calientes en los pinreles (pediluvio creo que se llama el invento), piscina con botones para chorretes varios, ducha de contraste (de esas que cortan la respiración porque están hechas para matarte casi; pero que la cortan, que no es cosa mía, es que te llevas tal susto que te mueres y cuando te mueres no respiras), luego creo que eran los chorracos para las cervicales (que ahí mi marido se emperró unas pocas de veces y a mí me recordaba al protagonista de alguna película de esas donde de una montaña repreciosa caen unas cataratas y el actor se refresca en ellas y queda de lo más sensual, pero siempre salvando las distancias en la comparación), vuelta a la ducha de contraste, esa en la que te moriste un rato antes, sauna finlandesa para terminar de morirte si con el contraste no se consiguió del todo, nuevo contraste con el que ya te rematan y por fin una ducha donde el agua fría te sorprende hasta que la que te pega la sorpresa es la caliente casi hirviendo.
Relajados no salimos, la verdad, porque mira que estresa tener una hora nada más para hacer tantísima cosa, de un lado para otro, botones aquí botones allá, chorros sin previo aviso, a mala leche diría yo, para que luego llegue el del hotel a la horita justa y diga... Señores, se terminó el recorrido. Plántate a toda velocidad también el albornoz que te prestan para el evento porque ya llegan los pobres que, como tú, piensan que van a relajarse con aquello y empapadito vuelve a tu habitación a darte ya, por fin, una ducha templadita y relajante.
No sé yo...
Aparte de este regalo debo decir que también cayeron tres muñequitos de goma (tortuga, pato y pez) y un gorro de baño de esos de señora mayor monísimo de la muerte. Y claro, entre otras cosas, había que retratar al beneficiario de los regalitos para mandar la foto a los "regaladores". No quiero deciros las pintitas que tenía mi chico dentro de la piscina jugando con sus juguetes. Es "pa" (que no spá, jejeje) verlo.
Primero nos contaron el recorrido de aquella maravilla, del que ya no recuerdo el orden, pero era algo así como chorros fríos y calientes en los pinreles (pediluvio creo que se llama el invento), piscina con botones para chorretes varios, ducha de contraste (de esas que cortan la respiración porque están hechas para matarte casi; pero que la cortan, que no es cosa mía, es que te llevas tal susto que te mueres y cuando te mueres no respiras), luego creo que eran los chorracos para las cervicales (que ahí mi marido se emperró unas pocas de veces y a mí me recordaba al protagonista de alguna película de esas donde de una montaña repreciosa caen unas cataratas y el actor se refresca en ellas y queda de lo más sensual, pero siempre salvando las distancias en la comparación), vuelta a la ducha de contraste, esa en la que te moriste un rato antes, sauna finlandesa para terminar de morirte si con el contraste no se consiguió del todo, nuevo contraste con el que ya te rematan y por fin una ducha donde el agua fría te sorprende hasta que la que te pega la sorpresa es la caliente casi hirviendo.
Relajados no salimos, la verdad, porque mira que estresa tener una hora nada más para hacer tantísima cosa, de un lado para otro, botones aquí botones allá, chorros sin previo aviso, a mala leche diría yo, para que luego llegue el del hotel a la horita justa y diga... Señores, se terminó el recorrido. Plántate a toda velocidad también el albornoz que te prestan para el evento porque ya llegan los pobres que, como tú, piensan que van a relajarse con aquello y empapadito vuelve a tu habitación a darte ya, por fin, una ducha templadita y relajante.
No sé yo...
viernes, 7 de febrero de 2014
Llegó la incertidumbre
Hoy la cosa no ha empezado muy bien. Y eso que yo, por aquello de ser viernes, me había levantado algo más animadilla, aunque sin tirar cohetes.
Peeeeerooooooo.............
Al rato de llegar a la oficina me he dado de bruces con la noticia de que van a empezar a reubicar al personal. Mi primera reacción ha sido la de quedarme con los ojos como platos, pues era algo que todos sospechábamos, pero que esperábamos tardara mucho en producirse. Pero parece ser que no, que no va a ser a largo plazo, sino más a bien a muy corto. No hay dinero y este edificio tiene muchos gastos y cantidad de espacios infrautilizados y el presupuesto para este año va a ser mínimo, mínimo, mínimo.
