Hay mensajes en las canciones que nos hacen respirar, que consiguen que veamos las cosas con optimismo, con ganas de vivir. Puse hace unas cuantas entradas una canción de Rosana que me trasmitía entusiasmo y felicidad por estar viva. Hoy os pongo otra, también de Rosana, de su primer disco, Lunas Rotas. Este fin de semana insulso que he pasado me puse el DVD regalito de los Reyes Magos (es un especial con 3 cd´s y un dvd conmemorando los diez primeros años desde que sacó ese primer disco: se llama De casa a las Ventas) y la canción Sin miedo nos lleva a pensar que no hay que temer a la adversidad, que si no estamos dispuestos a que lo malo pueda con nosotros, conseguiremos llegar a donde nos propongamos, que debemos vivir SIN MIEDO.
Aplicaros el cuento. Merece la pena.
Sin
miedo sientes que la suerte está contigo
Jugando con los duendes abrigándote
el camino
Haciendo a cada paso lo mejor de lo vivido
Mejor vivir sin
miedo
Sin miedo, lo malo se nos va volviendo bueno
Las calles se
confunden con el cielo
Y nos hacemos aves, sobrevolando el suelo, así
Sin miedo, si quieres las estrellas vuelco el cielo
No hay sueños
imposibles ni tan lejos
Si somos como niños
Sin miedo a la locura, sin
miedo a sonreir
Sin miedo sientes que la suerte está contigo...
Sin miedo, las olas se acarician con el fuego
Si alzamos bien las
yemas de los dedos
Podemos de puntillas tocar el universo, sí
Sin miedo,
las manos se nos llenan de deseos
Que no son imposibles ni están lejos
Si somos como niños
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir
Sin miedo sientes que la suerte está contigo...
Lo malo se nos
va volviendo bueno
Si quieres las estrellas vuelco el cielo
Sin miedo a
la locura, sin miedo a sonreir
Rrrrr, Rrrrrr, Rrrrrrr
martes, 14 de enero de 2014
martes, 7 de enero de 2014
Al fin la normalidad
Ayer recibí una tontá en el móvil que me resultó graciosa a la par que verídica:
Aviso a toda la población: el simulacro de Paz y Amor ha finalizado. Guarden los langostinos, insulten a sus cuñados y disuélvanse
Y bueno, salvo lo de insultar a los cuñados (en nuestro caso no nos pega por ahí) el resto me parece apropiado. Los langostinos ya no están hace una semana, pero la Paz y Amor también brillan por su ausencia salvo en estas fechas recientemente pasadas (por fortuna)y lo de la disolución es lo mejor que hemos podido hacer ya. Hemos estado secuestrados, como siempre en navidad, por esos días de concordia, de amor y de pringue cariñoso hasta las cejas, a pesar de que nos hayamos estado dando puñaladas traperas el resto del año.
Yo ya tenía ganas de volver a lo de siempre, de comer normal, de no tener que reír las gracias menos graciosas y de recuperar la rutina, porque sí, debo decir que he terminado de fiestas hasta el mismitico gorro que no llevo porque odio los gorros. Y lo malo es que en un año que se nos habrá pasado antes de decir "amén" (tal palabra no saldrá de mi boca) volveremos a estar a partir un piñón con los que quizás poco antes nos hayamos partido la cara.
Os deseo lo que a todos, que las cosas pinten bien y que nos sea un poco más leve que el 2013.
Saluditos para todos y todas
Aviso a toda la población: el simulacro de Paz y Amor ha finalizado. Guarden los langostinos, insulten a sus cuñados y disuélvanse
Y bueno, salvo lo de insultar a los cuñados (en nuestro caso no nos pega por ahí) el resto me parece apropiado. Los langostinos ya no están hace una semana, pero la Paz y Amor también brillan por su ausencia salvo en estas fechas recientemente pasadas (por fortuna)y lo de la disolución es lo mejor que hemos podido hacer ya. Hemos estado secuestrados, como siempre en navidad, por esos días de concordia, de amor y de pringue cariñoso hasta las cejas, a pesar de que nos hayamos estado dando puñaladas traperas el resto del año.
Yo ya tenía ganas de volver a lo de siempre, de comer normal, de no tener que reír las gracias menos graciosas y de recuperar la rutina, porque sí, debo decir que he terminado de fiestas hasta el mismitico gorro que no llevo porque odio los gorros. Y lo malo es que en un año que se nos habrá pasado antes de decir "amén" (tal palabra no saldrá de mi boca) volveremos a estar a partir un piñón con los que quizás poco antes nos hayamos partido la cara.
