Rrrrr, Rrrrrr, Rrrrrrr

martes, 19 de abril de 2011

Me las piro porque lo tengo a tiro

Hoy escribo para despedirme. Temporalmente. Estaré cinco días fuera y espero disfrutarlos por mucha lluvia que amenace incluso a Almería. No suelo salir en semana santa, porque siempre suele pasar eso: días previos magníficos, en los que el sol anima a la gente a cambiar un poco de aires, a despejarse y asolarse mientras se pueda.


Yo esta vez sí he picado. Así que tendré que dejar este inventito por unos días y cobijarme bajo un paraguas –espero que no todos los días- y pasear y disfrutar todo lo que pueda del mar.
















Os veré a mi vuelta, que será pronta, porque seguro que ni me tocará la quiniela ni me caerá una herencia multimillonaria de una tía abuela lejanísima que ni siquiera recuerdo, aunque igual le dejé tal mella que me deja todas sus pertenencias y ya me da para jubilarme estupendamente.

De la herencia ya os hablaré si eso.

Sed buenos y felices, por favor. Yo haré lo propio ;-P

jueves, 14 de abril de 2011

De "ilusión" también se vive

Observa la presentación y luego me cuentas:


Entre hermanos no debe faltar nunca la comunicación

El vídeo está dividido en dos partes. La charleta es la misma a oídos de los adultos, pero seguro que en las conversaciones de estos dos enanitos hay mucha enjundia que nosotros, justamente por ser adultos, no acertamos a entender

No desesperes si no tienes correo electrónico


En estos tiempos en que los avances nos pueden a la par que nos entretienen y nos pueden sacar de un apurillo a la hora de encontrar todo lo que busquemos, porque todo está en la red, hay correos que llegan de amigos que también pueden convencernos de que no por tener mail e internet tiene que ser todo de color de rosa.
Lógicamente, todo eso con su puntito de humor. Que no debe faltar nunca. De eso sí que no podemos prescindir.





martes, 12 de abril de 2011

Escondite inglés

Yo he jugado. Tú seguro que también. Y casi todos lo hemos hecho de pequeños. Pero que juegue al escondite inglés un gato japonés es la repanocha. Y el puñetero juega mejor que muchos humanos.
Buenísimo el vídeo.

Facilidad de convicción

El uso de la psicología inversa da sus resultados. Básicamente se trata de intentar conseguir algo de una persona, indicándole justamente que haga lo contrario a lo que deseamos. Un ejemplo de lo más claro a la par que gracioso


lunes, 11 de abril de 2011

Tomando las calles

Porque ante lo que tenemos encima y lo que vendrá, debemos hacernos oír. ¡¡¡Muévete!!!

Edificios de lo más raro

No podremos decir que todos los pisos son iguales, que los bloques de oficina se parecen mucho entre ellos, que en el mundo casi todo es igual. La de arquitectos con diferentes ideas que hay en el mundo mundial. En la variedad está el gusto. Y menos mal... :-)


jueves, 7 de abril de 2011

Como la vida misma

No digo yo que la cosa sea tan simple como aquí aparece, pero igual ayuda a tomarnos los problemas con un poquito más de filosofía y sobre todo, de humor










miércoles, 6 de abril de 2011

En mi estado puro

El tiempo corre que se las pela. Hace bien poco, o igual no tan poco, yo era pequeña. Algo mío ya conocéis los que seguís mi blog, pero en un foro al que me aficioné hace ya unos pocos años y del que me retiré cual monja de clausura por aburrimiento y después volví a retomar porque estas cosas de la red deben llevar algún tipo de enganche como si fueran una droga y ahí sigo, hay un apartadillo de fotos de la primera comunión.


Y mira tú por dónde, que yo, desmemoriada desde hace la repanocha de años, si me tiran de la lengua, largo hasta cansar al más pintao, me he puesto a rememorar tiempos de antaño, de mis perdidos siete añitos, cuando me tocó tomar la hostia aquella bendita y resulta que me acuerdo de más detalles de los que me creía capaz.

Allí, en ese foro que mencioné antes, hablé de los puñeteros tirabuzones que a mí me parecían horripilantes que me peinaron en aquella melena larga y aún medio rubia y sobre los que colocaron una corona de reina de España a la par que me calzaban un vestido de princesa blanco con florecillas en rosa claro largo hasta los pinreles y me plantaban en los susodichos unos zapatitos horteras como ellos solos, blancos también para la ocasión: la Marmopi en su pureza más absoluta.


Y entonces hoy he recordado que, dado que yo odiaba el pelo largo, pues mi querida madre no tenía otra cosa que hacer a diario que cascarme un par de trenzas que para conseguir que no estuvieran chuchurrías precisaba meterme unos tirones de pelo que pa qué las prisas, le dije al día siguiente de tomar aquella hostia y de hacer la comunión que yo quería tener el pelo de los chicos: lo más corto que se pudiera. Y así lo hizo mi madre y me llevó a que me pelaran. Y me pelaron. Y yo era la chiquilla más feliz, pues por fin me despedí de los tirones de pelos de todas las mañanas antes de ir al colegio y de verme como si fuera lela con aquellas dos trenzas feas de narices que odié de siempre aunque jamás me atreví a confesarlo.

Y como mis padres se habían gastado un ojo de la cara y parte del otro en pagar el convite por todo lo alto como si de una boda se tratase, celebrado el evento en el Paraíso, restaurante del parque del mismo nombre en mi barrio de Simancas, en el que incluso sobre la tarta, casi lo mismo, de bodorrio, había una muñequita vestida de comunión, monísima también, no pudieron pagar en aquel momento también a un fotógrafo que le hiciera a la niña las fotos de comunión como era debido, salvo unas pocas que conserva mi madre, que si un besito a ella, que si otro a mi padre, que si con los abuelos… pero pocas más, pues mi madre, días después de cortarme la melena, decidió pagar a un señor para que sacara a la criaturita, que era yo para más señas, vestidita otra vez de comunión. Pero mi pelo rapado no servía. Así que hubo que colocar a la niña de marras (otra vez yo), no sé cómo realmente, los jodidos tirabuzones que mi madre había guardado a buen recaudo en una caja. Pelos en una caja… a mí me suena fatal, pero a ella le encantaba aquello.

Y como el evento de la comunión a mí me pareció una auténtica chorrada, pues apuntaba ya maneras de no gustarme para nada la religión ni lo que ella trae y lleva, decidí muy pronto que si algún día tenía hijos no se bautizarían ni harían la comunión, salvo que ellos tuvieran claro y por convencimiento propio que quisieran hacerla. Y mis hijas han salido a sus padres en eso, afortunadamente. No tuve ni que hacerles tirabuzones, ni que comprarles una Nancy monja con su crucifijo de madera colgado al cuello, ni que machacarlas con la sesión de fotitos. Y mira, de momento no las ha castigado nadie. Ni que yo me entere.

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