Así que me veo haciendo las maletas junto con el resto de compañeros a la espera de un lugar mejor, aunque no lo habrá, pues la maravilla de estar rodeados de un amplio jardín y ver a los pájaros sobre los árboles cuando te asomas a la ventana no la hay en otra de las dependencias de esta santa casa.
Y me he venido abajo, otro poco más.
Lo único que espero es que sea un cambio de ubicación y no la tan temida oficina del paro. Empiezo a verme con un pie dentro y otro fuera con estos ánimos que llevo arrastras últimamente. Ojalá me equivoque. Y ojalá mi bajoncete dure ya poco. Voy a irme poniendo las pilas, hala!!!
Peeeeerooooooo.............
Al rato de llegar a la oficina me he dado de bruces con la noticia de que van a empezar a reubicar al personal. Mi primera reacción ha sido la de quedarme con los ojos como platos, pues era algo que todos sospechábamos, pero que esperábamos tardara mucho en producirse. Pero parece ser que no, que no va a ser a largo plazo, sino más a bien a muy corto. No hay dinero y este edificio tiene muchos gastos y cantidad de espacios infrautilizados y el presupuesto para este año va a ser mínimo, mínimo, mínimo.
Así que me veo haciendo las maletas junto con el resto de compañeros a la espera de un lugar mejor, aunque no lo habrá, pues la maravilla de estar rodeados de un amplio jardín y ver a los pájaros sobre los árboles cuando te asomas a la ventana no la hay en otra de las dependencias de esta santa casa.
Y me he venido abajo, otro poco más.
Lo único que espero es que sea un cambio de ubicación y no la tan temida oficina del paro. Empiezo a verme con un pie dentro y otro fuera con estos ánimos que llevo arrastras últimamente. Ojalá me equivoque. Y ojalá mi bajoncete dure ya poco. Voy a irme poniendo las pilas, hala!!!
viernes, 24 de enero de 2014
Felices cumpleaños
Hoy me he acordado de que mañana sería vuestro cumpleaños. Hermanos
con doce años de diferencia que casualmente nacisteis un 25 de enero. ¡Ahí es ná
mis dos granaínos!
Tú, papá, cumplirías nada menos que ochenta y nueve años y tú,
sin embargo, tío, si hubieras podido aguantar un poquitín más, ya harías
setenta y siete.
Espero que ahora, allá donde os podáis encontrar, habléis de
vuestras cosas, recordéis tiempos pasados y os deis un tironcete de orejas, ya
que no volvisteis a deciros más nada desde el año 1997 en que tú, papá, te nos
fuiste para siempre.
No penséis que os hablo desde la tristeza. No. Hoy no. Os
hablo desde el cariño aunque, como cada año que pasa sin alguno de vosotros,
me da un poco de penilla. Pero no me quiero poner dramática.
Hace muy pocos días, repasando como quien no quiere la cosa
fotos, te estuve viendo, papá, cuando mi hija pequeña era aún una niña, con
aquel traje de futbolista de la selección española y con mi mayor al lado
sonriendo, ellas en pie y tú sentadito en la puerta de tu casa. ¡Mira que te
gustaba el fútbol! Recuerdo especialmente nuestros paseos cuando yo era muy
chiquitaja y tú todavía salías conmigo a dar una vuelta, tu figura con tu transistor a cuestas los fines de semana porque no había manera de que olvidaras
por un rato que había partidos. O cuando repartías el carbón por las casas y yo
te acompañaba agarradita a aquel carro de hierro. Me gustaba ir contigo y tú
siempre hablabas de mí orgulloso a las vecinas a las que les subías el mineral
que les daba calor o con el que podían preparar la comida. ¡Qué tiempos!.