Os deseo lo que a todos, que las cosas pinten bien y que nos sea un poco más leve que el 2013.
Saluditos para todos y todas
jueves, 19 de diciembre de 2013
martes, 17 de diciembre de 2013
Cupido y sus flechas
Ya está bien de penas y de malos rollos. Hay que despejar la mente y desalojar de ella lo que nos duela, así que qué mejor que un corto saladete para animar. Y lo de animar nunca mejor dicho, pues es un corto de animación. Ahí va:
jueves, 12 de diciembre de 2013
Tenía que pasar
Estaba claro.
Él fallecería y tú ocuparías su lugar. Pero la enorme diferencia es que él sabía dar cariño y tú jamás ha sabido hacerlo. Y eso es algo que he mamado prácticamente desde que tengo uso de razón.
Últimamente ando con la tensión alta y sé los motivos: uno es su muerte y el otro el reencuentro contigo. Lo suyo ya no tiene arreglo, por desgracia. Y lo tuyo tampoco lo tendrá, pues soy cobarde; siempre lo he sido contigo. Y eso es lo que más me molesta, aparte de saber que en algunas cosas me parezco a tí. Y lo detesto. Y para colmo me machaco dando vueltas a si al igual que tú nunca has sido buena madre yo no estoy siendo buena hija.
Te tolero por respeto, pero sinceramente me sobras, no te necesito, del mismo modo que sé con certeza que tú tampoco nos has necesitado a ninguno como hijos.
Quisiera que al menos pudieras darme pena (además eso te entusiasma: dar pena o ir de víctima es algo que siempre se te dió de perlas), pero ni siquiera ese sentimiento me sale. Intento ayudarte en lo que puedo, pero no me digas qué motivo me mueve a ello, porque realmente no lo sé.
Cuando murió mi padre me pregunté muchas veces por qué no habrías sido tú la que hubiera muerto en lugar de él. Ahora murió mi tío y me cuestiono lo mismo.
Nunca me han gustado las navidades, pero estas van a ser peores que todas las demás. Estaré obligada a verte y eso me va a suponer un triunfo. Cuando vivías en Málaga estaba tranquilísima. No me afectabas ni para bien ni para mal, aunque para bien no sé si me habrás afectado alguna vez. No lo recuerdo. Pero ahora, en Madrid, las cosas me van a cambiar para peor.
Habrá que esperar a que vengan momentos mejores; o, al menos, a que tu presencia deje de afectarme en la salud. Sé que cuando faltes no sentiré nada; me vas a doler muy poco. No tendrá nada que ver a lo que me dolió cuando ellos dos murieron, porque ambos eran buenas personas. Tú no lo has sabido ser nunca. Pero es que tampoco has querido aprenderlo.
Él fallecería y tú ocuparías su lugar. Pero la enorme diferencia es que él sabía dar cariño y tú jamás ha sabido hacerlo. Y eso es algo que he mamado prácticamente desde que tengo uso de razón.
Últimamente ando con la tensión alta y sé los motivos: uno es su muerte y el otro el reencuentro contigo. Lo suyo ya no tiene arreglo, por desgracia. Y lo tuyo tampoco lo tendrá, pues soy cobarde; siempre lo he sido contigo. Y eso es lo que más me molesta, aparte de saber que en algunas cosas me parezco a tí. Y lo detesto. Y para colmo me machaco dando vueltas a si al igual que tú nunca has sido buena madre yo no estoy siendo buena hija.
Te tolero por respeto, pero sinceramente me sobras, no te necesito, del mismo modo que sé con certeza que tú tampoco nos has necesitado a ninguno como hijos.
Quisiera que al menos pudieras darme pena (además eso te entusiasma: dar pena o ir de víctima es algo que siempre se te dió de perlas), pero ni siquiera ese sentimiento me sale. Intento ayudarte en lo que puedo, pero no me digas qué motivo me mueve a ello, porque realmente no lo sé.
Cuando murió mi padre me pregunté muchas veces por qué no habrías sido tú la que hubiera muerto en lugar de él. Ahora murió mi tío y me cuestiono lo mismo.