En cambio, de ti, tío, no tengo más foto que la que está en
tu DNI, ese que guardo como oro en paño. Pero, aunque esta cabeza mía pocos
recuerdos guarda, sí tiene entre los que quedan, aquellos días en que me
llevabas a la sierra junto a aquella novia tuya que poco te duró y que iba tan
pintada siempre, Juana. O los últimos tiempos que pasamos, aunque esos me han
dejado bastante mal sabor de boca por lo que tú y yo sabemos.
Me estoy enrollando y no quiero. Únicamente quería
felicitaros y deciros que espero que se produzca vuestro reencuentro y que podáis
pasar buenos ratos juntos. Y, si es posible, ahora que nada os puede hacer daño ya, comáis una tarta a destajo y disfrutéis de ella y que cuando lo hagáis, os acordéis de mí. Seguro que sí. Un beso muy fuerte a los dos.
jueves, 16 de enero de 2014
Rompiendo cadenas
No soy títere de nadie, al menos conscientemente. Y mucho
menos lo voy a ser tuyo. Cada uno tiene lo que se merece o eso dicen; yo tengo
mis dudas, pero espero que así sea.
Has ido siempre por libre, te has movido por tu propio
beneficio sin importarte jamás lo que eso podría suponer en los demás. A veces
he intentado pensar que lo haces sin darte mucha cuenta, pero no lo creo. Casi
estoy segura de que esa manera tuya de moverte por la vida es porque te
interesa, porque te gusta manejar a tu antojo sin reparar en el daño que puedas
estar causando. Eso te ha importado muy poco.
Y ahora no va a ser distinto; la única diferencia es que no
vamos a consentírtelo más. Vamos a respirar un poco, a tomar aire y a seguir
con lo nuestro (también tenemos vida al margen de tí afortunadamente), aunque a ti te pueda parecer que no es lo
justo, que te estamos dando una puñalada trapera porque queremos y somos unas
indeseables.
Lo que no me puedo explicar es cómo con tus mentiras
rebuscadas has podido conseguir dar el pego en los que no te conocen realmente.
Ayer lo hablaba con mi hermana, que está tan harta de la situación como yo, de
sentirse un fantoche cuando la buscas para sacar algo provechoso para ti.
Y hay algo que me molesta soberanamente. Y es que lleves ya
dos entradas en mi blog de protagonista, de centro de atención, eso que te ha
gustado tantísimo desde antes de que yo tuviera uso de razón.
Voy a jurarme que no lo volveré a repetir porque si lo hago
es porque sigo sintiéndome mal, que me sigues afectando; de lo único que me sirve esto
es de desahogo, de soltar lastre, de apaciguar la rabia que tengo cuando pienso
en cómo actúas. Habrías sido una magnífica actriz dramática. No sabe el arte lo
que se ha perdido por no haberte conocido.
*Siento que los pocos que me leáis os podáis quedar con los
ojos a cuadros, pero estoy pasando por una etapa un tanto complicada (un mucho
complicada diría yo) y necesito soltar lo que llevo dentro para que no me
corroa.
martes, 14 de enero de 2014
Sin miedo
Hay mensajes en las canciones que nos hacen respirar, que consiguen que veamos las cosas con optimismo, con ganas de vivir. Puse hace unas cuantas entradas una canción de Rosana que me trasmitía entusiasmo y felicidad por estar viva. Hoy os pongo otra, también de Rosana, de su primer disco, Lunas Rotas. Este fin de semana insulso que he pasado me puse el DVD regalito de los Reyes Magos (es un especial con 3 cd´s y un dvd conmemorando los diez primeros años desde que sacó ese primer disco: se llama De casa a las Ventas) y la canción Sin miedo nos lleva a pensar que no hay que temer a la adversidad, que si no estamos dispuestos a que lo malo pueda con nosotros, conseguiremos llegar a donde nos propongamos, que debemos vivir SIN MIEDO.
Aplicaros el cuento. Merece la pena.
Sin miedo sientes que la suerte está contigo
Jugando con los duendes abrigándote el camino
Haciendo a cada paso lo mejor de lo vivido
Mejor vivir sin miedo
Sin miedo, lo malo se nos va volviendo bueno
Las calles se confunden con el cielo
Y nos hacemos aves, sobrevolando el suelo, así
Sin miedo, si quieres las estrellas vuelco el cielo
No hay sueños imposibles ni tan lejos
Si somos como niños
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir
Sin miedo sientes que la suerte está contigo...
Sin miedo, las olas se acarician con el fuego
Si alzamos bien las yemas de los dedos
Podemos de puntillas tocar el universo, sí
Sin miedo, las manos se nos llenan de deseos
Que no son imposibles ni están lejos
Si somos como niños
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir
Sin miedo sientes que la suerte está contigo...
Lo malo se nos va volviendo bueno
Si quieres las estrellas vuelco el cielo
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir
Aplicaros el cuento. Merece la pena.
Sin miedo sientes que la suerte está contigo
Jugando con los duendes abrigándote el camino
Haciendo a cada paso lo mejor de lo vivido
Mejor vivir sin miedo
Sin miedo, lo malo se nos va volviendo bueno
Las calles se confunden con el cielo
Y nos hacemos aves, sobrevolando el suelo, así
Sin miedo, si quieres las estrellas vuelco el cielo
No hay sueños imposibles ni tan lejos
Si somos como niños
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir
Sin miedo sientes que la suerte está contigo...
Sin miedo, las olas se acarician con el fuego
Si alzamos bien las yemas de los dedos
Podemos de puntillas tocar el universo, sí
Sin miedo, las manos se nos llenan de deseos
Que no son imposibles ni están lejos
Si somos como niños
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir
Sin miedo sientes que la suerte está contigo...
Lo malo se nos va volviendo bueno
Si quieres las estrellas vuelco el cielo
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir
martes, 7 de enero de 2014
Al fin la normalidad
Ayer recibí una tontá en el móvil que me resultó graciosa a la par que verídica:
Aviso a toda la población: el simulacro de Paz y Amor ha finalizado. Guarden los langostinos, insulten a sus cuñados y disuélvanse
Y bueno, salvo lo de insultar a los cuñados (en nuestro caso no nos pega por ahí) el resto me parece apropiado. Los langostinos ya no están hace una semana, pero la Paz y Amor también brillan por su ausencia salvo en estas fechas recientemente pasadas (por fortuna)y lo de la disolución es lo mejor que hemos podido hacer ya. Hemos estado secuestrados, como siempre en navidad, por esos días de concordia, de amor y de pringue cariñoso hasta las cejas, a pesar de que nos hayamos estado dando puñaladas traperas el resto del año.
Yo ya tenía ganas de volver a lo de siempre, de comer normal, de no tener que reír las gracias menos graciosas y de recuperar la rutina, porque sí, debo decir que he terminado de fiestas hasta el mismitico gorro que no llevo porque odio los gorros. Y lo malo es que en un año que se nos habrá pasado antes de decir "amén" (tal palabra no saldrá de mi boca) volveremos a estar a partir un piñón con los que quizás poco antes nos hayamos partido la cara.
Os deseo lo que a todos, que las cosas pinten bien y que nos sea un poco más leve que el 2013.
Saluditos para todos y todas
Aviso a toda la población: el simulacro de Paz y Amor ha finalizado. Guarden los langostinos, insulten a sus cuñados y disuélvanse
Y bueno, salvo lo de insultar a los cuñados (en nuestro caso no nos pega por ahí) el resto me parece apropiado. Los langostinos ya no están hace una semana, pero la Paz y Amor también brillan por su ausencia salvo en estas fechas recientemente pasadas (por fortuna)y lo de la disolución es lo mejor que hemos podido hacer ya. Hemos estado secuestrados, como siempre en navidad, por esos días de concordia, de amor y de pringue cariñoso hasta las cejas, a pesar de que nos hayamos estado dando puñaladas traperas el resto del año.
Yo ya tenía ganas de volver a lo de siempre, de comer normal, de no tener que reír las gracias menos graciosas y de recuperar la rutina, porque sí, debo decir que he terminado de fiestas hasta el mismitico gorro que no llevo porque odio los gorros. Y lo malo es que en un año que se nos habrá pasado antes de decir "amén" (tal palabra no saldrá de mi boca) volveremos a estar a partir un piñón con los que quizás poco antes nos hayamos partido la cara.