Nunca me han gustado las navidades, pero estas van a ser peores que todas las demás. Estaré obligada a verte y eso me va a suponer un triunfo. Cuando vivías en Málaga estaba tranquilísima. No me afectabas ni para bien ni para mal, aunque para bien no sé si me habrás afectado alguna vez. No lo recuerdo. Pero ahora, en Madrid, las cosas me van a cambiar para peor.
Habrá que esperar a que vengan momentos mejores; o, al menos, a que tu presencia deje de afectarme en la salud. Sé que cuando faltes no sentiré nada; me vas a doler muy poco. No tendrá nada que ver a lo que me dolió cuando ellos dos murieron, porque ambos eran buenas personas. Tú no lo has sabido ser nunca. Pero es que tampoco has querido aprenderlo.
miércoles, 27 de noviembre de 2013
La orquesta en el tejado
Hacía ya tiempo que no íbamos a Madrid; no nos entusiasma la idea más que en contadas ocasiones, pero este domingo pasado tocaba visita a un sitio concreto a ver algo también muy concreto y lleno de vida y musicalidad: El Teatro Español acogía a Ara Malikian y todos los chicos y chicas que le acompañaban. Conocíamos a Malikian de una vez que le vimos junto a Yllana en la obra Pagagnini donde hicieron el deleite de todos los que nos congregamos allí.
Y esta vez no podía ser diferente. Su magnífica obra musical, La orquesta en el tejado, con él, impresionante maestro del violín y los que le acompañaban con más violines, violoncellos, violas y contrabajo, también estupendos músicos, hicieron que todos los asistentes quedáramos boquiabiertos. Además, tiene un sentido del humor espectacular, por lo que nos llevamos dos en uno. Os lo recomiendo porque seguro que os encanta. Os dejo una de las piezas:
Y esta vez no podía ser diferente. Su magnífica obra musical, La orquesta en el tejado, con él, impresionante maestro del violín y los que le acompañaban con más violines, violoncellos, violas y contrabajo, también estupendos músicos, hicieron que todos los asistentes quedáramos boquiabiertos. Además, tiene un sentido del humor espectacular, por lo que nos llevamos dos en uno. Os lo recomiendo porque seguro que os encanta. Os dejo una de las piezas:
jueves, 21 de noviembre de 2013
Quiero que sepas...
... que va para cinco meses que no estás con nosotros. Y hoy,
después de ese tiempo, quisiera hablar contigo aunque ya no te tenga. Están siendo cinco meses de pena y de sentimientos amargos.
No es que sienta culpa por pensar que no hice lo que debía por ti -no me
reprocho nada- salvo saber que cuando ya decidiste que querías dejarnos no
estuve contigo; me operaron dos días antes, ¿te acuerdas?. Luego, en algún
momento de lucidez preguntabas a mi marido por mí porque yo no había ido a
verte al hospital y querías saber si había tenido niño o niña. Pobre mío, tu
cabeza ya estaba casi ida con tanto calmante para que tu enfermedad no te
siguiera haciendo más daño. Lo que más siento es que había veces en que te
dabas cuenta de que algo en ella no iba bien y preguntabas qué te estaban
haciendo para estar así si tu cerebro funcionaba bien cuando llegaste allí.
¿Sabes cuál es una de las cosas que más tengo presente? Cuando
te acompañé la última vez a urgencias días antes de mi operación porque estabas
ya muy malito y llorabas porque no querías seguir viviendo y rogabas a dios que
te llevara con él y me decías que por qué estábamos siendo tan buenos contigo si
no lo merecías y llorabas por mis hijas y hablabas del daño que les habías
hecho. Ellas tampoco estaban aquí cuando se te acabaron las ganas de vivir. ¿Te
acuerdas que se habían ido a Irlanda un mes de voluntarias a dos granjas? Yo te
lo contaba y tú unas veces parecías darte cuenta y otras te quedabas absorto,
con la mirada ida del todo y tus cansados ojitos vidriosos, como oyéndome, pero sin escuchar lo que te decía. A
ellas, a mis hijas, no les contamos la verdad hasta que no volvieron de
Irlanda; preguntaban por ti cada vez que hablábamos con ellas y siempre les
decíamos que estabas más o menos igual, incluso mejor a veces, porque no
queríamos que sufrieran desde allí, tan lejos, si sabían que estabas empeorando
a pasos agigantados y que tu fin estaba muy próximo. Fue muy difícil seguir
hablándoles de ti cuando ya no estabas, pero no nos quedó más remedio que tenerlas engañadas. Lo
comprendieron, aunque al principio les costó y nos reprocharon no haberles dicho
la verdad desde el primer momento.