Os deseo lo que a todos, que las cosas pinten bien y que nos sea un poco más leve que el 2013.
Saluditos para todos y todas
jueves, 12 de diciembre de 2013
Tenía que pasar
Estaba claro.
Él fallecería y tú ocuparías su lugar. Pero la enorme diferencia es que él sabía dar cariño y tú jamás ha sabido hacerlo. Y eso es algo que he mamado prácticamente desde que tengo uso de razón.
Últimamente ando con la tensión alta y sé los motivos: uno es su muerte y el otro el reencuentro contigo. Lo suyo ya no tiene arreglo, por desgracia. Y lo tuyo tampoco lo tendrá, pues soy cobarde; siempre lo he sido contigo. Y eso es lo que más me molesta, aparte de saber que en algunas cosas me parezco a tí. Y lo detesto. Y para colmo me machaco dando vueltas a si al igual que tú nunca has sido buena madre yo no estoy siendo buena hija.
Te tolero por respeto, pero sinceramente me sobras, no te necesito, del mismo modo que sé con certeza que tú tampoco nos has necesitado a ninguno como hijos.
Quisiera que al menos pudieras darme pena (además eso te entusiasma: dar pena o ir de víctima es algo que siempre se te dió de perlas), pero ni siquiera ese sentimiento me sale. Intento ayudarte en lo que puedo, pero no me digas qué motivo me mueve a ello, porque realmente no lo sé.
Cuando murió mi padre me pregunté muchas veces por qué no habrías sido tú la que hubiera muerto en lugar de él. Ahora murió mi tío y me cuestiono lo mismo.
Nunca me han gustado las navidades, pero estas van a ser peores que todas las demás. Estaré obligada a verte y eso me va a suponer un triunfo. Cuando vivías en Málaga estaba tranquilísima. No me afectabas ni para bien ni para mal, aunque para bien no sé si me habrás afectado alguna vez. No lo recuerdo. Pero ahora, en Madrid, las cosas me van a cambiar para peor.
Habrá que esperar a que vengan momentos mejores; o, al menos, a que tu presencia deje de afectarme en la salud. Sé que cuando faltes no sentiré nada; me vas a doler muy poco. No tendrá nada que ver a lo que me dolió cuando ellos dos murieron, porque ambos eran buenas personas. Tú no lo has sabido ser nunca. Pero es que tampoco has querido aprenderlo.
Él fallecería y tú ocuparías su lugar. Pero la enorme diferencia es que él sabía dar cariño y tú jamás ha sabido hacerlo. Y eso es algo que he mamado prácticamente desde que tengo uso de razón.
Últimamente ando con la tensión alta y sé los motivos: uno es su muerte y el otro el reencuentro contigo. Lo suyo ya no tiene arreglo, por desgracia. Y lo tuyo tampoco lo tendrá, pues soy cobarde; siempre lo he sido contigo. Y eso es lo que más me molesta, aparte de saber que en algunas cosas me parezco a tí. Y lo detesto. Y para colmo me machaco dando vueltas a si al igual que tú nunca has sido buena madre yo no estoy siendo buena hija.
Te tolero por respeto, pero sinceramente me sobras, no te necesito, del mismo modo que sé con certeza que tú tampoco nos has necesitado a ninguno como hijos.
Quisiera que al menos pudieras darme pena (además eso te entusiasma: dar pena o ir de víctima es algo que siempre se te dió de perlas), pero ni siquiera ese sentimiento me sale. Intento ayudarte en lo que puedo, pero no me digas qué motivo me mueve a ello, porque realmente no lo sé.
Cuando murió mi padre me pregunté muchas veces por qué no habrías sido tú la que hubiera muerto en lugar de él. Ahora murió mi tío y me cuestiono lo mismo.
Nunca me han gustado las navidades, pero estas van a ser peores que todas las demás. Estaré obligada a verte y eso me va a suponer un triunfo. Cuando vivías en Málaga estaba tranquilísima. No me afectabas ni para bien ni para mal, aunque para bien no sé si me habrás afectado alguna vez. No lo recuerdo. Pero ahora, en Madrid, las cosas me van a cambiar para peor.
Habrá que esperar a que vengan momentos mejores; o, al menos, a que tu presencia deje de afectarme en la salud. Sé que cuando faltes no sentiré nada; me vas a doler muy poco. No tendrá nada que ver a lo que me dolió cuando ellos dos murieron, porque ambos eran buenas personas. Tú no lo has sabido ser nunca. Pero es que tampoco has querido aprenderlo.
jueves, 21 de noviembre de 2013
Quiero que sepas...
... que va para cinco meses que no estás con nosotros. Y hoy,
después de ese tiempo, quisiera hablar contigo aunque ya no te tenga. Están siendo cinco meses de pena y de sentimientos amargos.
No es que sienta culpa por pensar que no hice lo que debía por ti -no me
reprocho nada- salvo saber que cuando ya decidiste que querías dejarnos no
estuve contigo; me operaron dos días antes, ¿te acuerdas?. Luego, en algún
momento de lucidez preguntabas a mi marido por mí porque yo no había ido a
verte al hospital y querías saber si había tenido niño o niña. Pobre mío, tu
cabeza ya estaba casi ida con tanto calmante para que tu enfermedad no te
siguiera haciendo más daño. Lo que más siento es que había veces en que te
dabas cuenta de que algo en ella no iba bien y preguntabas qué te estaban
haciendo para estar así si tu cerebro funcionaba bien cuando llegaste allí.
¿Sabes cuál es una de las cosas que más tengo presente? Cuando
te acompañé la última vez a urgencias días antes de mi operación porque estabas
ya muy malito y llorabas porque no querías seguir viviendo y rogabas a dios que
te llevara con él y me decías que por qué estábamos siendo tan buenos contigo si
no lo merecías y llorabas por mis hijas y hablabas del daño que les habías
hecho. Ellas tampoco estaban aquí cuando se te acabaron las ganas de vivir. ¿Te
acuerdas que se habían ido a Irlanda un mes de voluntarias a dos granjas? Yo te
lo contaba y tú unas veces parecías darte cuenta y otras te quedabas absorto,
con la mirada ida del todo y tus cansados ojitos vidriosos, como oyéndome, pero sin escuchar lo que te decía. A
ellas, a mis hijas, no les contamos la verdad hasta que no volvieron de
Irlanda; preguntaban por ti cada vez que hablábamos con ellas y siempre les
decíamos que estabas más o menos igual, incluso mejor a veces, porque no
queríamos que sufrieran desde allí, tan lejos, si sabían que estabas empeorando
a pasos agigantados y que tu fin estaba muy próximo. Fue muy difícil seguir
hablándoles de ti cuando ya no estabas, pero no nos quedó más remedio que tenerlas engañadas. Lo
comprendieron, aunque al principio les costó y nos reprocharon no haberles dicho
la verdad desde el primer momento.
Ayer saqué los papeles de hospitales, de medicaciones, de
solicitudes de dependencia o de residencia de mayores que, como tú bien decías,
no iban a servir para nada, que te morirías antes de que tuviéramos noticias, tu D.N.I., tus carterillas del abono-transporte, tu
reloj… Tiré todos los papelotes, incluidos los innumerables informes médicos. Total, ahora ya no sufres; no vas a tener que volver a pasar por más pruebas médicas ni
volverán a darte todas esas pastillas de las que te quejabas siempre porque te
guarreaban el estómago. Llevo conmigo siempre tu monederillo negro, aquel en el que te gustaba meter la calderilla; guardo en
él las llaves de la oficina y ya no se me pierden por el bolso.
Pero lo más importante de todo, aunque lo esté pasando un poco mal, es que a diario
me acuerdo de ti y sigues con nosotros. Necesito que lo sepas, tío Carlos. Te envío un beso grandísimo que espero recibas con todo el cariño y la fuerza con que yo te lo mando.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
LA MAESTRA - Hector Gagliardi
y como ella nerviosa,
de las que agrandan las cosas
y que por nada se quejan;
Tenía entre ceja y ceja
esa cuestión del aseo y en lo mejor del recreo
revisaba las orejas.