Ayer saqué los papeles de hospitales, de medicaciones, de
solicitudes de dependencia o de residencia de mayores que, como tú bien decías,
no iban a servir para nada, que te morirías antes de que tuviéramos noticias, tu D.N.I., tus carterillas del abono-transporte, tu
reloj… Tiré todos los papelotes, incluidos los innumerables informes médicos. Total, ahora ya no sufres; no vas a tener que volver a pasar por más pruebas médicas ni
volverán a darte todas esas pastillas de las que te quejabas siempre porque te
guarreaban el estómago. Llevo conmigo siempre tu monederillo negro, aquel en el que te gustaba meter la calderilla; guardo en
él las llaves de la oficina y ya no se me pierden por el bolso.
Pero lo más importante de todo, aunque lo esté pasando un poco mal, es que a diario
me acuerdo de ti y sigues con nosotros. Necesito que lo sepas, tío Carlos. Te envío un beso grandísimo que espero recibas con todo el cariño y la fuerza con que yo te lo mando.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
TRES CANCIONES, TRES
Porque hoy venía escuchándolas en el coche tempranito y alguna sigue aún en mi cabeza. Espero que os gusten como a mí:
miércoles, 13 de noviembre de 2013
LA MAESTRA - Hector Gagliardi
y como ella nerviosa,
de las que agrandan las cosas
y que por nada se quejan;
Tenía entre ceja y ceja
esa cuestión del aseo y en lo mejor del recreo
revisaba las orejas.
Decía que un pajarito
al oído le nombrabalos niños que conversaban
cuando salía un ratito;
Y si un grandote de quinto
armaba la tremolina, parecía una gallina
cuando tiene los pollitos.
Nos tomaba la lección
siguiendo el orden de lista y obligaba con la vista
a seguir con atención.
Yo era medio remolón
porque andaba por la “G” y cien veces me chasquié
al preguntar de a traición.
Se pasaba todo el día
prometiendo malas notas y que en vez de la pelota
estudiaran geometría.
Era mujer que sabía
de un golazo de boleo, por eso es que en el recreo
los muchachos se reían.
Pero un vez se enfermó
y mandaron la suplente que enseñaba diferente
y un día de “usted” nos trató.
Y nosotros ¡qué se yo!...
sería mejor maestra pero fieles a la nuestra
declaramos el boicot.
Y cuando ya vino al grado
después de la enfermedad nos pusimos a gritar
que casi la desmayamos
y cuando vio tantas manos
que la querían tocar
de floja se echo a llorar
y nosotros la imitamos.
Ah! Pobre maestra mía!
¡Cómo estarás ya de vieja! revísame las orejas,
soy un chico todavía.
No sabes con qué alegría
quisiera volverte a ver: no me vas a conocer
pero entonces te diría:
Yo ocupaba el tercer banco
al lado de la ventana,
el que abría las persianas
cuando el sol no daba tanto.
El que se ahogaba de llanto
el día que te dejó y que nunca te olvidó
y es por eso que te canto.
Vos sos la dulce canción
de la edad que ya se fue; hoy he venido otra vez
para darte la lección:
Preguntame de a traición,
maestra del cuarto grado,
que cuanto me has enseñado
lo llevo en el corazón.
Este poema se lo quiero dedicar a alguien que, a pesar de no
saber si vive o ya falleció, causó en mí un sentimiento de cariño impresionante
y eso es algo muy de agradecer por mi parte. Su nombre es (o era) Mª Ángeles,
de Puertollano, y fue mi maestra cuando yo era pequeñaja. Cuando yo tenía siete
años cambiamos de barrio y empecé a ir a otro cole más cercano, pero siempre la
recordé; incluso fui a verla cuando yo estaba ya en el instituto. Y, por muchos
años que hayan pasado, sigue aquí, en esta cabecita mía, como lo que era, una
de las mejores maestras y personas que por mi vida han pasado. Ójala todos los
profesionales de cualquier oficio fueran como ella fue, una auténtica luchadora
a la que le entusiasmaba su profesión y que peleaba porque sus
"niños" aprendieran, ante todo, a ser buenas personas. ¡Gracias, Mª
Ángeles!
lunes, 4 de noviembre de 2013
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