Decía que un pajarito
al oído le nombrabalos niños que conversaban
cuando salía un ratito;
Y si un grandote de quinto
armaba la tremolina, parecía una gallina
cuando tiene los pollitos.
Nos tomaba la lección
siguiendo el orden de lista y obligaba con la vista
a seguir con atención.
Yo era medio remolón
porque andaba por la “G” y cien veces me chasquié
al preguntar de a traición.
Se pasaba todo el día
prometiendo malas notas y que en vez de la pelota
estudiaran geometría.
Era mujer que sabía
de un golazo de boleo, por eso es que en el recreo
los muchachos se reían.
Pero un vez se enfermó
y mandaron la suplente que enseñaba diferente
y un día de “usted” nos trató.
Y nosotros ¡qué se yo!...
sería mejor maestra pero fieles a la nuestra
declaramos el boicot.
Y cuando ya vino al grado
después de la enfermedad nos pusimos a gritar
que casi la desmayamos
y cuando vio tantas manos
que la querían tocar
de floja se echo a llorar
y nosotros la imitamos.
Ah! Pobre maestra mía!
¡Cómo estarás ya de vieja! revísame las orejas,
soy un chico todavía.
No sabes con qué alegría
quisiera volverte a ver: no me vas a conocer
pero entonces te diría:
Yo ocupaba el tercer banco
al lado de la ventana,
el que abría las persianas
cuando el sol no daba tanto.
El que se ahogaba de llanto
el día que te dejó y que nunca te olvidó
y es por eso que te canto.
Vos sos la dulce canción
de la edad que ya se fue; hoy he venido otra vez
para darte la lección:
Preguntame de a traición,
maestra del cuarto grado,
que cuanto me has enseñado
lo llevo en el corazón.
Este poema se lo quiero dedicar a alguien que, a pesar de no
saber si vive o ya falleció, causó en mí un sentimiento de cariño impresionante
y eso es algo muy de agradecer por mi parte. Su nombre es (o era) Mª Ángeles,
de Puertollano, y fue mi maestra cuando yo era pequeñaja. Cuando yo tenía siete
años cambiamos de barrio y empecé a ir a otro cole más cercano, pero siempre la
recordé; incluso fui a verla cuando yo estaba ya en el instituto. Y, por muchos
años que hayan pasado, sigue aquí, en esta cabecita mía, como lo que era, una
de las mejores maestras y personas que por mi vida han pasado. Ójala todos los
profesionales de cualquier oficio fueran como ella fue, una auténtica luchadora
a la que le entusiasmaba su profesión y que peleaba porque sus
"niños" aprendieran, ante todo, a ser buenas personas. ¡Gracias, Mª
Ángeles!
lunes, 7 de octubre de 2013
Ahí es ná
Quién la ha visto y quién la ve...
La muñeca más deseada por las niñas en los 70 y principios de los 80, Nancy, cumple 45 años. El museo madrileño del Traje ha decidido dedicarle una exposición gratuita en la que lucen los modelos de 25 modistos españoles.
Creo que en alguna de mis entradas (o igual lo he soñado) dije que cuando hice la comunión me regalaron una Nancy monja con su crucifijo colgadito en madera y tó y con el hábito bien largo para que no se le viera ná de ná. Y debo decir que en aquel momento hasta me gustaba, aunque ahora sólo de pensarlo me da hasta repelús.
Así que no soy yo la única que cumple años. Hasta la Nancy e incluso la Barbie cinturita de avispa ya no son lo que fueron. Lo único que ellas tienen y no yo, es que las arrugas no se les marcan ni les dan dolores por aquí o por allí. Y si les dan no se quejan ni una pizquita. Son mujeres resignadas. Y en eso tampoco se me parecen.
He rebuscado por San Google y la he encontrado. A mi Nancy monja, quiero decir. Mira que es fea la puñetera!!!!
sábado, 28 de septiembre de 2013
Una de estrés porque me da la gana
Estoy ya estresada y aún no he empezado. No sabía yo bien que me fuera tanto la marcha, pero parece ser que sí por cómo me estoy comportando. Me refiero a las actividades "extraescolares", jejeje.
Una tiene una tarde ocupada, la de los martes, en la que voy dos horas a Manualidades a desestresarme y a la par pasarlo bien y llevar cosas para casa que he hecho yo o para regalar. No recuerdo bien si allá por febrero me apunté también, en este caso los viernes y esta vez con mi contrario, a clases de bailes de salón, algo a lo que yo no quería meterme pues siempre me dió una vergüenza impresionante aquello de bailar en público, pues mi arte no hay quien lo aguante. Y mira tú por dónde que ahí me equivoqué. No en que mi arte no haya quien lo aguante, sino en que terminé por perder la poca vergüenza que me quedaba y resulta que me lo paso pipa (nos lo pasamos pipa los dos, que él también se echa unas buenas risas; no soy yo sola la loca de las carcajadas).
Pero es que resulta que como ya dije en mi anterior entrada, los años nos van cayendo y los dolorcillos también a la par que el no tener ni pizca ya de flexibilidad, así que nos hemos liado la manta a la cabeza y nos vamos a iniciar en el mundo del pilates otras dos tardes y oye, que lo mismo hasta consigo ser una Nadia Comaneci y no me reconozco ni yo. Pues eso, que me va a quedar libre la tarde de los jueves. Lo que no sé es si la aprovecharé para hacer lo pendiente o terminaré tirada para descansar de tanto estrés vespertino. Os seguiré contando mis avatares.
Una tiene una tarde ocupada, la de los martes, en la que voy dos horas a Manualidades a desestresarme y a la par pasarlo bien y llevar cosas para casa que he hecho yo o para regalar. No recuerdo bien si allá por febrero me apunté también, en este caso los viernes y esta vez con mi contrario, a clases de bailes de salón, algo a lo que yo no quería meterme pues siempre me dió una vergüenza impresionante aquello de bailar en público, pues mi arte no hay quien lo aguante. Y mira tú por dónde que ahí me equivoqué. No en que mi arte no haya quien lo aguante, sino en que terminé por perder la poca vergüenza que me quedaba y resulta que me lo paso pipa (nos lo pasamos pipa los dos, que él también se echa unas buenas risas; no soy yo sola la loca de las carcajadas).
Pero es que resulta que como ya dije en mi anterior entrada, los años nos van cayendo y los dolorcillos también a la par que el no tener ni pizca ya de flexibilidad, así que nos hemos liado la manta a la cabeza y nos vamos a iniciar en el mundo del pilates otras dos tardes y oye, que lo mismo hasta consigo ser una Nadia Comaneci y no me reconozco ni yo. Pues eso, que me va a quedar libre la tarde de los jueves. Lo que no sé es si la aprovecharé para hacer lo pendiente o terminaré tirada para descansar de tanto estrés vespertino. Os seguiré contando mis avatares.
lunes, 16 de septiembre de 2013
Van cayendo los años
Que nos vamos haciendo mayores es evidente. Cuando los días empiezan a pasar como volando y los años ni te cuento, cuando tus hijos ya no son esos pequeñajos que dependían de ti, cuando tus allegados no están como estaban antes o incluso ya ni están, cuando la memoria no es ya la que era, cuando gruñes por casi todo, cuando cada vez te gusta menos alguna gente…. Síntomas evidentes y claros de que ya no eres una chavala por mucho que te cueste asumirlo, Marisa. Pero el colmo de los colmos, aparte de seguir cumpliendo años cuando ya te habías negado a hacerlo y decías que tenías 28, es cuando casi a diario hablas de enfermedades, o, como en mi caso, voy más al médico que al váter. Evidentemente me estoy haciendo mayor. Me han caído los 47 años y ya llevo con ellos a cuestas dos meses. Y yo que aún creía que estaba hecha una moza… ¡Qué poquita cabeza tengo! Y la espalda no veas! Y las piernas pa qué contarte... Y de la vista ni hablamos!
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